Ainara Lertxundi
GARAren edizio taldeko kidea / Miembro del equipo de edición de GARA
Entrevista
Esperanza Santos
Coordinadora de Emergencias de MSF-España

«La población sudanesa no importa, los que están muriendo son civiles»

Esperanza Santos, coordinadora de Emergencias de Médicos Sin Fronteras-España, conoce muy bien la realidad de Sudán, donde ha estado en diferentes misiones. La guerra acaba de entrar en su tercer año. Las cifras son trágicamente abrumadoras.

Esperanza Santos
Esperanza Santos (Fotografías: Gorka RUBIO | FOKU)

Hablamos de 14 millones de personas desplazadas forzosamente, de violencia sexual, de malnutrición… Pese a la magnitud de las cifras y a ser una de las peores crisis humanitarias, Sudán no está la agenda internacional. ¿A qué se debe este olvido?

Es la pregunta del millón. MSF no para de organizar exposiciones y de presentar informes para tratar de dar visibilidad a esta crisis humanitaria. Venimos de una deriva en la que los conflictos dentro de África tienen menos foco que en otros lugares. También hay intereses en silenciar lo que esta sucediendo. La guerra dura ya tres años, sigue entrando nuevo armamento, están sacando de manera no oficial mucho oro y otras materias primas de Sudán. Hay muchos intereses en juego, silencio e inacción. Ha habido algunas iniciativas diplomáticas aquí y allá, pero sin fijar compromisos claros. El primer año hubo la Declaración de Yeda; logró sentar a ambos grupos y se adoptaron ciertos compromisos que nunca se cumplieron. También está el Grupo Quad para Sudán, formado por Estados Unidos, Egipto, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. No sé cuánto interés tienen en que se solucione la guerra. La población sudanesa no importa, los que están muriendo son civiles y los intereses políticos y militares están por encima de ellos.

Berlín ha acogido la tercera Conferencia Internacional para Sudán. ¿Esperan algo?

Poco. Ninguno de los dos grupos, las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) y las Fuerzas Armadas, ha enviado alguna representación. De momento no se han sentado en ninguna mesa o foro, ni parece que tengan interés en hacerlo. En vez de hablar e intentar llegar a un acuerdo, lo único que hacen es tratar de deslegitimar al otro.

Se da la paradoja de que ambos lucharon juntos.

En la guerra de Darfur, el Gobierno contrató a estas milicias para ayudar al Ejército a combatir a los grupos rebeldes. Cometieron crímenes contra la humanidad acreditados por la Corte Internacional de Justicia. En vez de perseguir y desmantelar a estas milicias, el dictador Omar al-Bashir, las regularizó, cambiándoles el nombre. En 2019, tras el derrocamiento del dictador, se puso a un primer ministro civil. Estos dos grupos armados se hicieron cargo de la seguridad. Luego, una junta militar destituyó al primer ministro. De un modo u otro, estos actores armados siempre han estado presentes en la vida del país, desde hace tres años combatiendo entre ellos. Es una lucha por el poder con la población en el medio.

En uno de los paneles de la muestra inmersiva «Esperanza a la fuerza», la matrona de MSF Naomi Samuriwo denuncia que «en Sudán, si eres una mujer o una chica en algún momento vas a ser violada».

La violencia sexual no está exclusivamente asociada al conflicto armado, aunque también es utilizada como arma de guerra. El hecho de que una mujer sea violada delante de su marido, de sus hijos… a veces en grupo y por integrantes de otros grupos étnicos provoca un gran trauma en la comunidad. Como ahora mismo todo el sistema de protección comunitaria y el andamiaje tanto legislativo como judicial está destruido, la violencia sexual no tiene consecuencias legales. Nadie va a perseguir estos hechos. Además, cada vez hay un mayor reclutamiento y más gente con armas, lo que les confiere más poder. Esa frase de Samuriwo es dura, pero forma parte del día a día de las mujeres y niñas, que saben que antes o después pueden ser violadas.

¿Cómo viven las comunidades la violencia sexual ?

Es un tema que trabajamos no solo con las víctimas, sino también con las comunidades y sus líderes para que acojan a las mujeres víctimas de violencia sexual y se condene desde todos los lados. Muchas veces se invisibiliza porque para las comunidades es un estima que hayan violado a sus mujeres. Esto duele, por tanto, no se habla de ello. Pero el silencio conlleva no dar atención a las víctimas. Organizamos grupos de discusión para tratar de cambiar esta visión.

¿Qué «feedback» reciben?

Un poco de todo. Una vez que creas espacios seguros para hablar, lo entienden porque el estigma es una consecuencia del daño que la violencia sexual causa a nivel comunitario. Otra cosa es el diálogo con los grupos armados. Eso es más difícil. Además, hablamos de soldados y milicias que hoy están aquí y mañana allá, y les da igual a quién violan.

¿Cómo es el diálogo con los grupos armados?

Como organización tienes que interactuar con quienes están al mando u ostentan el control. Personalmente, llevo seis meses intentando que me den permiso para ir a determinada zona y no me lo dan. Todo es una negociación; a veces, logras cosas y otras, no. MSF lleva más de 40 años en Sudán y nos conocen bastante bien. A ellos también les interesa negociar para, de cara a la galería, obtener cierta ‘legitimación’ haciendo ver que no bloquean la ayuda humanitaria. Además, también ellos y sus familiares se benefician de los servicios médicos que ofrecemos.

Al hablar de guerras, lo primero que se viene a la mente es un avión lanzando bombas. Pero cada vez se está extendiendo más el uso de drones como arma de guerra, como se está viendo en Gaza, pero también en Sudán, donde, sin ir más lejos, el 20 de marzo y el 2 de abril se registraron dos ataques con drones contra hospitales.

La vigilancia con drones es permanente las 24 horas del día. Saben todo lo que haces. A diferencia de Gaza, en Sudán no había tantos bombardeos con jets, porque el Estado no tiene tanta capacidad militar como Israel. Los ataques eran mayoritariamente terrestres y las comunidades tenían ciertas estrategias en caso de ataque. Sabían que cuando se producía a 30 kilómetros era cuando tenían que irse. Pero ahora eso no vale porque con los drones pueden ser bombardeados aunque la línea de frente esté a cientos de kilómetros. Esto cambia totalmente los mecanismos de prevención y de protección de la población civil. Al principio de la guerra, las FAR utilizaban fuerzas terrestres y de artillería, mientras que el Ejército realizaba algunos bombardeos. Luego, a las FAR les llegó munición antiaérea y derribaron varios aviones de combate. Ahora, prácticamente no se están utilizando aviones, todo son drones, que aparte de ser más baratos no requieren de pilotos y son más difíciles de derribar. Los drones que veíamos antes eran casi teledirigidos con un alcance limitado y solo podían volar de día, pero los de ahora vuelan día y noche, y pueden tener un alcance de 400 kilómetros.

El uso de drones conlleva que no haya ningún lugar seguro, como ocurre en Gaza.

Pueden caer en cualquier lugar y momento. Puede que caiga mientras estás durmiendo en casa o en el mercado haciendo la compra. Además, no sabes si el vecino de enfrente o quienes están a tu lado en el mercado son un objetivo para el enemigo, lo que aumenta la sensación de vulnerabilidad y de peligro, y que no haya ni un lugar seguro. A ello se suma que los drones tienen mucha menos trazabilidad. Es mucho más difícil de establecer quién está dirigiendo ese dron. Nadie se hace responsable de ese dron ni de los daños que puede provocar. En el ataque del 20 de marzo contra el Hospital El Daein, en Darfur Este, murieron 70 personas, entre ellas 15 niños, y quedaron inutilizables la maternidad y la sección de pediatría. Desde la ciudad más cercana, en Darfur Sur, intentamos mandar camiones con ayuda médica.

En el del 2 de abril, contra el Hospital Al-Jabalain, en el estado del Nilo Blanco, fallecieron al menos 10 personas, de ellas siete eran personal sanitario. Hasta diciembre habíamos estado en ese hospital atendiendo una epidemia de cólera. Nos pusimos en contacto con el Ministerio de Salud que nos pidió gasolina para las ambulancias porque había que trasladar a los heridos a 80 kilómetros. En días posteriores fuimos al lugar y comprobamos que el quirófano, la sala de urgencias y un área pequeña de la maternidad habían sufrido daños.

El uso de drones conlleva que no haya ningún lugar seguro, como ocurre en Gaza.

Cuando se bombardea un hospital o una planta de agua, no se está dañando al otro bando, sino a la población de todo un estado. Estos tres años de guerra han destruido el principal medio de subsistencia de los sudaneses, que es la agricultura. Solo se está cultivando entre un 5 y un 10% de todas las zonas cultivables de Sudán. En algunas zonas tienen bloqueado totalmente la entrada de comida. El Fasher, capital de Darfur, por ejemplo, estuvo más de 500 días sitiada por las Fuerzas de Apoyo Rápido. Sabiendo que había un 30% de malnutrición y pese a nuestros intentos de negociación, las FAR no nos permitieron ingresar suplementos nutricionales. Los camiones estuvieron parados meses. Tuvimos que dejar de atender a los malnutridos moderados y concentrar los pocos recursos que nos quedaban en tratar a los malnutridos severos. Hasta ese punto llega el bloqueo y el castigo colectivo a los civiles.

¿Han dejado de existir las reglas en una guerra?

Estamos en un momento muy crítico. Las reglas que se establecieron tras la Segunda Guerra Mundial con el derecho internacional humanitario no se están respetando ni tampoco se está presionando a los Estados miembros que firmaron estas normativas. ¿Qué tiene que pasar para que la comunidad internacional reaccione y ponga medidas? ¿La Tercera Guerra Mundial?

¿Qué reflexión hace tras sus misiones en Gaza y Sudán?

En mi día a día no pienso que voy a cambiar el mundo, pero si puedo mejorar la vida a una persona... doy por cumplido mi objetivo. Sigo creyendo en el potencial del ser humano, no podemos tirar la toalla. Hay que seguir luchando para que la humanidad prevalezca por encima de la barbarie. La manera de cambiar esta situación es viendo al ser humano que hay detrás. En el caso de Sudán, esos 53 millones de personas y que lo que les pase nos duela como si nos lo hicieran a nosotros mismos. Pensar así, ayudaría a activarnos.