
Este lunes ha muerto Majid Reza Rahnavard, el segundo preso condenado por su participación en las protestas que sacuden el país, a pesar de las críticas internacionales tras el ahorcamiento de un primer manifestante la semana pasada.
El joven ha sido ahorcado en público en la ciudad santa de Mashad (noreste) después de que fuese sentenciado a muerte por «acuchillar mortalmente a dos agentes de seguridad», según informó la agencia oficial iraní Mizan.
«La ejecución pública de un joven manifestante, 23 días después de su arresto, es otro crimen grave cometido por los líderes de la República Islámica de Irán y una escalada significativa del nivel de violencia contra las protestas», ha remarcado IHRNGO en un comunicado.
Según esta organización, la sentencia a Rahnavard se basó en confesiones forzadas después de un proceso «injusto» y un juicio calificado de «espectáculo».
Esta ONG ha apuntado que hay «miles» de detenidos en Irán, que ya otros nueve presos han sido condenados a muerte y que «docenas más» están acusados de cargos que podrían llevarlos a la horca.
El detonante de las revueltas fue la muerte de una joven kurda de 22 años tras ser detenida por no llevar bien colocado el velo. En los casi tres meses de protestas han muerto 458 personas y al menos hay 15.000 detenidos, según el último recuento de IHRNGO. El Gobierno de Teherán ha reconocido más de 200 fallecimientos.

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