
Halina Reijn trabajó durante décadas como actriz, antes de escribir y dirigir ‘Instinto’ (2019), una cara-A torturada y violenta de ‘Babygirl’, la película que acaba de presentar a Competición con Nicole Kidman, Antonio Banderas y Harris Dickinson (‘El triángulo de la tristeza’) por protagonistas. De hecho, la última vez que pisó el Lido fue acompañando como actriz a ‘El libro negro’ de Paul Verhoeven, cuyo ‘Instinto básico’ es a menudo referido como ese cine oscuro, erótico y objetivante «que ya no se hace», según el propio Banderas.
En ‘Babygirl’, la titular de la jornada, Nicole Kidman da vida a una alta ejecutiva que, aun felizmente casada con un hombre cariñoso (Banderas), reconecta con sus deseos carnales gracias a un romance con Samuel (Dickinson), el becario de su empresa. Su historia de tanteos, inmersión en el mundo kink y descubrimiento público se explica como un thriller, pero que –a pesar de todos los pesares– se siente movida por el cuidado y una inocencia algo infantil, en el mejor de los sentidos.
El affaire, definitivamente desigual en edad y posiciones de poder, pasará siempre por el consenso, por la inseguridad y por el juego, es temática e ideológicamente muy pertinente. En todo caso, su mayor acierto nace de ampararse con delicia, pero no falta de humor, en los engranajes híper elevados del melodrama de bolsillo. Devuelve a la novela rosa a las esferas de prestigio.
En la rueda de prensa, Nicole Kidman ha confesado: «La generación de Antonio y mía chocan en tantos sentidos con la de Harris y de Sophie» (Wilson, que acaba de ganar el premio a Mejor Interpretación por la Academia australiana por su papel en ‘Háblame’, también de A24). «Las mujeres no hemos tenido el espacio para explorar –ha añadido Reijn–, la brecha de orgasmos femeninos es aún enorme. Tomad nota, hombres», ha bromeado, aunque no tanto.
‘Observada’ de Alfonso Cuarón se entrega a nuestros peores prejuicios
El responsable de ‘Hijos de los hombres’ o ‘Roma’ ha presentado en el Lido su adaptación en siete episodios de la novela homónima de Renée Knight, con una Cate Blanchett volviendo a ensayar sobre la cultura de la cancelación que ya invocó en ‘Tár’. Pero si allí el monstruo fascinante acababa por caer, en ‘Observada’ la publicación de un libro que la increpa íntimamente y la destruye, será sólo el principio.
Veinte años después de una tragedia irreparable y absurda, Blanchett se desmorona bajo la zarpa de un villanesco tal Stephen Brigstocke (Kevin Kline). La serie retratará los eventos sucedidos veinte años atrás, desde un kitsch reprobable, de estética instagrammera barata y calibre romántico-musical-irónico, puesta al mismo nivel que un presente azul, mugriento y trágico. Desde el desajuste entre ambas perspectivas, nos pedirá –con un simbolismo a ratos sobrante–, que juzguemos como podamos.
Cuarón ha pedido prolongar el embargo de todas las críticas para ‘Observada’ hasta el día después del estreno en el Lido, cuando todos los episodios ya han podido verse. El gesto no es nimio: la suya es una serie algo tramposa, que señala a la camiseta para luego disparar el dedo directo a nuestra nariz. Al contrario del ir haciendo propio de las series, que «enganchan», el cineasta pide compromiso para ratificar finalmente si el camino valió la pena.
El mexicano, dos veces ganador del Oscar al Mejor Dirección, confesó en la rueda de prensa que plantearon los siete episodios de ‘Observada’, que llegará en octubre a Apple TV+, como una película muy larga: «Yo la llamo una película. Simplemente no sé cómo dirigir televisión, y probablemente en este momento de mi vida ya sea demasiado tarde para aprender a hacerlo. Abordamos el material como una película. No tuvimos ninguna conversación en la que dijéramos de hacer nada diferente. Los tres –en referencia a Emmanuel Lubezki y Bruno Delbonnel (‘La tragedia de Macbeth’), al cargo de la fotografía– nos hemos educado con las películas, con el cine. Con nuestro equipo de fotografía, hablamos siempre de la película».

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