Maider Iantzi
Aktualitateko erredaktorea / Redactora de actualidad

¿Puede el teletrabajo mitigar los efectos negativos del crecimiento acelerado de las ciudades?

Con la Fundación Elhuyar como anfitriona, se han reunido en Donostia treinta investigadoras e investigadores de diez países del proyecto europeo Remaking. Han analizado las oportunidades y los retos del teletrabajo a diferentes niveles: empleadas y empleados, empresas, sociedad y medio ambiente.

Patrizia Leone, de Bologna, es co-coordinadora del proyecto Remaking.
Patrizia Leone, de Bologna, es co-coordinadora del proyecto Remaking. (Annie SPRATT | USNPLASH/EUROPA PRESS)

El teletrabajo abre muchas oportunidades. Está muy relacionado con la satisfacción personal, con la conciliación. Pero, aunque es más invisible, también se está estructurando un gran cambio a nivel de mercado laboral. No solo el sueldo, las nuevas generaciones también valoran la gestión del tiempo y la posibilidad de quedarse en su territorio. Las migraciones que se están desarrollando hacia el sur son ejemplo de ello. ¿Cómo se puede reorganizar el territorio? ¿El teletrabajo puede ser una solución ante el crecimiento irrefrenable de nuestras economías?

El objetivo del proyecto europeo Remaking, del que forma parte la Fundación Elhuyar, no es fomentar el teletrabajo, sino estudiar sus impactos y, a partir de ellos, tratar de trabajar con las políticas. «Es nuestra ambición. Nos gustaría ver esta herramienta como una oportunidad inclusiva y positiva», declara Patrizia Leone, investigadora de la Universidad de Bologna y co-coordinadora del proyecto europeo Remaking, en entrevista con NAIZ.

Su pregunta es: ¿El teletrabajo puede ser una de las políticas que ayudan a resolver o mitigar las implicaciones negativas del crecimiento acelerado de las ciudades? Accesibilidad a la vivienda, exclusión social, congestión, movilidad, desigualdad, pobreza...

Patrizia Leone, de Bologna, es co-coordinadora del proyecto Remaking. (REMAKING)

Tres niveles muy relacionados

El teletrabajo es un fenómeno que tiene muchas implicaciones. A nivel individual, puede facilitar la conciliación entre la vida laboral y familiar. A nivel productivo, es un nuevo modelo de organización que está transformando el mercado laboral, porque es una ventana para flexibilizar el trabajo y, a la vez, atraer talento de otros lugares.

Las implicaciones sociales también son importantes, ya que abre la posibilidad a una nueva organización espacial y territorial, tanto en la dimensión urbano-rural, como en la relocalización a nivel más amplio de país, tratando de descongestionar las ciudades y de repoblar las áreas internas que se están vaciando. En Italia, por ejemplo, Leone cuenta que está ocurriendo «un rebalance» entre norte y sur. Hay personas que siempre han vivido al norte por temas de trabajo que tímidamente están intentando volver al sur.

Los tres niveles están muy relacionados.

 

Si por un lado el teletrabajo es una herramienta que puede reducir las desigualdades, por otro lado puede llegar a ser una herramienta de desigualdad


La experta reivindica que el teletrabajo es «una palanca», una de las condiciones que tienen que existir, y que es imprescindible «una gobernanza y una gestión a nivel institucional». Se necesitan políticas de conectividad digital, servicios sociales, transporte, e infraestructuras socioeconómicas.

Revivir las áreas suburbanas

Leone sostiene que el teletrabajo tiene mucha potencialidad para «revivir las áreas suburbanas». En Remaking están estudiando si hay posibilidad de vivir las áreas suburbanas de forma diferente, que no sean solo dormitorios, que puedan tener una comunidad con más sentido de pertenencia, porque nos podemos quedar dos o tres días a la semana en nuestro lugar y desarrollar ahí otras actividades que no sean solo vivir y trabajar.

Si por un lado el teletrabajo es una herramienta que puede reducir las desigualdades, por otro lado puede llegar a ser una herramienta de desigualdad, porque no todos los tipos de trabajo y funciones pueden hacerse con el teletrabajo.

En el proyecto escuchan las experiencias de las y los trabajadores, porque no es lo mismo teletrabajar en una casa pequeña con tres hijos o en una casa grande con jardín. Hay muchas desigualdades raciales y de clase, incluso de género. Depende también de cuál es el desarrollo estructural del país, del pueblo y del territorio, si te provee espacios ajenos a tu casa o incentivos.

«El teletrabajo es una de las herramientas dentro de un marco o ecosistema más grande donde entran los incentivos institucionales, las políticas internas de la empresa y factores sociales, que tienen que ser regulados y gestionados».

Guerra

El proyecto Remaking está analizando cuatro casos muy interesantes por sus diferencias, porque el teletrabajo es muy heterogéneo en Europa. Por un lado, está el caso de las migraciones forzadas por choques estructurales como la guerra. «Hemos entrevistado a personas que migraron forzadamente de Ucrania a República Checa y Alemania y que gracias al teletrabajo pueden seguir contribuyendo a la economía del país sin estar en su país».

Han estudiado las diferencias que hay entre teletrabajadores alemanes o checos y ucranianos.

Nómadas digitales

Otro caso es el de los nómadas digitales. «Lo estudiamos en Grecia y Portugal, aunque se puede ampliar al sur de Europa. Este fenómeno es muy visible, porque hay colonias de trabajadores autónomos que viajan con su mochila y su ordenador y que hacen trabajos culturales y creativos. Vienen al sur con un potencial adquisitivo y gozan de condiciones meteorológicas más favorables que en sus países, además de la comida y de la cultura».

La isla de Madeira, por ejemplo, está totalmente reorganizada para los trabajadores digitales, con servicios que favorecen su entrada. De la misma manera, Las Islas Canarias se están organizando para acoger estos flujos que traen dinero. Es un movimiento que está facilitado por los países.

En Remaking analizan la relación entre la comunidad acogedora y las nuevas comunidades, porque, por supuesto, estas tienen un impacto en la sociedad: la subida del precio de la vivienda y la inflación. Se asocia al turismo, que es muy significativo en estos países.

Italia e Irlanda

Los otros dos casos son Italia (Bologna y Milán), con las y los trabajadores de la post-pandemia, e Irlanda, con su alto nivel de digitalización, cuna de empresas digitales como Airbnb, Uber y Booking, que han reorganizado nuestra vida.

En Italia el objetivo es averiguar qué efecto está teniendo el teletrabajo en el estilo de vida y en la organización de la producción y ver la potencialidad que tiene en la reorganización territorial.

El teletrabajo ofrece ventajas para las empresas en términos de costes, descentralización y atraer talentos. Promover una circulación de conocimientos, crear más innovación. En el caso de Dublín estudian un poco eso.

Entre 35 y 54 años de edad

Han hecho 14.000 entrevistas a personas que teletrabajan en seis países de la Unión Europea. Llama la atención que el núcleo del teletrabajo tiene entre 35 y 54 años. Las más jóvenes siguen más atadas a la oficina.

«El teletrabajo se ve como una concesión por el lado de la empresa que se puede dar cuando ya hay una experiencia y confianza con la persona. Por eso llega un poco más tarde. Aún así, en las entrevistas de trabajo, además del sueldo, se pregunta cuántos días se pueden teletrabajar a la semana. Por el lado de la empresa todavía hay una falta de confianza cuando se teletrabaja. Los resultados dicen que no hay una bajada de productividad, pero sí hay un tema de organización laboral. Además, la innovación no está favorecida por el aislamiento social», indica Patrizia Leone.

Trabajo híbrido

«Otro dato importante es que si bien los estudios europeos dicen que somos el 20% quienes teletrabajamos, entre los trabajadores entrevistados por nosotros son casi el 40%. El teletrabajo que se realiza el 100% de la jornada laboral es un fenómeno marginal con respecto al trabajo híbrido. Lo que está entrando normalmente es el trabajo híbrido. Habitualmente son dos días a la semana en casa y tres días en la oficina. En líneas generales, aparentemente no hay diferencia entre los géneros, aunque habría que estudiar de manera más específica a nivel de rentas y categorías».  

 

«La reorganización temporal del día y la semana es un tema muy sentido. Evitar la congestión, caminar, ir en bicicleta, disfrutar más de la propia comunidad»


Tampoco ha cambiado la suma de las horas laborales, que está en 40 horas semanales. Las mujeres acceden más al trabajo parcial por el tema de la desproporción en el trabajo de cuidado.

Motivaciones

Los nómadas digitales tienen sus motivaciones específicas, pero en el teletrabajo general han visto que la conciliación es muy importante, así como moverse menos, ahorrar horas de transporte para dedicarlas a otras actividades. «Cuando yo hago mi trabajo desde casa, esas horas que hubiese invertido en el transporte, que pueden ser una, dos o tres horas por día, las puedo dedicar al deporte, a quedarme más tranquila con el trabajo de cuidado, a participar más en la vida social y escolar. La reorganización temporal del día y la semana es un tema muy sentido. Evitar la congestión, caminar, ir en bicicleta, disfrutar más de la propia comunidad».

Por otro lado, a las y los trabajadores «les gusta el patrón dos días-tres días. El teletrabajo al cien por cien es otra historia. Valoran seguir teniendo contacto con colegas y el lugar del trabajo, pero a la vez gozan mucho al ahorrar tiempo y tener pautas más relajadas, menos frenéticas».

A la vez, el teletrabajo brinda flexibilidad y autonomía para organizar tu propio tiempo y trabajo. Esto está muy relacionado con la satisfacción laboral. «Esto está muy bien para las que pueden y tienen estas herramientas de poder organizarse; no todas las empresas ni trabajadores pueden».

 

El teletrabajo puede fomentar la precarización, porque la representación de las y los trabajadores es más compleja sin trabajar en un lugar reconocido


Excepto en los casos de las guerras y la pandemia, el teletrabajo es algo voluntario. Es más: es una reivindicación de los sindicatos a las empresas.

La cultura empresarial es un factor clave. «Si bien muchos lo ven como una concesión, debería ser considerado también como una oportunidad. Después de la pandemia hubo una vuelta a la oficina por parte de grandes empresas, un miedo a la falta de productividad. El teletrabajo depende mucho de la gobernanza, si es una gobernanza inclusiva que quiere trabajar este tema».

Iniciativas políticas del futuro

Las políticas sobre teletrabajo son muy diferentes en Europa y se está luchando para tener un marco. Hay acercamientos diferentes. Por ejemplo, «en España y Portugal hay una regulación más estatal. En Bélgica, Luxenburgo y Francia hay una regulación de contratación colectiva entre sindicatos y empresas. En los países del norte no hay políticas importantes que vienen del estado. Es más un tema de diálogo social».

Remaking recomienda una armonización de las políticas en Europa, así como herramientas y medidas para favorecer y compensar los costes de los trabajadores. Políticas para crear un mercado común de las capacidades a nivel europeo para atraer talentos y competencias. Regular también el tema de los nómadas digitales. Evaluar la productividad, regular las desigualdades, promover la flexibilidad y el derecho a la desconexión.

 

«Yo puedo ofrecer una sala para un trabajador de otra empresa, pero que le viene más cómodo estar allí. Se pueden establecer redes para utilizar menos el auto y congestionar menos la ciudad»


El teletrabajo puede fomentar la precarización, porque la representación de las y los trabajadores es más compleja sin trabajar en un lugar reconocido. Hay riesgo de que se rompan los lazos entre los trabajadores y que no se vean como un sujeto político. Hay un tema de relaciones industriales, del poder de los trabajadores frente a la empresa mediante sindicatos. En el caso de los nómadas digitales hay, además, riesgos territoriales, conflictos sociales, subida de precios, dispersión de la fuerza laboral.

Continuación

«Estamos terminando el estudio de los casos. Ahora vamos a hacer preguntas específicas para ver las diferencias entre territorios. Hemos hecho algunas proyecciones de lo que puede llegar a ser el fenómeno. Vamos a juntar todos esos resultados en un macro análisis. La última parte está dedicada a la implementación de estos resultados. Vamos a trabajar con los agentes políticos para poder ponerlos en práctica y recibir comentarios y experiencias. Estamos trabajando con los espacios coworking, con actores locales e institucionales y con empresas en distintos países», cuenta Leone.

La Universidad de Bologna tenía antes del proyecto Remaking una red entre empresas e instituciones que aplican el teletrabajo. Se juntan en grupos de trabajo para intercambiar experiencias y políticas. «Están dentro de nuestro proyecto y van a tratar de implementar un proyecto piloto a partir de nuestros resultados para ver cómo se puede cambiar la movilidad. Por ejemplo, yo puedo ofrecer una sala para un trabajador de otra empresa, pero que le viene más cómodo estar allí. Se pueden establecer redes para utilizar menos el auto y congestionar menos la ciudad».

También están trabajando en un libro que quieren publicar en 2026. Hablará sobre las implicaciones del teletrabajo en Europa, EEUU y China.