¿Bailará Israel un segundo ‘Vals con Bashir’? Veteranos y tasa de suicidio
Donald Trump ha autorizado una sustancia psicodélica, la ibogaína, para tratar la enfermedad mental grave. Lo justifica en la necesidad de hacer algo con los veteranos, colectivo en el que la tasa de suicidio es un 58% más alta que en el resto. Israel, hasta la fecha, no tiene este problema.

La tasa de suicidio de veteranos en EEUU es un drama nacional. La media indica que, cada día, 17,6 combatientes o excombatientes se quitan la vida. La mayoría de las veces, tres de cada cuatro, lo hacen volándose la cabeza con su propia arma de fuego.
El pasado viernes, Donald Trump firmó una orden para tratar de poner solución a esa tasa de suicidio (58% más alta que la del resto de la población, con datos de 2022, últimos oficiales) mediante un fármaco psicodélico, la ibogaína.
Trump ha firmado la orden respaldado por Robert Kennedy y otras figuras del acientífico MAHA (Make America Health Again) y colectivos preocupados por la situación de los veteranos. Pero, en este caso, más allá de lo insensato que es tratar de poner una solución farmacológica a un problema así, los demócratas no están cuestionando la medida.
Es el enésimo intento de EEUU de tratar de rebajar una tasa de suicidio que comenzó a incrementarse en el Ejército desde el 11-S (inicio de la guerra de Afganistán), se aceleró a partir de 2007-2008 (guerra de Irak y pico de militares enviados, con 170.000 efectivos) y se mantiene en cifras récord desde 2019.
La situación ha llegado al punto de que, cuando en EEUU una persona con ideaciones suicidas llama al teléfono contra el suicidio (que es el 988), se activa una grabación indicando que, si se trata de un veterano, tiene que marcar el 1 para recibir atención específica.
Cuando alguien marca el 988, el teléfono contra el suicidio en EEUU, salta una grabación que indica que, si es veterano, marque el 1.
Existen factores estadísticos que muestran qué soldados tienen una propensión mayor a quitarse la vida. Por ejemplo, aquellos que pertenecen al colectivo LGTBQI+ tienen siete veces más probabilidades de morir por su propia mano. Una de cada tres mujeres, además, narran haber sufrido abusos y desarrollado un trauma por esto.
Pero el gran elefante en la habitación es el Trastorno de Estrés Post Traumático (PTSD, por sus siglas en inglés) que desarrolla un 31% de los militares que han prestado servicio. De hecho, los datos indican que la correlación entre número de soldados desplegados y la tasa de suicidio no se da de inmediato, sino que tarda tres años en llegar, dilación que coincide, precisamente, con lo que tarda el trastorno postraumático en desarrollarse.
Para acercar a Euskal Herria este problema, se puede hacer un ejercicio muy simple. El Estado español está siete veces menos poblado que EEUU, por lo que una situación comparable sería que 2,5 militares o exmilitares se suicidaran todos los días. Serían 3,5 para el caso francés.
Israel, en otro mundo
Atendiendo al marco actual, si hay otro país occidental que somete a su población a situaciones de violencia extrema, este es Israel.
En 2008, el cineasta Ari Folman dirigió la celebrada película de animación ‘Vals con Bashir’, en la que trataba del arrepentimiento y el bloqueo mental que le generó el haber sido testigo, con 19 años, de las masacres de palestinos y libaneses en los campos de refugiados beirutíes de Sabra y Chatila durante la guerra de Líbano de 1982.
La película trata sobre la amnesia disociativa, el bloqueo de ciertos recuerdos que constituye un trauma bélico. El filme no fue recibido con agrado por buena parte de la sociedad israelí, pues entendía que estaba mostrando una debilidad del país.
También tiene críticos por el lado contrario, pues el objeto de la misma es colocar al soldado atenazado por las imágenes, los tormentos de la conciencia y su incapacidad para conciliar el sueño como víctima principal, en lugar de los palestinos y libaneses ejecutados por los falangistas cristianos de Bashir Gemayel con la connivencia israelí.
Los actos de barbarie genocida que están cometiendo los soldados israelíes, tanto en conjunto como individualmente cada uno de ellos, indudablemente tendrán un impacto en su salud mental, generando diversos traumas y, en algunos casos, de ideaciones y consumaciones suicidas.
Según el diario ‘Haaretz’, a pesar de que en 2025 hubo un repunte entre los soldados israelíes que se quitaron la vida, la cifra total quedó en 22.
Por el momento, sin embargo, la situación dista mucho de parecerse a la de EEUU. Según el diario de la minoría progresista israelí ‘Haaretz’, a pesar de que en 2025 hubo un repunte entre los soldados israelíes que se quitaron la vida, la cifra total quedó en 22.
El pico anterior ocurrió en 2010, en el que 28 soldados israelíes se suicidaron y que llegó dos años después de la ‘Operación Plomo Fundido’ contra la Franja de Gaza, que duró 22 días.
Uno de los elementos que ayuda a explicar esta diferencia entre la tasa de suicidio entre soldados israelíes y estadounidenses es el aislamiento social, que no se da de igual manera en el Estado sionista.
Los estudios en EEUU señalan a esa sensación de «no importar a nadie» como «factor de riesgo clínico y ambiental crítico» para los veteranos.

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