La neofascista AfD, segunda pero sin opción de gobernar por ahora
La nueva Gran Coalición alemana sería un bipartito formado por la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la neofascista Alternativa para Alemania (AfD) tras las generales del domingo. Matemáticamente posible, esta opción choca en su camino con los restos del cortafuegos político que aún lo impide.

El nombre de AfD se debe a las circunstancias en las que nació en 2013. La entonces canciller, Angela Merkel, dijo que su política de rescate del euro, que venía con la subyugación de Grecia al dictado de la Unión Europea, no tenía «alternativa». Sin embargo, un puñado de catedráticos, cercanos a la CDU, pero escépticos con el rumbo de Merkel y de Bruselas, aseguró que sí la había y que era respetar los acuerdos sobre la moneda única y el mercado común.
Al no ser tomados en serio por la CDU decidieron crear la Alternativa para Alemania. Lo que no contemplaba era que personas de la ultraderecha podrían hacerse con el partido. Por eso, el servicio secreto interior espía a algunos de sus comités regionales por anticonstitucionales. Y por la misma razón algunos quieren ilegalizar a la formación.
Que en la actualidad su candidata a canciller, Alice Weidel, sea mujer, lesbiana, cuya compañera originaria de Sri Lanka vive con sus dos hijos en Suiza, es la contradicción que caracteriza a la AfD. «¡La homosexualidad no es aceptable en base a nuestra norma legal!», dice Björn Höcke, el líder del ala etnicista.
En 2024, convirtió a su comité regional en la primera fuerza de Turingia. Ha dejado su impronta en el programa electoral que define como familia el grupo compuesto solo por «padre, madre e hijos». Excluye lo que considera la «exageración transgénero», la «temprana sexualización» y una «sociedad woke». Cuando se le pregunta por la evidente homofobia de su partido, Weidel prefiere mentir.
Si la AfD la ha mantenido como candidata y copresidenta es porque atrae a un sector de votantes que elige a los ultras a pesar de su programa. Además, ha sido ella con quien tanto Elon Musk como el vicepresidente de EEUU, J.D. Vance, se han reunido. «Solo la AfD salvará a Alemania», no cesa de tuitear Musk, mientras Vance ni siquiera se encontró con el canciller en funciones, Olaf Scholz (SPD), en la reciente Conferencia de Seguridad de Munich.
He aquí otra contradicción de la AfD, que considera Alemania un país aún ocupado por EEUU debido a las bases militares que mantiene en el país. El semanario “Compact”, cercano al ala de Höcke, informa constantemente de los «crímenes de guerra» cometidos contra Alemania por los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, al tiempo que alaba a Donald Trump y a Vladimir Putin.
Desde el punto de vista propagandístico también le viene bien a la AfD seguir con Weidel para emular un eslogan nazi sin temer una condena por apología al nazismo. En alemán, «Alice» suena como alles (todo). No obstante, “Alles für Deutschland” (“Todo para Alemania”) era el lema de la milicia del partido nazi, las Secciones de Asalto. Dado que Höcke ha sido condenado por usarlo, sus seguidores vociferan ahora “Alice para Alemania”. La propia Weidel tergiversa la verdad histórica llamando «comunista» a Hitler.
«ALIANZA DE NACIONES»
Si Weidel llegara al poder tras el 23-F, reformaría la UE en una «alianza de naciones europeas». Como mucho aceptaría el euro como moneda paralela al marco alemán. Cerraría las fronteras a los extranjeros, tanto refugiados como ciudadanos de la UE cuando no tengan cualificación profesional homologable en el país. Los refugiados que llegaran serían encarcelados en «centros de retención» hasta su deportación a sus países de origen.
Distinguiría entre alemanes «de nacimiento» y «de pasaporte», es decir quienes se nacionalizaron en algún momento. Esta diferenciación, con otros términos, ya existió en el nazismo. Sería el primer paso hacia la «reemigración», la expulsión de quienes no cumplan con el concepto etnicista de la AfD, que podría afectar hasta a un 20% de la población.
En política ambiental relanzaría la energía nuclear y prolongaría la vida útil de las centrales térmicas de carbón. Si fuera por Weidel, destruiría todos los molinos eólicos, lo que no es posible, porque la Ley Fundamental protege aún la propiedad privada. Y, por supuesto, retomaría el suministro de gas ruso y acabaría con las sanciones impuestas a Rusia.
Los representantes de la Industria y Economía alemanas rechazan el programa de la AfD porque les privaría del mercado común europeo, fuente principal de sus beneficios.
Aún así, el 20% de los encuestados dice que votará a la AfD el domingo, lo que supondría duplicar el resultado de 2021.
No parece que a corto plazo la CDU quiera formar un bipartito con la AfD en Berlín. Hasta ahora, el Estado alemán ha preferido experimentar primero ejecutivos con «extremistas» a nivel regional.

El actor Sambou Diaby, expulsado de un bar de Bilbo acusado de mantero: «Aquí no puedes vender»

La exposición temprana a pantallas se relaciona con cambios cerebrales en la adolescencia

Preparándose para confirmar en las urnas la anomalía vasca

Muere un joven motorista de 24 años en un accidente de tráfico en Hernani



