
Del 14 al 17 de agosto, la República Checa albergó el Campeonato Europeo de Béisbol. Entre las jugadoras de la selección francesa, que terminó tercera, se encontraban Océane Prunier e Isaure Gourgue, dos jóvenes jugadoras del club Les Gambas de Angelu.
Pero la aventura de ambas solo fue posible gracias a su propia iniciativa y una aportación solidaria. Al carecer del apoyo de la Federación Francesa de Béisbol, tuvieron que financiar su viaje ellas mismas.
Una campaña de recaudación de fondos on line y el apoyo de su club ayudaron a financiar parte del viaje, con un presupuesto de 770 euros. «Antes de partir, teníamos claro que la selección femenina francesa partiría con un presupuesto de cero euros. Nos tocaba a nosotras encontrar patrocinadores», explica Prunier.
Gourgue cree que «es parte de la aventura». «No teníamos otra opción si queríamos vivir este maravilloso deporte», añade la jugadora de béisbol de Angelu.
Lamentablemente, esta situación no es un caso aislado. En el deporte femenino, y más aún en disciplinas menos publicitadas, las jugadoras se enfrentan a un doble reto: entrenar y rendir, y, a la vez, encontrar los medios para participar en competiciones internacionales.
«No existe un modelo económico atractivo. Algunos clubes, como el de Rouen, están aplicando unos sueldos dignos, pero salvo algunos casos muy excepcionales, dependemos de contratos subvencionados y de algunas ayudas públicas», admite Stéphane Froment, presidenta de Les Gambas de Angelu.
Para complementar esos ingresos con otros extras que les permitan competir internacionalmente, se ven obligadas a tirar de imaginación, promoviendo un torneo de sóftbol playa en julio en Angelu y una lotería. «Es lo que nos permite sobrevivir», apunta.
La aventura europea de estas dos jugadoras ilustra el espíritu de solidaridad que rodea a estas deportistas, pero también la fragilidad de un modelo económico que conviene repensar.

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