«El exceso de mi trilogía no tiene nada que ver con los excesos actuales»
El escritor bilbaino acaba de publicar en un solo volumen sus tres novelas ‘Voracidad’, ‘Alacranes en su tinta’ y ‘Ostras para Dimitri’.

Hablar de Juan Bas es hablar de Bilbo. Mejor dicho, de una cierta zona de Bilbo reconducible a su casco viejo: el vientre de la capital vizcaina, con sus calles, sus personajes, sus historias entre bares y restaurantes.
Es hablar sobre todo de tres libros, los de la llamada ‘Trilogía del exceso’: ‘Alacranes en su tinta’, ‘Voracidad’ y ‘Ostras para Dimitri’. Novelas que han dado a Juan Bas fama y premios (Euskadi Literatura 2007, por decir uno) y que han sido reeditadas en un único volumen por la editorial Reino de Cordelia.
El próximo 14 de abril en la biblioteca Bidebarrieta habrá una primera presentación oficial de esta nueva versión de la trilogía, a las 19.00. Mientras tanto charlamos un rato con Juan Bas, por supuesto en la terraza de un bar de la Plaza Nueva.
¿A quién le surgió la idea de esta reedición?
Viene de mi anterior libro, ‘El pensamiento vuelve a la sangre’, memorias profesionales sobre mi relación con mi amigo (descanse en paz) Fernando Marías, que fue publicado por Reino de Cordelia. Me gustaba mucho el formato de estos volúmenes, por ejemplo la buenísima calidad de papel y las ilustraciones. Yo le propuse la reedición y la editorial aceptó, y el resultado es un librazo precioso.
El último libro de la trilogía es de 2012, ‘Ostras para Dimitri’, ha pasado bastante tiempo...
Y el primero, ‘Alacranes en su tinta’, de 2002. Sí, ha pasado, pero de manera benévola. Quiero matizar que esta es una reedición, hubo solamente una revisión sintáctica, pero el contenido es el mismo, políticamente incorrecto.
Ha habido muchos cambios en la sociedad vasca mientras tanto...
Sí, lo más evidente es que ETA, que está en ‘Alacranes en su tinta’ en plan satírico como todo el nacionalismo vasco, ha desaparecido. El mismo restaurante Mapamundi de Bilbao, por ejemplo, ya no existe: estaba un poco a desmano, no prosperó, pero estuvo bien con los dos hermanos muy majos que lo regentaban, presentes en ‘Alacranes’.
Restaurantes y comida de calidad: ahora está de moda en Euskal Herria, pero usted ya lleva años en esto, incluido en sus novelas.
Antes me interesaba más la cocina creativa, funciona bien en las novelas, pero he perdido el interés. Y pagar 250 euros por una comida, aunque sea de máxima creación, esto me parece excesivo.
¿Quién cree que irá a comprar esta nueva versión de la ‘Trilogia del exceso’?
No tengo la mínima idea. Puede ser que alguien de las nuevas generaciones, o más simplemente alguno a quien le falten por leer una o dos de las novelas. Me hace mucha ilusión, es la primera vez que reedito algo, me hace sentir un poco viejo.
Mirada hacia atrás: reevaluemos los tres libros.
‘Voracidad’ es el más bestia, el peor estructuralmente, el más errático, pero tiene también cosas buenas. Según Pedro Learreta, por ejemplo, la mejor novela desde un punto de vista literario de la trilogía es ‘Ostras para Dimitri’. ‘Alacranes’ fue el primero, el más exitoso, hasta en Alemania según he podido comprobar: es muy espectacular, realista y exagerado a la vez, muchos elementos folclóricos siguen vivos hoy día.
¿Y Pacho Murga, el protagonista de las tres novelas?
Va evolucionando a lo largo de la trilogía, es un pícaro moderno, pijo bilbaino desclasado venido a menos. Funciona bien.
¿Nadie le ha pedido resucitarlo en otra novela, a lo ‘Misery’ de Stephen King?
Como dice el maestro Luis Landero, ‘no hay que caer en plagiarse a sí mismo’. Es un ciclo, que ha terminado. Me despedí de Pacho Murga, o sea termina su vida literaria, en el apacible destino del Monte Anboto, casado con la enfermera que lo ha cuidado, al final de ‘Ostras’. Pero para contestar a la pregunta: sí, alguien me ha ofrecido volverlo a la vida, pero dije que no.
«A día de hoy el exceso es simplemente la realidad. Fíjate en Trump, es el paradigma, nos puede llevar a la destrucción»
‘Trilogía del Exceso’ se llaman estos tres libros. Pero, ¿qué es el exceso hoy?
Antes, en mis novelas, era más la visión esperpéntica de las cosas. No excesivo en el sentido peyorativo sino lo que es demasiado de modo deliberado. A día de hoy, el exceso es simplemente la realidad, que es increíble: fíjate en el regalo que hace Trump a su cuadrilla, los zapatos que todos tiene que llevar incluso cuando no les entran bien. El propio Trump es el paradigma del exceso.
¿Escribiría algo sobre Trump?
¿Y cómo? Sería imposible, es un personaje inverosímil, la exageración en el sentido inverosímil. Entre un malo de ‘Batman’ y el policía que investiga en la peli de ‘Roger Rabbit’, que al final descubre ser un dibujo animado. Pero Trump nos puede llevar a la destrucción, en definitiva es la locura.
¿Está escribiendo algo nuevo ahora?
Una novela, sí. Título, ‘Los prestamistas’. Esta también tiene elementos esperpénticos. Ambientada en el Casco Viejo, la zona que mejor conozco por supuesto.
«Bilbao es una pequeña ciudad con muchas ínfulas, cree que es un pequeño Nueva York»
Siempre con el mismo estilo y el sentido del humor: ¿todavía es algo que funciona?
Es mi manera de ver la vida y el mundo, reírme de todo empezando por mí mismo. Es algo inseparable de mí: hasta cuando me dio un infarto le hacía reír al médico que me estaba atendiendo. Es una eficaz herramienta de crítica. Las dictaduras no quieren a la sátira y al sentido del humor.
¿Se siente bien cuando escribe?
Estoy mejor cuando estoy en eso, sí: novelas sobre todo. Si no, me cogen demasiado mis propios demonios.
¿Le gusta Bilbo todavía?
Es una pequeña ciudad con muchas ínfulas, cree que es un pequeño Nueva York. Por otro lado mi barrio tiene buena calidad de vida, le tengo mucho cariño. Al final creo que está muy bien, pero cuando me agobia, me voy.

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