Fracasa la táctica de Génova: Vox captura al PP, tal como quiere Sánchez
La extrema derecha dobla sus resultados y los ‘populares’ pierden votos y escaños. El PSOE cae a suelos históricos. Las estrategias para las generales asfixian a las filiales regionales. El soberanismo se consolida como refugio. La izquierda confederal sigue sin tomar nota.

Los resultados de Aragón han sido casi calcados a las predicciones, aunque un poco peor para el PP. El PSOE se ha desplomado a su suelo histórico en esa comunidad autónoma, Vox ha casi duplicado sus votos, al igual que la soberanista Chunta. La fragmentación castiga a la izquierda confederal, que sigue esclava de sus pleitos en Madrid.
La participación ha mejorado un punto con respecto a 2023 y sigue otro punto por debajo de 2019. Sin cambios en ese horizonte que puedan justificar el batacazo socialista, que empata en escaños su debacle de 2015 (18), aunque tiene tres puntos más que en aquella oportunidad.
El mapa que han dibujado los 663.000 aragoneses que acudieron a las urnas es simple. Solo hay tres opciones posibles para pactar una investidura: PP con Vox, PP con PSOE, o PSOE con Vox y Chunta. Siendo la tercera un realismo mágico, y la segunda muy improbable debido a las cuitas en Madrid, todo se encamina a una negociación dura entre las derechas, con cuestiones inasumibles sobre la mesa y la amenaza de una repetición electoral. Tal como era el anhelo de Pedro Sánchez.
Da la impresión, tras los comicios en Extremadura y los de este domingo, y lo que ya se vislumbra que serán los de Castilla y León, que los partidos de extensión estatal tienen asfixiadas a sus filiales regionales. La estrategia diseñada para la disputa en las próximas generales es un corsé para las baronías.
Génova pidió a los gobiernos autonómicos que exhiban «coherencia» y convoquen elecciones anticipadas allí donde la ultraderecha se negaba a pactar presupuestos, según han confirmado delante y fuera de micrófono desde la cúpula del partido. Era el camino para establecer una hoja de ruta de desgaste para Moncloa ya que, por las comunidades de las que se trata, las derrotas del PSOE estaban y están casi aseguradas (queda Andalucía a mitad de año).
Los partidos de extensión estatal tienen asfixiadas a sus filiales regionales. La estrategia diseñada para la disputa en las próximas generales es un corsé para las baronías.
Un vía crucis para Sánchez... pero también para los barones territoriales que ven a un Vox crecido que los captura. Y que además les retrata que ganan perdiendo: tanto la presidenta extremeña, María Guardiola, como el aragonés, Jorge Azcón, han visto bajar sus votos absolutos (y en el caso del segundo, perdido incluso dos escaños). Con el partido de Abascal en auge, lo que demandarán para investir será más difícil.
Los socialistas no quieren perder y preferirían ganar, es obvio. Pero dentro del escenario negativo, Ferraz quiere agudizar las contradicciones de Feijóo con Abascal pensando en el retrato que le sirva a él, como en 2023. Un Vox que tenga de rehén al PP y lo haga abdicar de algunos principios beneficia a Sánchez, que parece estar pensando al largo plazo al entregar a piezas de su confianza a una derrota asegurada (como son Pilar Alegría, Óscar López y especialmente María Jesús Montero). ¿Pensando en que esos barones se asienten para que estén cuando haya intento de relevarlo? Quizás.
Mientras el PSOE sufre, la izquierda confederal se desangra por sus desacuerdos, que vienen también desde Madrid en mayor medida. La imposibilidad de sentarse en una mesa a acordar sin vetos y con generosidad tiene más que ver con el conflicto de liderazgo en el plano estatal que con divergencias en los territorios. Podemos veta a Movimiento Sumar, IU quiere liderar la reconstrucción del espacio y los soberanismos no quieren entrar en ese fango. Las conversaciones entre las partes fracasaron en Aragón y Podemos quedó fuera de las Cortes e Izquierda Unida solo tuvo un escaño.
En esa mesa estuvo la Chunta Aragonesista que, finalmente, al acudir en papeleta solitaria, se ha beneficiado: ha doblado escaños y votantes (de tres a seis y de 34.000 a 64.000 mil). Ha tenido el candidato a presidente más joven de la historia, Jorge Pueyo, que trazó un discurso de país, propositivo y con mucha interpelación a los más jóvenes (aunque sigue teniendo como talón de Aquiles a Teruel). Su éxito consolida una tendencia: frente a la riña y caos de la izquierda confederal, el votante busca el refugio territorial, formaciones con raigambre y muchos años de calado.
¿Y la extrema derecha? Crece como en todos los territorios a base de tres pilares: quedarse con votantes del PP y, en menor medida, del PSOE; lograrlo gracias a gente que decidía abstención y ahora elige sufragar, y engordada por los nuevos votantes (es primera fuerza entre los más jóvenes y segunda fuerza en hombres menores de 55). Vox canaliza el enfado, da respuestas populistas y básicas a un tiempo histórico signado por el caos y, algo que en muchas tertulias tradicionales suele olvidarse: su paradigma cuenta con el tobogán de las grandes plataformas tecnológicas, en donde las visiones de izquierda son minoría.
En Génova aún no asumen que Vox no ha venido a ser su muleta ni buen acompañante. Eso fue Ciudadanos, que funcionaba más parecido a una SRL impulsada por el palco del Bernabeu que a una fuerza política. Vox ha venido a sustituirles
Pero no todo es una debacle. El voto sumado en Aragón de la Chunta, IU, Podemos y Teruel Existe (partidos antifascistas y que han pactado con el PSOE la investidura de Sánchez) es de 17,2 %, muy cerca de los 17,9 % de Vox. Si hubiera habido un frente amplio, la foto y debate del día después sería distinta.
De hecho, separados en bloques, el PP, Vox y el partido de Alvise (que por poco quedó fuera de las Cortes) han obtenido el 56,9 % de los votos, lo que no representa una paliza para el otro bloque, pero sí debería ser un llamado de atención. El mismo que muchos están esperando que se haga presente en Génova, para que entiendan allí que Vox no ha venido a ser su muleta ni buen acompañante. Eso fue Ciudadanos, que funcionaba más parecido a una SRL impulsada por el palco del Bernabeu que a una fuerza política. Vox ha venido a sustituirles y a seguir el ejemplo del lepenismo y de Fratelli d’Italia, que son formaciones dominantes en el espectro conservador, dejando a la centroderecha clásica en los márgenes.
Entender que la verdadera teoría del reemplazo es la de la extrema derecha para con ellos haría que modifiquen algunas tácticas trumpistas que el PP nacional imita (y mal). Los tonos de otras filiales periféricas en donde Vox crece menos, como los PP de Galiza y Canarias, resisten frente a la cacofonía madrileña.
Quien no ha resistido es el Partido Aragonesista, una especie de Convergència regionalista y menos identitaria que por primera vez en su historia se queda fuera de las Cortes, obteniendo menos votos que los de Alvise Pérez. Su acercamiento con Azcón y su desmarque no suficientemente contundente de Vox le pasa factura. Algo similar a lo que le ocurrió al PI de Mallorca. No son tiempos para medias tintas.
El día después
Este lunes, Vox ya ha anunciado que no va a ser un convidado de piedra en el próximo Ejecutivo aragonés y su portavoz estatal, José Antonio Fúster, ha advertido: «Por supuesto que queremos gobernar, queremos gobierno, con estructura y presupuestos para poder hacer políticas y no solo para figurar».
Por su parte, Feijóo ha reunido a la Junta Directiva Nacional del PP, con Azcón y todos los barones territoriales y líderes parlamentarios. Allí ha dicho que el mensaje claro es que «Sánchez debe irse» y se ha preguntado «cuántos tortazos más como estos debe recibir» para disolver el Congreso. Con alevosía ha recalcado la derrota del PSOE («ya no compite con nosotros sino por no quedar tercero») y ha relativizado la pérdida de votos: «Hoy oiremos muchas cosas, como que el que ganó no ganó tanto y que el que perdió lo hizo poco».
También ha tenido un mensaje al partido de Abascal: «Quiero dirigirme a Vox con una sola palabra: responsabilidad. No repitamos los errores de 2023. Respetamos a sus votantes pero pido respeto a los nuestros, que son la mayoría. No confundan un buen resultado con ser primeros siendo terceros. No nos vamos a poner de acuerdo en todo. No se puede frustrar a la gente, Vox no puede convertirse en un muro, porque los españoles no han votado eso y porque yo no soy Sánchez. Aquí se convence, no se impone. Y se gobierna para todos, también para los que no nos han votado». En Génova esperan unas negociaciones lacónicas y, para más inri, con la campaña de Castilla y León en el medio.
Aragón es el Ohio español, dicen muchos analistas, que parecen olvidar que en las estatales votan también vascos y catalanes, lo que ya ha resultado determinante antes
La pregunta que surge con esta aritmética parlamentaria es doble. Si el PP ni PSOE quieren gobernar con Vox, con una izquierda confederal fragmentada, solo queda la opción del pacto bipartidista, y que hablen entre sí, al estilo alemán. Y por otro lado, la caída del PSOE es tal que no es irracional preguntarse si el mantra del miedo a la ultraderecha ya no ha dejado de funcionar.
Aragón es el Ohio español, dicen muchos analistas. Sí, la tendencia suele ser que en las generales, como vota Aragón suele ser como votan en el Estado español. Pero en unas autonómicas no es homologable. Y también ese axioma queda más oxidado porque el hecho diferencial en las generales últimas, y según muestran las encuestas así lo seguirá siendo, son que en esa ocasión votan vascos y catalanes.

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