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Cambio de rumbo en el banquillo del Alavés en plena pelea por la permanencia

Tras la marcha de Coudet y la llegada de Sánchez Flores, el Alavés encara su visita al Valencia (mañana, a las 21.00) con doce jornadas por delante, buscando consolidar la permanencia y dar estabilidad al proyecto.

Sánchez Flores dirigió un entrenamiento desde las alturas.
Sánchez Flores dirigió un entrenamiento desde las alturas. (@ALAVES)

El Deportivo Alavés llega a Mestalla con la temporada entrando en su tramo decisivo. Tras la marcha de Eduardo “Chacho” Coudet a River Plate y la posterior llegada de Quique Sánchez Flores, el equipo gasteiztarra encara las doce últimas jornadas con la permanencia como objetivo central y la necesidad de consolidar la identidad que se ha ido construyendo desde diciembre de 2024.

Coudet dirigió al Alavés en 55 partidos oficiales, entre Liga y Copa, desde su llegada a mediados de diciembre de 2024. Su etapa dejó un equipo que, pese a moverse en la zona media-baja de la tabla, logró mantener una línea competitiva constante, aunque la temporada nunca se alejó del riesgo de complicaciones en la lucha por no descender.

Sánchez Flores, que tomó las riendas tras la partida del argentino, ha declarado que buscará consolidar esos fundamentos y, al mismo tiempo, introducir matices para mejorar la claridad ofensiva y la gestión de los partidos. En sus primeras días destacó que se ha encontrado con un equipo «obediente y ordenado», una base sólida sobre la que trabaja para añadir «otra dirección» en el juego, buscando que la plantilla pueda tomar decisiones más seguras en momentos clave.

Examen inmediato

La visita al Valencia supone un examen inmediato. El conjunto albiazul se enfrenta a un rival histórico en un escenario exigente, donde los errores se pagan caro. Más allá de la simbología del debut de Sánchez Flores, ahora convertido en la referencia del proyecto, el partido mide la capacidad del equipo para consolidar la transición técnica y mantener la regularidad en un tramo donde cada punto tiene un valor creciente.

El Alavés ha mostrado en esta segunda parte de la temporada capacidad para competir incluso ante rivales de mayor jerarquía, pero la irregularidad sigue siendo un riesgo. La clasificación mantiene a varios equipos separados por pocos puntos, y los clubes en la zona media-baja viven con la presión constante de no ceder terreno frente al descenso. La gestión de los detalles, la eficacia en las áreas y la concentración durante los noventa minutos se vuelven decisivos para sostener la permanencia.

El partido frente al Valencia, además de ser un duelo directo en la tabla –el equipo che está un puesto por delante del Alavés, con dos puntos de distancia–, se presenta como una primera prueba de fuego. Asimismo, permitirá evaluar la capacidad del Glorioso para sostener un proyecto que, hasta la fecha, ha tenido que enfrentar un relevo inesperado en el banquillo sin margen de preparación. La transición técnica, lejos de ser un punto débil, puede convertirse en un activo si el equipo logra mantener la intensidad, el orden y la regularidad en los resultados en este tramo final.