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La fiscal mantiene los dos años y medio de cárcel para Rubiales: «Fue un beso no consentido»

La fiscal ha mantenido la acusación contra Luis Rubiales al final del juicio. Antes el entrenador de la selección femenina española de fútbol Jorge Vilda ha admitido que debió hablar con Jenni Hermoso del beso y ha explicado que no lo hizo porque no quería «importunarla».

Vilda, a la salida de la AN.
Vilda, a la salida de la AN. (A. Pérez Meca | Europa Press)

La fiscal Marta Durántez ha mantenido su petición de dos años y medio de cárcel para el expresidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, al final de la vista oral en su contra, considerando que «no hay género de duda» de que «fue un beso no consentido».

Además, ha alzado la voz contra la «revictimización» de Jenni Hermoso en el juicio en que se ha visto obligada a preguntar por qué se rió tras el triunfo, y ha preguntado: «¿Es menos víctima por eso?».

«¿Hasta cuándo vamos a estar exigiendo a la víctima de una agresión sexual un comportamiento heroico? (...) ¿Qué le podemos exigir que haga? ¿Que se vaya a un rincón a llorar? ¿Que monte un espectáculo?», ha preguntado la teniente fiscal de la Audiencia Nacional en la recta final del juicio a Luis Rubiales por delitos de agresión sexual y coacciones.

La actuación de Rubiales encaja «como un guante» en un delito de agresión sexual, ha asegurado la fiscal, que ha echado mano de la jurisprudencia para intentar acreditarlo, como una sentencia que, tras condenar por este delito, dejó claro que un «beso robado» atenta contra la libertad de la mujer de decidir con quién debe besarse.

No existe un derecho de una persona a acercarse a otra y darle un beso sin su consentimiento «ni como prueba de cariño ni como muestra de afecto», ha dicho la fiscal al leer la sentencia, «muchas» de las que existen -ha recalcado-.

«No hubo consentimiento, no hubo pregunta, no hubo respuesta. Fue sorpresivo, inesperado y sin posibilidad de reacción de la víctima», ha manifestado Durántez, que ha reprobado que Rubiales sostuviese que Jenni Hermoso se fue dándole palmadas en los costados tras el beso: «¿Qué querían que hiciera? ¿Que le empujara? ¿Que le diera una patada? ¿Que le insultara? ¿Se le puede exigir esto a la víctima?».

También ha argumentado que no se necesita «ánimo libidinoso» para condenar, pues «un beso es un acto de contenido sexual».

Durántez ha denunciado con contundencia que aun en 2025 se siga revictimizando a las víctimas de agresiones sexuales y que ella misma se haya visto preguntando a Jenni Hermoso «por qué se reía, por qué lo celebró» para combatir lo que ha intentado hacerse ver en el juicio por los vídeos tras el triunfo: que estaba contenta.

«Me veo obligada a revictimizar una y otra vez a la que ya fue víctima», ha lamentado la fiscal, que se ha preguntado si las víctimas de agresión sexual «tienen que mostrar un plus»: «¿A alguien que le roban y se va luego a comer con sus amigos es menos víctima?»

La fiscal, que ha querido dejar claro desde un primer momento que nunca indujo a Jenni Hermoso a denunciar, ha aseverado que «estamos ante una simple jugadora enfrentada contra una Federación de Fútbol con un poder que ya hemos visto».

«Y con un presidente que no es que mandara mucho, es que mandaba todo», ha apuntado, y ha precisado que la pena que pide -dos años y medio- es la mínima.

Vilda: «A nadie se le encendió la luz de alarma»

Antes de dar paso a los informes de las partes, Jorge Vilda, entrenador de la selección española de fútbol cuando ocurrieron los hechos, ha declarado este miércoles en la Audiencia Nacional como acusado por un delito de coacciones a Hermoso en el juicio en el que el expresidente de la Federación está también acusado de agresión sexual por el beso a Hermoso tras la final del Mundial de 2023, y ha recordado que desde que se produjo este hecho no ha vuelto a hablar con la jugadora.

A este respecto él mismo ha recordado que, según ella ha declarado en el juicio, se ha sentido «dolida» por esa falta de comunicación con él, al que conocía desde hace 17 años, momento en el que ha lamentado que a «nadie se le encendió una luz de alarma de que algo había pasado allí fuera de lo que estaban publicando los medios».

En su declaración, Vilda ha dejado a Rubiales al margen de la decisión de hablar en el avión con el hermano de la jugadora, Rafael Hermoso, y al ser preguntado por la fiscal Marta Durántez si fue el expresidente de la Federación quien le mandó hablar con él para convencerla de grabar un vídeo junto a Rubiales para quitarle hierro al beso, ha respondido con un rotundo «en ningún caso».

Jorge Vilda ha negado tajantemente que advirtiera al hermano de la jugadora de las consecuencias negativas que podría tener para su futuro profesional si no salía en un vídeo con Luis Rubiales, desmarcándose de esta forma del delito de coacciones por el que le acusa la Fiscalía.

Porque, según él, fue a hablar con el hermano de la jugadora en el avión de vuelta por iniciativa propia al ver la «bola mediática» que se estaba creando en torno al beso, que restaba relevancia al éxito de la selección.

Lo hizo, ha recalcado, «por Jenni, por lo que podía repercutir toda esta presión mediática en Jenni», y porque creyó que todo aquello iba a «tener un impacto negativo» en las jugadoras y pensó en la manera de poder «normalizar la situación, pensando en el futuro y en la celebración y en mi selección».

Ha manifestado que el hermano de Jenni Hermoso tildó el beso de Rubiales de «anecdótico y algo sin importancia» y ha negado que le dijese que su hermana no quería saber nada. «Eso es falso».

Preocupada en el avión

Vilda ha afirmado que presenció el beso que Rubiales dio a la jugadora durante la entrega de medallas, pero ha opinado que «nadie le dio la mayor importancia», y ha negado que percibiese incomodidad en Jenni: «Hasta entonces lo que yo había percibido es alegría, celebración, jolgorio».

Más tarde, ha reconocido, sí que la vio con «cierta cara de preocupación» mirando el móvil en el avión, pero pensó que era porque no le gustaba lo que estaba leyendo en los medios sobre lo sucedido.

Pero ha asegurado que no la vio llorar ni fue consciente de que se estuviese sintiendo presionada, y que tampoco vio a Rubiales, sentado delante de él, hablar con ella en el avión.

Sí que ha admitido que en el avión «la gente de prensa estaba muy activa», y que el equipo de confianza del entonces presidente, como su jefe de gabinete o el jefe de comunicación de la Federación, tuvieron conversaciones «en torno al impacto mediático que estaba teniendo el beso» con el objetivo de «buscar un consenso», pero sin hablar de «nada específico».