Beñat Zaldua
Iritzia saileko arduraduna / Coordinador de la sección de opinión

Stop Fosilak nace para impulsar las renovables y el decrecimiento: «Necesitamos ambas»

Un destacado grupo de activistas climáticos e investigadores académicos impulsa Stop Fosilak, colectivo que nace con un manifiesto contundente «a favor de una transición energética justa y rápida». Subrayan la urgencia de desfosilizar la economía de Euskal Herria –una «petronación»–.

Gorka Laurnaga y Lorea Flores, con el manifiesto de Stop Fosilak en la mano.
Gorka Laurnaga y Lorea Flores, con el manifiesto de Stop Fosilak en la mano. (STOP FOSILAK)

Hoy, 28 de enero, se celebra el Día Mundial de la Acción contra el Calentamiento de la Tierra, una jornada que un grupo de activistas climáticos, investigadores académicos y otros perfiles preocupados por la emergencia climática ha aprovechado para presentar Stop Fosilak. El manifiesto fundacional deja claro desde el subtítulo cuál es el afán que mueve al grupo y el debate que vienen a plantear: «De los fósiles a las renovables. Manifiesto a favor de una transición energética justa y rápida».

Entre los firmantes hay figuras relevantes de ámbitos como la academia, el activismo climático y ecologista o la agroecología, entre otros. Están Gorka Laurnaga, Lorea Flores, Markel Peñalba, Aiora Zabala, Arturo Elosegi, Unzalu Salterain, Ester Galende, Joxerra Aihartza, Elise Dilet y Yaguta El-Mokhtar Moulay, por ejemplo. La lista que puede consultarse en stopfosilak.eus.

Crisis climática global y dependencia vasca

El punto de partida es doble. Por un lado, el contexto global: «Una crisis ecológica que amenaza la sostenibilidad de la vida». El manifiesto recuerda que, de seguir por la senda actual, el cambio climático podría convertirse «en la principal causa de pérdida de biodiversidad del mundo», las tierras agrícolas productivas podrían reducirse en un 30% y, «1.200 millones de personas podrían convertirse en refugiados climáticos para 2050».

La principal causa material de este desaguisado es la quema masiva de los combustibles fósiles.

Medio siglo después del «no» a la central nuclear de Lemoiz, el 80% del consumo total energético de Euskal Herria procede de combustibles fósiles que aceleran la crisis climática y generan una dependencia incompatible con la soberanía.

En este panorama se enmarca el contexto local de Euskal Herria, un país que el manifiesto califica, sin espacio para la autocomplacencia, de «petronación». «Desde que hace más de 50 años le dijéramos ‘no’ a la central de Lemoiz, los combustibles fósiles no han dejado de sostener nuestra vida diaria», apuntan. Los datos son demoledores: «Más del 80% de nuestro consumo energético total procede de combustibles fósiles, y solo el 27% de la electricidad que consumimos en Euskal Herria se genera a partir de energías renovables situadas en nuestro territorio».

Hay más: «Tenemos un consumo de 40 MWh por persona y año, el doble de la media mundial», lo que se traduce en unas emisiones de 8,75 toneladas por habitante, un 75% más que la media mundial. Euskal Herria es tan víctima como responsable del cambio climático.

Además, el manifiesto subraya los peligros de la dependencia respecto a combustibles fósiles contaminantes y foráneos: «Están en manos del gran capital y centralizados en unos pocos países», señalan, añadiendo que esta dependencia sitúa a Euskal Herria «en una posición muy vulnerable ante la inestabilidad geopolítica y las tensiones entre los grandes bloques económicos».

Renovables, parte de nuestro paisaje

El diagnóstico no es, por lo tanto, halagador. Ante él, desde Stop Fosilak plantean la urgencia de una transición «justa y rápida».

Justa, porque debe garantizar un bienestar sostenible, aumentar la soberanía y promover un modelo público y comunitario. Rápida, porque el cronómetro está en marcha y la urgencia aprieta: «Tenemos que ajustarnos al plazo y al ritmo del Acuerdo de París».

Aquí es donde Stop Fosilak viene a sacudir el debate, con un planteamiento que apuesta por elevar la complejidad de la discusión pública y huir del presunto dilema entre decrecimiento y energías renovables: «Necesitamos ambas y al mismo tiempo: reducir el consumo energético y desplegar las energías renovables».

El manifiesto recuerda que, según las investigaciones, «cubrir los tejados con paneles fotovoltaicos no es suficiente» para cubrir todo nuestro consumo eléctrico, que crecerá a medida que avance la electrificación necesaria también para reducir el consumo de fósiles. De modo que resultan necesarias otras escalas: «Si queremos abastecer con energías renovables a los centros urbanos, la industria o las infraestructuras y servicios básicos, los parques eólicos y fotovoltaicos deberán ser parte de nuestro paisaje».

El texto concluye fijando las coordenadas en las que Stop Fosilak sitúa el debate: «Debemos tomar el timón de la energía y responder con urgencia a las preguntas ‘¿cuánto?, ¿dónde?, y ¿cómo?’, y promover una transición justa y rápida hacia las energías renovables guiada por las administraciones públicas y atendiendo al interés general».