
Iñigo Martínez Zatón, líder de Ezker Anitza-IU, ha escrito una dura carta de despedida en la que anuncia que da «un paso a un lado» en puertas de la 11ª Asamblea General de Ezker Anitza-IU, un tiempo que él mismo define como de «llamadas y quinielas». Asegura que es tiempo de «hacer un balance personal y colectivo» y reconoce que «estos años han sido duros, sin paños calientes».
En una carta remitida a elDiario.es, escribe que estos años han «estado marcados por tensiones internas, luchas de poder, imposiciones, deterioro de las relaciones internas y externas. Una deriva que ha hecho de nuestras organizaciones espacios cada vez más hostiles, alejados del espíritu fraterno, feminista y democrático que decimos defender. Y, a pesar de ello, decenas de militantes han y siguen dando lo mejor de cada cual en la lucha cotidiana».
Martínez hace un recorrido de su militancia política que empezó «en las calles con la lucha contra la ola privatizadora que impulsó el PP con la Ley Orgánica de Universidades, y las manifestaciones al grito de ‘No a la guerra’», entonces sobre Irak y aplicable hoy a Palestina, según apunta. Y recuerda que después llegó «el surgimiento del 15M», un «momento que muchos vivimos con esperanza y con la conciencia de que algo estaba cambiando».
Del subidón a la desilusión
Hace balance de los primeros tiempos en Ezker Batua, cuando estaba en el gobierno de Ibarretxe, el nacimiento de Ezker Anitza-IU y la irrupción de Podemos con ella «un auténtico terremoto en el tablero político», que llegó a ganar por dos veces las elecciones a Cortes en la CAV y luego obtuvo 11 escaños en el Parlamento de Gasteiz, cuando tuvo «el inmenso honor de ser uno de ellos».
Pero Iñigo Martínez Zatón explica que «lo que nació como una oportunidad para construir una alternativa sólida no tardó mucho en convertirse en una sucesión de batallas: públicas y soterradas, personales y, en raras ocasiones, políticas, sobre nombres, marcas y liderazgos de tono cuasi mesiánicos».
No se corta al decir que «Podemos actuó muchas veces a modo de propietario del espacio político de la izquierda alternativa, tratando de ocultar y ahogar la pluralidad existente. Se impusieron lecturas cortoplacistas, decisiones sin arraigo territorial, sin conexión con los movimientos sociales ni con la vida cotidiana de nuestros pueblos y barrios. Todo por un poder que, en realidad, se limitaba a una escasa representación institucional y más o menos apariciones en los medios de comunicación».
Pasos hacia el abismo
Tras apuntar que «de aquellos polvos» llega la situación actual, explica que «lo más doloroso es que, muchas veces, la energía se ha dirigido más contra el ‘enemigo interno’ que contra el adversario político real. En lugar de debatir ideas o estrategias, se ha construido desconfianza, se ha combatido a quienes discrepan, y se ha hecho del conflicto interno una forma permanente de hacer política».
Asegura en su carta que «eso nos ha debilitado como demuestra, por desgracia, la gran cantidad de personas que han abandonado el proyecto. Porque mientras nos desgastábamos entre nosotros, otras expresiones de la izquierda se fortalecían o, lo que es peor, los dos hermanos gemelos de la política vasca (PNV y PSE-EE) se apuntalaban en los gobiernos. Mientras se deterioraban nuestras relaciones internas, la ciudadanía vasca esperaba respuestas y propuestas».
«La energía se ha dirigido más contra el ‘enemigo interno’ que contra el adversario político real –señala la misiva–. En lugar de debatir ideas o estrategias, se ha construido desconfianza»
Mirando hacia dentro, Iñigo Martínez afirma que «lo hemos intentado, a fondo. Durante años he trabajado hombro con hombro con otras compañeras dentro de Ezker Anitza-IU para transformar nuestras propias dinámicas. Para que las relaciones fueran más horizontales, más fraternales, más abiertas. Por ampliar espacios y democratizar el poder, también a la interna. Para que se valorara a quien se sienta a tu lado por lo que aporta colectivamente, no por su lealtad personal».
Y escribe que «también formo parte del grupo de compañeras que nos hemos implicado en los intentos de unidad de la izquierda en Euskadi», y califica de «extremadamente duro» el proceso para las últimas autonómicas. Habla de «meses de negociaciones intensas, renuncias personales y profesionales que eran importantes para mí, y un hasta ¡otro! manifiesto que firmaron muchas personas con la esperanza de lograr una candidatura unitaria. Aquello fracasó. Y el resultado salta a la vista:el espacio político ha quedado prácticamente fuera del Parlamento Vasco, con un solo escaño».
Iñigo Martínez sostiene que «nos dedicamos por completo, con total sinceridad y un firme compromiso hacia el proyecto colectivo, con el único propósito de evitar el abismo al que nos llevaban decisiones tomadas por otros, sin considerar los intereses vascos».
«Dar un paso a un lado»
Llegado a los días previos a la 11ª Asamblea General de Ezker Anitza-IU, que tendrá lugar el 22 de junio, Iñigo Martínez, apunta que «son momentos para tomar partido, para situarse, para comprometerse». Pero afronta que «en mi caso, en esta ocasión, es también el momento de dar un paso a un lado en las tareas de dirección de Ezker Anitza-IU».
Desea que «ojalá sea para dejar espacio, para ceder el testigo a nuevas voces y energías que impulsen el proyecto en el que sigo creyendo. No en una unas siglas en concreto, sino el proyecto de una izquierda vasquista, ecologista y feminista. Un proyecto que recoja el espíritu antifascista del 36, la lucha por la democracia, el ecologismo y sindicalismo de clase, que aprenda y se empape del movimiento feminista y que ponga en marcha una alternativa completa y adaptada al presente para una Euskadi que no soporta más la política gris, por mucho que cambien de caras, del PNV».
Iñigo Martínez cree que hay un espacio político «que existe, que ha existido históricamente —en la República, en la Transición, en los años noventa—, y que volvió a cobrar fuerza con el 15M. Un espacio que hoy necesita reconstruirse desde la fraternidad y la humildad de las partes, desde la conexión con las preocupaciones actuales de la ciudadanía vasca y con mirada larga».
Concluye su escrito asegurando que «mi decisión no cambia mis coordenadas políticas: sigo creyendo y seguiré trabajando desde una izquierda que transforma, que no se conforma, que mira de frente a la gente común y construye con ella. Una izquierda fuerte y tierna. Nos seguiremos encontrando en la búsqueda de los nuevos caminos para la lucha que el camarada Luis Mari Ormazabal, a sus más de 100 años, defiende con pasión».

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