«UE-Mercosur debería ser pactado con participación activa de los representantes productivos»
Carlos Etchepare, periodista y economista argentino, traslada una visión diferente del tratado comercial entre la Unión Europea y Mercosur –aplicado provisionalmente hace una semana–, apostando por un acercamiento entre los representantes de sectores productivos de uno y otro lado del Atlántico.

Carlos Etchepare Rambosio (Buenos Aires, 1957) cursó estudios de Administración de Empresa y ocupó diversos cargos de responsabilidad en la Bolsa de Cereales de la capital argentina. También fue presidente de la Asociación Panamericana de Bolsas de Productos y profesor del Instituto Superior de Estudios Agropecuarios de la Sociedad Rural Argentina. Entre 2006 y 2023 fue Director Periodístico de Canal Rural Satelital de Argentina –pese a estar jubilado y residir desde hace casi ocho años en Iruñea, todavía sigue colaborando con dicho medio–, además de asesor de organizaciones agrícolas y ministros del ramo. Coincidiendo con el anuncio de la presidenta de la Unión Europea, Ursula Von der Leyer, de poner en marcha de manera provisional el acuerdo comercial entre este organismo europeo y Mercosur, explica cuál es su visión sobre dicho tratado.
Hace una semana, la presidenta de la Unión Europea, Ursula Von der Leyen, decidió poner en marcha de manera provisional el acuerdo con Mercosur.
Para los burócratas de la Unión Europea, y Von der Leyen es una de ellas, este tratado es una necesidad política, más allá de las concreciones económicas que se puedan lograr a corto plazo. En todo caso, la materialización de negocios desde el sector primario de Mercosur se va a demorar mucho en el tiempo. Y ahora se suma la crisis mundial generada a raíz de los últimos acontecimientos ocurridos en Oriente Medio, que van a tener su impacto, pues Mercosur y la UE van a necesitar reposicionarse con algunas materias primas, como el petróleo.
¿Por qué los responsables de la UE han puesto tanto de su parte para acelerar el tratado?
Bajo mi punto de vista, en la predisposición de la Unión Europea por materializar este acuerdo han influido de manera importante, más que el hecho de importar sobre todo alimentos, los intereses de países punteros en tecnología, industria pesada o del automóvil, como es el caso de Alemania. Si el tratado se pone en marcha, va a ser más o menos rápido en función del tipo de productos a comercializar.
«En una segunda etapa tendrá que definirse el reparto de las cuotas de negocio de cada país de Mercosur con la Unión Europea»
¿Qué efecto está generando el tratado ahora mismo en los países del Mercosur?
Todos ellos están ocupados en que sus respectivos órganos legislativos lo aprueben lo más rápidamente posible. Argentina y Uruguay ya han hecho los deberes, pues sus órganos legislativos ya han dado el OK al acuerdo, mientras que Brasil y Paraguay se encuentran algo más rezagados y está previsto que no sea hasta finales de marzo cuando den su aprobación. En una segunda etapa tendrá que definirse el reparto de las cuotas de negocio de cada país de Mercosur con la Unión Europea.
¿Y están abiertos a recibir artículos de otros sectores?
Depende. Por ejemplo, Argentina ahora mismo está abierta por completo a ello, independientemente de que haya o no acuerdo. En cambio, Uruguay, Paraguay y Brasil son más proteccionistas y lo van a seguir siendo. En el caso del país brasileño, la Unión Europea va a tener que confrontar con una competencia importante, como lo es China. Y le va a resultar difícil encontrar un hueco.

Desde la orilla de Mercosur, ¿qué ventajas se le ven al acuerdo?
Vender a la Unión Europea supone como una especie de sello de calidad, al ser un mercado muy exigente, después de Japón. Y para algunos países, como Brasil, también es un toque de atención hacia China, en el sentido de que esta no es su único cliente. La relación comercial con el viejo continente le va a dar prestigio a Mercosur para abrir otros mercados.
El primer sector europeo asegura que va a resultar muy afectado por la llegada de productos sudamericanos.
Realmente, lo que existe es un gran desconocimiento de la realidad y sería necesario que los sectores involucrados entrecruzasen información. Por ejemplo, el tema de la carne, que es uno de los que más preocupa en Europa. Por amplio margen, Brasil es el que tiene mayor disponibilidad, pero, como he mencionado, su principal destino es China, una relación comercial que va en aumento, a diferencia de la Unión Europea. Y tampoco es tan fácil producir rápidamente más carne.
Pero no está solo Brasil, también Argentina...
Argentina tiene un problema de oferta de carne, no dispone de la suficiente como para cubrir la demanda potencial. De hecho, con todo este lío de los aranceles de Trump, ha firmado un acuerdo con Estados Unidos, en el cual de lo poco que es ventajoso para Argentina es la exportación de 80.000 toneladas de carne para 2026, con un cupo máximo de 20.000 por trimestre. Bueno, pues hoy es el día en que Argentina está limitada en su disponibilidad exportadora, porque la política ganadera de los pasados 30 años ha perjudicado mucho a que creciese ese stock. Y respecto de Uruguay y Paraguay, su potencialidad de crecimiento es muy limitada a corto plazo.
«Agricultores y ganaderos argentinos se enojan conmigo por haber salido, entre comillas, a defender al productor de la Unión Europea»
¿La desconfianza es mutua? ¿También el agro de Mercosur recela del de la Unión Europea?
Agricultores y ganaderos argentinos que conozco se enojan conmigo por haber salido, entre comillas, a defender al productor de la Unión Europea. Allí piensan que aquí todo es a lo grande. Es cierto que en Europa existen ayudas, a diferencia de Sudamérica, donde hay que pagar a los gobiernos por producir, pero también es verdad que trabajar aquí en el primer sector exige su sacrificio y que no es lo mismo ser un pequeño que un gran propietario. Insisto, hay un gran desconocimiento mutuo.
Por si acaso, el Parlamento Europeo ya ha aprobado una serie de salvaguardas.
Es algo que se ha reforzado mucho más, la cantidad de limitaciones y condiciones que el acuerdo le impone al Mercosur para que los sectores europeos que se sienten afectados eventualmente por importaciones, bien sea porque influya en su producción o precios, se vean protegidos. Sin duda, ello va a limitar a corto plazo la posibilidad de negocios.
Dirigentes de los países sudamericanos se han pronunciado en contra de dichos controles.
Parte de los productores de Mercosur quieren el acuerdo, pero hay otra parte que no, precisamente porque no les gusta estar sometidos a la cantidad de controles que les va a imponer la Unión Europea.

Muchas de esas medidas se centran en aspectos relacionados con la salud, algo que parece lógico y beneficioso.
No es cierto lo que estoy escuchando por aquí, relacionado, por ejemplo, con el tema de que a los animales de los países de Mercosur les dan hormonas de crecimiento para producir más rápido. Eso ya no existe más. Lo mismo ocurre con la política de deforestación. Guste o no guste, se está respetando. Es posible que a algunos productores, tanto de Europa como de Sudamerica, no les guste cumplir con estos requisitos, pero lo están haciendo. Hasta donde yo sé, la mayor parte de la producción agropecuaria del Mercosur tiene normas muy similares a las de la Unión Europea.
Se argumenta también desde Europa que en los puertos del viejo continente hay un porcentaje casi ínfimo de inspecciones.
No dispongo de datos sobre ello, pero sí puedo decir que los controles de los productos de Mercosur en origen son muy rigurosos. No en vano, en un acuerdo que se negoció durante 25 años, es normal que todas esas cosas se tuviesen en cuenta. Los propios exportadores de Argentina disponen de una herramienta que verifica el origen de la mercancía, para que no venga de zonas deforestadas o contenga componentes dañinos para la salud. Es lógico en su dinámica empresarial, porque no quieren tener ningún problema o escándalo que acabe con su negocio.
«La negociación no debería haber quedado en manos ni de burócratas, ni de comerciantes, no conocen la realidad del productor»
¿Se podría decir que paradójicamente estos acuerdos van en contra de una globalización que parecía imparable?
Creo que sí, eso ha empezado a cambiar y las locuras de Trump están acelerando dicho proceso. Quitando a Argentina, que es un caso especial por su peculiar política interna, prácticamente no existe ningún otro país en el mundo que se esté abriendo, todo lo contrario. Este tipo de acuerdos indican que las economías se están cerrando, no abriendo.
¿Una de las rémoras del tratado es que su contenido y condiciones se han negociado por parte de personas ajenas a las actividades que incluye?
Efectivamente. La negociación no debería haber quedado en manos ni de burócratas, ni de comerciantes. Los primeros, políticos y estadistas, no tienen ni idea, no conocen la realidad del productor. Y los segundos, lo único que buscan es llenar más todavía sus bolsillos. Cuantos menos jugadores haya en la cancha, más negocio se hace. Por eso defiendo que este tipo de acuerdos deben ser tomados como favorables para los sectores involucrados de los diferentes países, pero siempre y cuando sean pactados con una participación activa de los representantes de esos mismos sectores.
¿Y cabe una alianza entre pequeños y medianos productores de uno y otro lado del Atlántico?
Cuando he tenido la suerte de poder escucharlos a unos y otros, he llegado a la conclusión de que ambos piensan lo mismo, tienen idénticas limitaciones y persiguen objetivos semejantes. Por lo menos deberían conversar entre ellos como un primer paso para conciliar posiciones, aunque no es una tarea fácil romper con los estigmas que se les han inculcado a unos y otros a lo largo de todos estos años. Esa unión serviría también para frenar el brutal liberalismo económico existente.

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