Mariona Borrull
Periodista, especialista en crítica de cine / Kazetaria, zinema kritikan berezitua

‘Cambium’, de Maddi Barber y Marina Lameiro, ausculta la tala de un bosque en Punto de Vista

El tándem de cineastas navarras registra con ‘Cambium’, la continuación de ‘Paraíso’ (2021), el latido del bosque en Lakabe, en plena transformación.

Fotograma de ‘Cambium’.
Fotograma de ‘Cambium’. (PUNTO DE VISTA)

Siete años atrás, la cineasta natural de Artzibar Maddi Barber recibía el encargo del pueblo de Lakabe de documentar el proceso de transformación de su bosque. «La comunidad siempre encuentra maneras creativas de cuestionarse sus modos de vida», cuenta. «Iban a llevar a cabo un proceso de reordenación territorial que implicaba unas actuaciones un poco mayores de lo que estaban acostumbradas y me pidieron si podía documentar eso». Parte del proceso suponía preguntarse «cómo dar cuenta de esa transformación, cómo en un futuro pensarían que había sido esa tierra antes».

Barber, a quien vimos recientemente en la Semana de la Crítica de Cannes como productora de ‘Contadores’ de Irati Gorostidi (2022), se puso inmediatamente en contacto con la realizadora iruindarra Marina Lameiro, autora de ‘Young & Beautiful’ (2018) y ‘Dardara’ (2021), y habitual en Punto de Vista.

Del registro de esa tala forestal nació ‘Paraíso’, estrenado en el prestigioso FIDMarseille y la primera parte del díptico que hoy conforma ‘Cambium’ (visto internacionalmente en Visions du Réel). El mediometraje arranca tomando el pulso tanto al bosque como a sus verdugos, humanos que conocen bien la tierra, trepan por sus ramas y lo habitan portando bebés en brazos. Esta primera mitad arroja sobre el territorio formas de (re)conocimiento que desbordan el corsé de la palabra: se invoca, por ejemplo, a una médium que traduce el intercambio energético entre madera y personas, un discurso que va extrañamente a la par con las imágenes fantasmagóricas producidas por un escáner digital de partículas, o con las asociaciones libres a las que llama el juego de un grupo de criaturas por entre el bosque. «A menudo me pregunto qué es eso que llamamos ‘naturaleza’», explica Barber. «Lo vemos como algo externo, pero para mí no existe esa dicotomía entre ‘cultura’ y ‘naturaleza’. En realidad eres parte de un territorio, de un lugar».

La segunda parte del díptico, también filmada con centelleante celuloide de 16mm caducado, supone un viaje de ida y regreso a la tranquilidad del bosque, eso sí, con la tala de por medio. Barber y Lameiro documentan el paso de las máquinas cosechadoras, retratando sus fauces a una distancia ambivalente y abriendo, explicativas, caminos luminosos a la poda: madera para tallar esculturas, se nutrirá y replantará el suelo. Cierra la pieza el retrato lejano una figura que cabalga a pelo y viste pieles de oso; signo primerizo de una utopía necesaria.

Para Lameiro, Punto de Vista supone un festival de espíritu posibilista, tanto para ver cine fuera tanto de los circuitos habituales de exhibición como de representación: «Un modo de vida y una forma de acercarnos a la realidad, y de intentar recogerla poniendo también nuestro punto de vista». Sobre el festival, Barber añade qué tanto abre una vía para habitar «este mundo caótico» y «una forma de entenderlo a través del cine, una forma de seleccionar, enfocar, discernir, preguntar, pensar, de estar».

Elena Duque y Ana Comes también van de excursión

‘Cambium’ se proyectó este martes junto a los nuevos trabajos de Elena Duque y de Ana Comes, que completan el Programa 3 de la Sección Oficial. Comes, animadora argentina al frente del estudio Bicha Ánim, acompañó el estreno europeo del afablísimo registro familiar ‘Imágenes para Nina y el árbol’, sobre la relación íntima entre su hija y un árbol de su jardín. El resultado es un pedacito de Super-8 que mira para el futuro y conmueve en presente.

Duque, también programadora y crítica, presentó por su parte ‘Portales’, un catálogo vivaracho y juguetón de intervenciones sobre el curso del río Guadalete, en Cádiz. La cineasta riega el collage de energía juguetona e intención de bailar, sorprender y endulzar. Entre puntilleados acrílicos y ruiditos simpáticos, esta es la traducción perfecta de una merienda en la campiña.