Xole Aramendi
Erredaktorea, kulturan espezializatua

Abogan por la retroalimentación entre los ámbitos privado y público en el sector cultural

Agentes del sector privado y del público han compartido mesa en el marco de los Cursos de Verano de EHU. La necesidad de un nuevo marco legal, de condiciones laborales dignas para los artistas, de profesionalización, de contrarrestrar falsos ‘mantras’... son algunas de las cuestiones abordadas.

Imagen de la mesa redonda que ha tenido lugar en los Cursos de Verano de UPV-EHU.
Imagen de la mesa redonda que ha tenido lugar en los Cursos de Verano de UPV-EHU. (Gorka RUBIO | FOKU)

La gestión cultural vista tanto desde el ámbito privado como desde el público. Este es el eje del encuentro que ha tenido lugar este viernes en el curso de verano ‘Diálogos sobre el ecosistema cultural’ de Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU). Su objetivo es crear un mejor conocimiento sobre la gestión cultural mediante el diálogo entre los diversos agentes.

Bajo el título de ‘El diálogo entre administración y el sector cultural’, ha tenido lugar una mesa redonda en la que tomado parte Myriam Miranda, gerente de la Unión de Músicos Profesionales; Marta García, profesora de EHU; Marixi Sesma, directora, miembro de Sapere Aude Sinfonietta; Goio Uriarte, técnico de cultura en el Ayuntamiento de Hondarribia y Jokin Babaze, responsable de contratación pública en el mismo Ayuntamiento. Las ponencias que se han sucedido durante dos días se han desarrollado bajo la dirección de este último.

«La gestión cultural y la actuación administrativa en materia de cultura son dos caras de una misma moneda. Los poderes públicos deben contar con los agentes culturales para llevar a cabo sus políticas culturales; y los agentes culturales necesitan el impulso de los poderes públicos para la viabilidad de sus proyectos. Esta confluencia pone a prueba la legislación y la actuación administrativa, y su capacidad de amoldarse a un ámbito heterogéneo como es el de la cultura», han señalado los organizadores del curso.

Los dos días de debate han servido para constatar diversos hechos. Por una parte, la precariedad está muy extendida en el sector cultural. Entre la lista de deberes por hacer de cara al futuro, se puede señalar el acceso a la formación continua, una de las dificultades a los que se enfrentan los diversos agentes. Hay más. «Si queremos un ecosistema fuerte, debemos contar con el marco legal adecuado y ofrecer condiciones de trabajo dignas tanto al ámbito profesional o no profesional», ha manifestado Babaze.  

La necesidad de la descentralización y de la profesionalización del sector también han planeado en el transcurso del curso.

Interacción entre lo privado y lo público

En un acto que se ha alargado durante más de una hora, los participantes han puesto sobre la mesa sus inquietudes. Marixi Sesma ha abogado por «la retroalimentación entre el sector privado y público. Ahora cada uno va por su lado. El privado tiene que pensar como público y al revés. La línea que nos separa en vez de unirnos es la ‘fantástica’ burocracia».

Sesma ha lanzado una invitación. «Cuando algo es público pensar como privado, para que cuide más lo que hace. Y al sector privado pensar como público, para hacerlo por el bien de la comunidad y que no sea algo personal».

«Opino parecido», ha compartido Uriarte. «El problema es el ingreso de dinero y vivir de lo que quieres vivir. Tanto lo privado como lo público tienen que cuidar más a los artistas, no limitarse a decir ‘es caro’. No se contrata por un evento de 20 minutos o dos horas, pagamos una experiencia vital de muchos años de un creador que se recoge en un formato de evento que tiene una duración limitada. El artista decide qué es lo que invierte en el evento. Es importante para ambos sectores».

Ha confesado no ser «un programador al uso». «Por eso hablé en mi ponencia de ‘mercenarios de la cultura’. Son personas que no tienen pasión, lo ven como otra cosa, que no sé qué es exactamente».

Uriarte ha reconocido que el sector cultural tiene «muchos problemas» que él considera «oportunidades para ir en diferentes direcciones».

«Debemos programar espectáculo que hagan pensar, educar y hacer propuestas que hagan la vida de la gente algo mejor», ha agregado.

«Parece que desde lo privado se busca el rédito económico y programan a gente más conocida. En lo que respecta al público no tiene por qué. Creo que el equilibrio es importante. Necesitamos relación entre ambos sectores. Deberíamos buscar espacios donde nos movamos juntos en pos de nuevas cosas», ha apostillado Uriarte.

«Programar al más vulnerable»

«No me quiero meter en un jardín...», ha advertido Miranda antes de dirigirse a los programadores y técnicos de los entes público. «Tenéis que tener en cuenta criterios sobre aspectos económicos, de género, el tipo de público al que os dirigís, el estilo artístico, el público, las tendencias consumo... entiendo todo esto. Pero siempre echo de menos que en la música se programe al más vulnerable, que tenga un espacio público potente. Es una manera de catapultarlo y ayudar al que recién empieza para tener más visibilidad», ha señalado.

«Según la suerte que tengas y el tipo de música a la que te dediques, los pinitos que hagas al principio pueden catapultarte o te puedes quedar en el camino», ha afirmado. Se ha referido a ‘Katapulta’, programa de la Diputación de Gipuzkoa destinado a valores noveles. «Queda en cuatro conciertos. Entiendo que no hay presupuesto. ¿Se podrían ofrecerles ocho conciertos? El mini-éxito es como la botella de champán, enseguida desapareces del mapa», ha dicho.  

«Hace falta concienciación a la hora de diseñar partidas económicas. Si eres una institución pública predica con el ejemplo en cuanto a darle a una obra artística unas condiciones laborales dignas. Si para ello puedes organizar 30 conciertos en lugar de 50, hazlo. Que estén bien pagados y cubiertos por la Seguridad Social».

«Opino lo mismo», ha señalado Uriarte.

García ha lanzado una pregunta a los asistentes. «¿Realmente existe un ente estructuralmente privado que está trabajando en la cultura? Si no es así no estamos hablando de una empresa privada. En la medida en que se invierte dinero público debe hacer objetivos públicos. Hay que hacer una reflexión de balance y fines. En cultura más aún. ¿Cuál es el fin de la contratación? Los estudios de los que disponemos indican que el rol de la administración pública debería ser más bien orientado a no reprimir y a ser compensativo, orientado a garantizar que todas personas de la sociedad hagan efectivos sus derechos culturales y disfruten de programación».

‘Cuida esto como si fuese de todos’, es el mensaje. No, ‘cuida esto como si fuera tuyo’, es lo que debemos pedir a los agentes que trabajan en las instituciones públicas», ha subrayado.

Un mantra: «desde lo privado se gestiona mejor»

Babaze, por su parte, ha dejado claro que no acepta el mantra de que «desde lo privado se gestiona mejor». No es cierto. La gestión tampoco es más eficiente», ha señalado.

«No hay nada del ámbito cultural que no cuente con subvención pública. Nada. Incluyendo el cine, de consumo masivo por excelencia. Al menos en el modelo económico de la Unión Europea no hay un sector que no cuente con dinero público. La industria es factible gracias a las carreteras o la red de ferrocarril financiadas con dinero público. En caso contrario tampoco tendríamos alcantarillas. Sin dinero público no tenemos sociedad. Ese mantra de que ‘la cultura es viable gracias a que está subvencionada... A lo mejor la respuesta es ‘sí, y qué’. A lo mejor debe estar subvencionada».

Ha compartido la reflexión de Miranda en el sentido de que «hay que apoyar a gente en situación de precariedad». «En economía están íntimamente relacionados lo público y lo privado. El dinero fluye y la cultura es una forma de que fluya».

Uriarte ha recalcado que «el mayor contratador es lo público». Ha narrado su experiencia personal en un ente local. «El problema radica en que el presupuesto del Departamento de Cultura no está cerrado al aprobar los presupuestos generales. Lo comprometido previamente está garantizado y lo único que no está cerrado es lo que se refiere a los dineros de contrataciones culturales artísticias. Y cuando surge una crisis económica influye justo ahí. Nos enfrentamos a que en ciertas áreas económicas les dijéramos el 1 de enero cuánto gastaremos en el ejercicio. No es lo mejor, te cierras a oportunidades».

Ha ido más allá. «Una rotonda o una calle puede costar 1, 2 o 3 millones de euros y parece normal. Al hablar de cultura y al mencionar el presupuesto de concierto todo mundo se lleva las manos la cabeza. Hay un relato que dice que lo nuestro no es tan importante ni necesario. No es un servicio esencial para el Ayuntamiento. Una biblioteca sí, pero un concierto no», ha lamentado.

Y seguidamente ha puesto el foco sobre una de las cuestiones a las que se enfrenta hoy en día la cultura. «El relato que nos venden es que la cultura es igual a ocio. No es así. El ocio está bien pero cultura es otra cosa. En momentos pueden estar abrazados y goxo-goxo pero no es lo mismo».

«La cultura puede ser entretenimiento pero tenemos que ir más allá», ha asentido Sesma.

Miranda ha ahondado afirmando que «en ciertos circuitos está instaurado no pagar o no pedirle caché al agente. Está arraigado al hecho de que la cultura es parte del ocio y el entretenimiento. Hay veces que irán de la mano y veces que no. La cultura es nuestro legado, tenemos derecho a ello. Una cultura variada, inclusiva, diversa... es lo que nos define. Y claro que tiene que estar subvencionada. Si no sería cultura muy sesgada, y nos convertiría en borregos. Si solo tengo acceso a esto que me ofrecen porque el programador tiene unos intereses no alimentaré mi espíritu y mente. La cultura plural tiene obligación de tener un abanico amplio».

Asimismo, Uriarte ha mostrado su preocupación por los nuevos modos de consumo de la cultura. «La gente va a un evento, bebe algo, y no le importa ni el grupo que está en el escenario ni el diseño del concierto. Cada vez es más evidente esa forma de consumo. Gente que está hablando y no viendo la película, aunque sea su opción. Están grabando la pantalla grande donde proyectan su imagen, no a Bruce [Springsteen]. El disfrute de las artes y cultura están cambiando y ahora mismo la cuarta pared da miedo, lo quieren ver tamizado; me preocupa».