«Pocas emisoras se atreverían a poner un espacio como ‘Carne Cruda’»
Encabeza el reconocido podcast ‘Carne Cruda’, en la autodenominada República Independiente de la Radio. Defensor del trabajo en equipo y de la independencia periodística, ha dirigido la reciente serie ‘Nacional II: la ruta del exilio’. Cuenta también con trabajos de poesía y novela.
El programa radiofónico ‘Carne Cruda’ está ligado desde su nacimiento a Javier Gallego Garrido (Madrid, 1975). La iniciativa nació en 2009 en la pública Radio 3 y fue cesada con la llegada del gobierno del PP de Mariano Rajoy. Recibió el Premio Ondas 2012 y fue rehabilitada en la Cadena SER, donde también acabó mal. En 2014 se convirtió en la República Independiente de la Radio como espacio autónomo y hoy es una productora con diez personas empleadas. Javier ‘Crudo’ defiende su existencia y praxis como lucha contra la desinformación y el periodismo servil con el poder.
Se dice que ‘Carne Cruda’ se quedó sin radio y se convirtió en emisora, se quedó sin techo y emite en un local propio a pie de calle.
Cierto y bonito. Es el colofón de un proyecto comunitario. Sobrevivió por la audiencia que nos cobijó en una casa virtual que se convirtió en real.
¿Por qué no cabía en RNE?
Hay que preguntárselo a los gestores de las radios públicas. Cuando llegó al gobierno el PP en diciembre de 2011 decidió utilizar los medios como altavoces propios y les parecía inadecuada la línea editorial del programa, crítica con el poder, hasta ese momento con la gestión del PSOE. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero estableció un cierto sistema de independencia que el de Rajoy cambió. Hice un editorial muy crítico que fue destacado en medios de derechas y firmé mi sentencia de muerte. El programa tenía el espíritu contestatario que debe tener un espacio público que se llama joven: ser contra informativo y contracultural. Y tuvo éxito.
«Dependemos de una audiencia que espera que seamos críticos y autocensurarnos faltaría al compromiso con quien nos mantiene»
¿Volvería a la radio pública?
No. Lo que hemos conseguido es un éxito de la ciudadanía movilizada y organizada y puede ser ejemplo para muchos proyectos que existen de auto organización al margen de los sistemas hegemónicos de información y comunicación. Teníamos la vocación de dar voz a proyectos auto gestionados, a culturas libertarias y nos hemos convertido en lo que predicábamos.
La cadena SER lo recuperó en 2012, pero fue relegado a la página web y después desprogramado. ¿Demasiado crudo también para la radio privada progresista?
También era poco cocinado para la principal emisora privada de izquierdas, podríamos decir. Era un momento de cambio político-social, el régimen del 78 y la cultura de la transición se pusieron en cuestión por la crisis financiera, devastadora para gran parte de la sociedad. Una crisis de las instituciones, representadas también por medios como la SER, que son parte del sistema. Ese periodismo había olvidado su papel de auditor del poder, ocultando grietas y fisuras del sistema, y mucha gente lo señaló como cómplice. Nuestro espacio no podía formar parte de esa estructura, no tenía cabida. Las circunstancias han cambiado, pero pocas emisoras se atreverían a poner hoy un producto como ‘Carne Cruda’ por su visión crítica. Aunque no somos un programa tan radical. Hay gente más subversiva e incendiaria, pero no entramos en los códigos de los medios más convencionales.
Subrayan que desde 2013 es la primera emisora pagada en crowdfunding.
Tenemos un sistema de pago abierto y anárquico y el 75% de los ingresos viene del diez-doce por cien de la audiencia que colabora, cifra normal en muchos proyectos colaborativos. Pero no paga para tener exclusivas como socios sino para que el programa se pueda escuchar. El resto de financiación proviene de la productora que hemos creado para realizar otros proyectos.
¿Cuál fue el mayor cambio cuando el programa se independizó?
Hubo un cambio radical porque tanto en medios públicos como privados en algún momento recibes indicaciones o presiones de partidos políticos o anunciantes, e incluso de la Casa Real.
¿No hay protección para la libertad de expresión en un medio masivo?
Encontré protección en la entonces directora de Radio 3 y la dirección de RNE en general. Pero cuando entró el PP nos echaron. En el caso de la SER las presiones fueron constantes. En esos ámbitos hay buenos periodistas que reciben indicaciones habituales para ocultar cosas, cambiar titulares o enfoques… ‘Carne Cruda’ está hoy al margen de esa lógica: nadie llama para que cambiemos nada. Cuando vienen políticos puede que sus jefes de prensa se molesten de que apretamos demasiado, pero forma parte de nuestro trabajo. Somos la primera república independiente de este país desde que destruyeron la última.
¿Su programa no tiene autocensura?
No debería, no hay razón. Suele deberse a las presiones de los responsables del medio y al miedo a perder el trabajo. Nosotros dependemos de una audiencia que espera que seamos críticos. Autocensurarnos faltaría al compromiso con quien nos financia y mantiene. Puede haber desacuerdos con la línea editorial o partes de un programa, pero existe diálogo y debate con la audiencia.
¿Esa actitud tiene que ver con que la mayoría del equipo sean mujeres?
Un proyecto así necesita que todas las partes piensen en el todo y las mujeres son las mejores aliadas, porque trabajan solidariamente para que sea un ámbito de responsabilidad compartida. Desde el feminismo lideran un cambio social y de conciencia del que el programa tiene que estar al tanto e intentar ser portavoz. Esas compañeras me están enseñando a aprender en directo.
¿Aspiran a salir de los márgenes y la periferia y ganar apoyo más amplio?
Gran pregunta. Me apena a veces estar en los márgenes y tener menos repercusión e incidencia política. Ojalá tuviéramos más audiencia y marcáramos agenda. Nuestra única herramienta es trabajar con el mayor rigor posible y realizar un producto competitivo con los otros medios, pero con mucha menos capacidad material. Hacemos una selección de analistas y expertos para los programas y creo que somos un referente para mucha gente, no solo de izquierdas, por rigurosos y profesionales.
La explosión digital pareció favorecer un periodismo más autónomo y libre, pero rezuma degradación informativa.
Estamos en un contexto informativo tóxico, dominado y controlado por seudo medios y plataformas que se nutren de la infección informativa. Es difícil hacerse ver y mantenerse a flote en un ecosistema tan contaminado. Hay que hacer buen trabajo periodístico y confiar en la inteligencia de mucha gente deseosa de recibir información contrastada, veraz y plural que busca precisamente fuentes que les den más contexto sobre una realidad compleja y plural.
«Las mujeres son las mejores aliadas porque trabajan solidariamente para que el proyecto sea un ámbito de responsabilidad compartida»
¿Tienen un cordón sanitario moral o ideológico?
Lo tenemos para quien no respete los derechos humanos, la igualdad, la justicia social o la democracia plena. Para quien ponga en duda la violencia machista o el cambio climático. O que promulgue persecuciones y mordazas. Somos radicalmente democráticos porque en este país estamos lejos de ser una verdadera democracia. Intentamos acoger posiciones de centro y centro-derecha, pero ni permitimos ni respetamos ultraderechas o populismos reaccionarios que atacan derechos de la gente vulnerable o de las mujeres y pretenden llevarnos a regímenes autoritarios de cualquier tipo. No podemos ser tolerantes con quienes practican la intolerancia. El periodismo no es objetivo y no debe ser neutral y callar ante el vulnerable.
La última novedad ‘cruda’ es ‘Nacional II: la ruta del exilio’, de cinco capítulos, que conecta el exilio republicano de 1939 con el actual exilio palestino.
Hay muchas historias de la memoria de este país desconocidas o que no se han contado bien. Una de ellas es el exilio al final de la Guerra Civil, esas semanas en las que medio millón de personas huyó, perseguidas por las tropas vencedoras. Figueras, el Gernika catalán, fue bombardeada diecisiete veces. Lo queríamos contar en el cincuenta aniversario de la muerte del dictador y lo unimos al actual exilio palestino porque hay muchos paralelismos.

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