
Después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, apuntara la posibilidad de matar al líder supremo iraní, Ali Jamenei, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, se refirió ayer a Jamenei como «el Hitler moderno» y aseguró que «no debería seguir existiendo». El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, también había asegurado que matar al ayatollah Jamenei «pondría fin al conflicto».
A la vez, el mundo teme la decisión de Trump. El presidente de EEUU se dio dos semanas antes de decidir el ataque al país persa con el que lleva amagando varios días.
«No quiero siquiera hablar de esa posibilidad. Todo esto lo he oído, pero no quiero hablar de ello», afirmó el mandatario ruso, Vladimir Putin, sobre la posibilidad de matar a Jamenei. A la vez, volvió a ofrecer su mediación para lograr un alto el fuego en el que cree posible que Irán mantenga su programa nuclear.
Trump vio con buenos ojos la mediación rusa, pero pareció rechazarla en la última conversación con Putin.
El presidente ruso destacó que 250 especialistas rusos se encuentran actualmente en la central nuclear de Bushehr y que Israel acordó con el Kremlin garantizar su seguridad.
Putin aseguró que el acuerdo de asociación estratégica que firmó a principios de año con Irán no incluye un eventual apoyo militar ruso a Teherán, al contrario que el de Corea del Norte. Moscú advirtió además a Washington de las «consecuencias negativas verdaderamente impredecibles de su intervención militar. Putin sumó a su homólogo chino, Xi Jinping, a la condena de los ataques israelíes en Irán y a la reclamación de una resolución «exclusivamente a través de medios políticos y diplomáticos».
Por su parte, el viceministro iraní Exteriores, Saeed Jatibzadeh, advirtió a Washington de que «no es la guerra de EEUU», pero que si Trump decide atacar «será siempre recordado por verse arrastrado a ella. Y esto será un infierno para toda la región».
El ministro iraní de Exteriores, Abas Araqchí, se reunirá hoy en Ginebra con representantes del Estado francés, Alemania, Gran Bretaña y la UE en un intento de negociación que para Londres supondría una contradicción con autorizar a los bombarderos de EEUU el uso de la base de Diego García para atacar Irán.
Desde Irak, el ayatollah Ali Sistani, figura clave en el país y máxima autoridad religiosa para millones de chiíes en todo el mundo, denunció cualquier amenaza de atacar a altos líderes religiosos y políticos en Irán. «Un acto criminal de ese calibre (...) presagiaría graves repercusiones para toda la región, e incluso podría conducirla a una situación de descontrol y a un caos generalizado», alertó.
También Hizbulah advirtió de «graves consecuencias y una ofensa a cientos de millones de fieles».
Hospital
Las declaraciones belicistas aumentaron en Israel tras el bombardeo al hospital Soroka, en el sur del país, que dejó 71 heridos, y que provocó la acusación de « crimen de guerra» por parte del mismo régimen que ha destruido ya 36 hospitales en Gaza y ha matado a decenas de médicos.
Teherán aseguró que el ataque tenía como objetivo un cuartel de Inteligencia israelí que dijo haber destruido, y que la onda expansiva causó daños superficiales en el cercano hospital. Proyectiles iraníes también impactaron en varios distritos de Tel Aviv.
A su vez, Israel atacó varios emplazamientos del oeste de Irán donde supuestamente las fuerzas iraníes estaban reparando lanzadores de misiles y depósitos que ya habían sido atacados en días anteriores.
El Ejército israelí calcula que ha destruido unos 200 lanzamisiles iraníes, dos tercios del total de los que dispone Irán, y augura «que aún tiene más de 100». La Agencia Internacional de Energía Atómica indicó que Israel bombardeó también el reactor de agua pesada en Arak, sin que detectara efectos radiológicos.
Acusa a la AIEA
Irán acusó a la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) de actuar como parte en la guerra de Israel. «Ha traicionado el régimen de no proliferación; ha hecho de la AIEA un socio de esta guerra de agresión injusta» reprochó a su director, Rafael Grossi.
La matanza no cesa en Gaza
El Ejército israelí mató ayer al menos 84 personas, incluidas 21 que buscaban ayuda humanitaria en la continuación de una masacre ahora difuminada por la guerra con Irán. De ellas, diez personas murieron cerca de Jan Yunis, incluidas seis que esperaban ayuda en el sur de la Franja de Gaza, y otras 15 en el corredor de Netzarim, en el centro de Gaza, a donde acuden miles de personas cada día con la esperanza de recibir alimentos en las trampas creadas por el sistema de reparto israelí-estadounidense, en las que las tropas israelíes han matado ya a cerca de 400 personas. Otros 59 palestinos murieron ayer en nueve ataques israelíes en la ciudad de Gaza y en el norte del territorio asediado.
El palestino Bassam Abu Shaar relató que miles de personas se habían reunido durante la noche con la esperanza de recoger alimentos del sitio de distribución de ayuda administrado por GHF cerca de Netzarim. «Alrededor de la una de la madrugada, empezaron a dispararnos. El fuego de tanques, aviones y bombas lanzadas desde drones se intensificó» explicó. Se encontró rodeado de cuerpos de muertos y heridos.
Otros 16 palestinos, entre ellos dos niños y una mujer, murieron en un bombardeo israelí contra una vivienda en la ciudad de Yabalia, en el norte de la Franja.
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