Bolivia camina hacia la derecha entre luchas fratricidas en la izquierda
Inmerso en una grave crisis, Bolivia llega a las urnas con el dilema de sacrificar los logros sociales alcanzados por el expresidente Evo Morales y decantarse por los candidatos de la derecha, que puede regresar al poder después de veinte años. El MAS concurre debilitado y con riesgo de desaparecer.

Bolivia se prepara para acudir a las urnas el domingo en unas elecciones presidenciales en las que las encuestas auguran que el país, tras dos décadas de Gobiernos de izquierda, girará a la derecha. Los candidatos de centroderecha y derecha quieren capitalizar las luchas fratricidas en el Movimiento al Socialismo (MAS) que fundó Evo Morales, quien ahora pide el voto nulo.
«Nos comprometemos a rectificar», «gobernaremos con responsabilidad e inclusión», «caminemos en paz para lograrlo». Esas fueron algunas frases que el presidente saliente, Luis Arce, pronunció el día que inauguró su mandato en el año 2020. Entre los asistentes no estaba Evo Morales, exiliado tras el golpe de Estado perpetrado por la ultraderecha, quien llegaría un día más tarde al país para saludar el triunfo de su pupilo, el hombre que le llevó la cartera económica durante gran parte de sus mandatos y su principal socio. En esa ocasión, el que portaba la banda presidencial era Arce, quien decidió no invitar al exmandatario a la toma de posesión.
La entonces ministra de Exteriores, Karen Longaric, se contradijo. Si el 28 de octubre dijo que Morales iba a tener presencia destacada en la ceremonia, a las 24 horas se retractó: «El señor Morales ha sido hostil al proceso democrático boliviano y su presencia en el país generará tensión social y política». Tampoco invitaron a Nicolás Maduro: «El Estado Plurinacional de Bolivia reconoce al Gobierno del presidente encargado Juan Guaidó como el Gobierno legítimo de Venezuela». El buque insignia del MAS escenificó así su evolución ideológica hacia una visión más moderada.
La economía, en la UCI
Cuando Arce llegó a la Casa Grande del Pueblo se encontró con un contexto distinto al de su mentor. Del estallido de precios de las materias primas se pasó a un planeta que luchaba contra la pandemia del covid-19; del bajo endeudamiento e ingresos por hidrocarburos llegó el déficit fiscal y unas divisas internacionales a la baja. Frente a la legitimidad de la que gozaba Morales, Arce tuvo que afrontar una mayor polarización.
En la ciudad de El Alto, que se funde con La Paz, la población creyó en Evo Morales y ahora señala a Luis Arce. Una ciudad que representaba un bastión del MAS y cuya situación actual es muy distinta: Evo no se presenta y Arce ya no les representa. Un ejemplo es Noel, un chico de 25 años que trabaja descargando cajas en un mercado y cuyo sueldo no llega a los 100 dólares mensuales. Votó por Evo Morales «y lo volvería a hacer», pero con Arce «ha bajado todo, ha ido a peor y no hay un buen candidato», comenta a GARA. Pocas palabras para confirmar que el MAS ha perdido a otro votante.
En la misma localidad, una larga fila de coches y camiones esperan. Al fondo, una gasolinera. En esta sí hay combustible. Pero algo rompe la esperanza. «Se acabó el diésel», dice un trabajador del área de servicio. John, que hablaba con GARA en el momento del anuncio, se resigna. Trabaja como camionero independiente y su familia depende de los portes que realice.
Pero, sin gasolina, no hay transporte posible y su trabajo diario pasa por buscar combustible para su camión. «A veces dormimos dos o tres noches haciendo fila para rellenar el depósito», comenta.
Desde el año pasado, Bolivia sufre escasez aguda de un bien que actúa como denominador común. Y ante la falta de dólares para importar, el problema persiste. John sumó hoy tres días sin encontrar la forma de llenar el depósito, es decir, «hace tres días que no puedo trabajar», afirma. «No hay político que pueda arreglar esto», asegura a los pies de un eslogan político que intenta captar su voto: «Gasolina y diésel a 5 bolivianos sin colas». Al finalizar su conversación con GARA se marcha para buscar otra estación de servicio.
La inflación interanual en el mes de julio se situó en el 25%, una situación que obliga a muchas familias a sacrificar productos básicos en la canasta familiar. La caída en la venta de gas, una producción que sigue en declive y la falta de yacimientos o prospecciones, justamente, por falta de financiación ponen el acento. En cuanto a los indicadores oficiales, tampoco ayudan: según el Fondo Monetario Internacional, el PIB real crecerá un 1,1% en 2025, con proyecciones descendentes del 0,9% para 2026. En conclusión, los analistas apuntan que la crisis económica en Bolivia es la peor en 40 años.
Ocho presidenciables
El martes por la noche era justamente el momento en que los ocho candidatos debían abordar el debate económico. Pero ante las altas expectativas, solamente tres candidatos subieron al escenario. Participaron el exministro de Gobierno y oficialista Eduardo del Castillo (MAS); Rodrigo Paz, candidato por el Partido Demócrata Cristiano (PDC); y Pavel Aracena, que representa a la alianza Libertad y Progreso-ADN. Según los sondeos, los tres verán la segunda vuelta por televisión.
Los grandes ausentes, por lo tanto, fueron aquellos que tienen más opciones de entrar en el balotaje y, en especial, Samuel Doria, el hombre al que la mayoría de los sondeos sitúan en el primer puesto. Empresario multimillonario con guiños socialdemócratas y una línea ideológica que titubea entre centro-derecha y derecha, su programa económico pasa por los tijeretazos: reducción de subsidios, reforma fiscal y cierre de empresas estatales «ineficientes». En lo social, dice no querer eliminar las redes de asistencia a la población vulnerable, pero también habla de «modernizar el Estado» o de «eficiencia».
Otro aspirante que gana enteros para participar en la segunda vuelta es Jorge Tuto Quiroga, un viejo conocido que ocupó la Presidencia de forma interina entre 2001 y 2002. De línea más conservadora y «liberal», tal como se define, su programa es drástico y recuerda a la motosierra de Javier Milei, actual mandatario argentino: Liberalización agresiva, apertura de sectores como hidrocarburos, minería o litio; austeridad fiscal y digitalización del Estado –donde en ciertas aldeas no llegó el internet– y menor énfasis en el gasto social.
Ambos, opositores tanto al «evismo» como al «arcismo», reunirían entre el 20 y el 25% de los sufragios cada uno, según los sondeos de intención de voto.

Finalmente, con un candidato oficialista por el MAS –Del Castillo– que no parece levantar pasiones entre el electorado, con el apoyo de poco más del 1% de los encuestados, y un Evo Morales sin papeleta, la carta de la izquierda se llama Andrónico Rodríguez, actual presidente del Senado. Hasta hace poco considerado sucesor de Morales, pero acusado de «traidor» tras postularse a la Presidencia del país, su figura representa otra escisión del MAS y –probablemente– la más seguida. Porque aunque las encuestas no le vaticinan su pase a la segunda vuelta, buena parte de la población rural ha sido históricamente ignorada en los sondeos. El programa de este líder cocalero sugiere una línea más moderada del MAS.
El voto nulo
Expulsado de su partido, recluido en su bastión de Cochabamba y bajo investigación judicial por trata de personas, Evo Morales disputa la contienda electoral sin aparecer en las papeletas. Y su única forma de hacerlo es animando a sus seguidores a depositar un voto nulo. «El voto nulo se convertirá en un referéndum electoral. Es la oportunidad para enfrentar electoralmente los principios que siempre defendimos», afirmó el expresidente.
Las últimas encuestas indican que esta tendencia podría resultar alrededor del 14%, el blanco alcanza 5,2% y el porcentaje de indecisos llega al 13,3%. Por lo tanto, de cara a los resultados de los comicios presidenciales del domingo, 33,1% de electores no se han decantado por un candidato. «Si el domingo el voto nulo saca 25%, Evo ganó las elecciones», aseguró Morales. Porque aunque el exmandatario no sea elegible, su campaña existe. Adriana Salvatierra, que fue presidenta del Senado en 2019, atiende a GARA desde Santa Cruz para referirse a la opción elegida por el «evismo». Según ella, «contribuye a hacer una protesta en torno al rechazo por cómo se ha llevado adelante el proceso electoral, pero también un rechazo que deslegitima todo. Para nosotros, es ilegítimo este proceso electoral».
¿Un problema de unidad?
«Arcismo» y «evismo» no se hablan. Y si la primera tendencia no levanta pasiones, la segunda no participa en estas elecciones. Andrónico Rodríguez es la tercera corriente del MAS. Pero las tres figuras políticas cabalgan en distintas direcciones. Para Salvatierra la posible caída de la izquierda en Bolivia no es cosa de unidad: «El problema es una gestión pública en nombre de la izquierda que le tocó el bolsillo a las familias bolivianas».
Para Adriana Salvatierra, el divorcio comenzó el mismo día en que Luis Arce entró a la Casa Grande del Pueblo e inició su propio camino. Porque, para ella –testigo en el conflicto en el seno del Movimiento al Socialismo–, «Luis intentó desestimar la figura de Evo desde el principio, quitándole potencia articuladora y movilizadora, y también miró con mucha soberbia las sugerencias que Evo hacía en la gestión pública. Desde el día uno, Luis se planteó como un proyecto de reemplazo de Evo. Y la historia le ha dejado bastante claro que no se trata solo de la Presidencia del país, sino del proyecto político que destruyó».
Por ello, la expresidenta del Senado concluye: «Cuando, en nombre de la izquierda, se merma el poder adquisitivo de los trabajadores; cuando, en nombre de la izquierda, se reprime y se encarcela a campesinos; cuando, en nombre de la izquierda, se utilizan sentencias para dirimir lo que se debería dirimir a través de una votación legislativa o la democracia interna de los partidos, se vacía el sentido de la izquierda».
Así, la misma Bolivia que un día votó a Evo Morales, hoy quiere explorar opciones más conservadoras.

El actor Sambou Diaby, expulsado de un bar de Bilbo acusado de mantero: «Aquí no puedes vender»

La exposición temprana a pantallas se relaciona con cambios cerebrales en la adolescencia

Preparándose para confirmar en las urnas la anomalía vasca
