
Cada año, miles de obras entran al dominio público al vencerse el periodo de protección de sus derechos de autor. Esta indescriptible propuesta surge a raíz de que los derechos de autor del material original de ‘Winnie the Pooh’ pasaron al dominio público, lo que permitió reinterpretar a los personajes clásicos bajo una lente completamente distinta y perturbadora.
Un año después de ‘Winnie the Pooh: Miel y sangre’, se estrena su continuación: ‘El bosque sangriento’. En la primera parte Christopher Robin se alejaba de sus amigos Winnie-the-Pooh, Piglet, Owl y Tigger para ir a la universidad. Esto puso en peligro su supervivencia y provocó que tuviesen que valerse por sí mismos durante mucho tiempo, lo que los condujo a recuperar sus raíces salvajes.
En esta secuela, en lo más profundo del Bosque de los Cien Acres crece una furia destructiva cuando ven peligrar sus vidas después de que Christopher Robin revelara su existencia. Abandonando la oscuridad en la que se resguardaba, el grupo decide llevar su lucha al pueblo de Ashdown, hogar de Christopher Robin, dejando un sangriento rastro de muerte y caos a su paso.
Personajes clásicos, relatos inéditos y combinaciones muy locas. ¿Representará esto una mina de oro para los creadores? ¿Estamos asistiendo al auge de la colaboración entre generaciones o a un declive de los valores de la propiedad intelectual, mientras el público se cansa de presenciar nuevas versiones de las mismas historias de siempre?
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