Beñat Zaldua
Iritzia saileko arduraduna / Coordinador de la sección de opinión

Repsol multiplica por tres sus beneficios en plena crisis de Ormuz

La petrolera dirigida por Josu Jon Imaz ha incrementado su beneficio neto un 154% el primer trimestre del año. La subida del precio de los hidrocarburos ha permitido multiplicar los beneficios a una empresa a la que el cierre del golfo Pérsico no afecta de forma directa.

El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, en una conferencia.
El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, en una conferencia. (Gorka RUBIO | FOKU)

Cualquiera diría que a Repsol le dan un poco de vergüenza los resultados de este primer trimestre de 2026. La compañía dirigida por Josu Jon Imaz ha obtenido 929 millones de euros de beneficio neto entre enero y marzo, lo que supone multiplicar por tres el resultado del mismo periodo del año pasado, cuando ganó 366 millones.

La petrolera, sin embargo, ha preferido omitir el porcentaje de incremento, que es del 154%, pese a que siempre lo suele incluir en sus notas de prensa sobre resultados trimestrales. Del mismo modo, también ha preferido, de forma inusual, dar el dato del beneficio neto ajustado, algo más reducido –873 millones–.

A estos cambios formales a la hora de presentar los resultados trimestrales se suma un novedoso apartado sobre los 3.350 millones que aportan fiscalmente, los 1.200 millones «destinados a fortalecer el suministro energético de España» y los 35 millones en «descuentos adicionales para los clientes en poco más de un mes», extremos que no suele incorporar a sus notas de prensa. También subraya que «está centrando sus esfuerzos en asegurar la continuidad del suministro energético».

Todo para intentar maquillar un resultado extraordinario que es difícil entender sin el funcionamiento especulativo del mercado. Repsol no tiene presencia en el golfo Pérsico, por lo que el cierre del estrecho de Ormuz no afecta a sus plataformas extracción de crudo ni a su transporte. A Repsol, como compañía, no le afecta de forma directa el cierre del enclave.

No solo eso. La agresión de EEUU e Israel contra Irán, que provocó el cierre de Ormuz, empezó el 28 de febrero. Es decir, el petróleo refinado por Repsol en plantas como la de Muskiz –operada por Petronor– durante el mes de marzo llegó a las instalaciones de procesamiento con los precios previos a la guerra de Irán, cuando el petróleo estaba a menos de 70 dólares el barril de Brent. Sin embargo, ha salido de las refinerías a precio de guerra, con el barril a más de 100 dólares.

El Índice de Precios Industriales publicado la semana pasada por Eustat tiene indicios más que suficientes para afirmarlo. Los precios de los productos de la única refinería existente en Euskal Herria subieron un 36,6% en un solo mes. No en vano, el margen de refino se duplicó en el Estado español durante el primer trimestre, pasando de los 5,3 dólares por barril de hace un año a los 10,9 dólares.

Conviene tomar con algo de escepticismo, por tanto, las abnegadas declaraciones de Imaz que acompañan a la nota de prensa: «En un entorno geopolítico cada vez más complejo y volátil, que amenaza con transformar el paradigma energético, seguimos centrados en garantizar la seguridad del suministro, basada en una operación disciplinada y eficiente de nuestro portafolio integrado, mientras continuamos proporcionando energía fiable a nuestros clientes».

Ese entorno geopolítico complejo y volátil se ha traducido en una lluvia de millones no previstos para Repsol.

Prevenciones ante los descuentos adicionales

Los descuentos anunciados por Repsol a los clientes de sus gasolineras recuerdan irremediablemente a lo ocurrido cuando, tras atacar Rusia a Ucrania en febrero de 2022, los europeos cerraron el grifo a los hidrocarburos rusos. Repsol elevó los precios de los hidrocarburos refinados que vendía a las gasolineras low cost, mientras bajaba el precio de los que ofrecía a sus clientes mediante ofertas y descuentos en sus gasolineras.

Las low cost denunciaron y, recientemente, en febrero de este mismo año, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) les dio la razón, estableciendo que Repsol tenía una posición de dominio en el mercado mayorista de combustibles, que aprovechó el alza del precio de los carburantes por la guerra Rusia-Ucrania para aumentar «de forma generalizada el precio de venta a sus rivales del Gasóleo A» y que, al mismo tiempo, «realizó una campaña de descuentos para los transportistas que repostasen ese combustible en las estaciones Repsol».

La CNMC impuso una multa de 20,5 millones de euros a varias empresas del grupo Repsol y les prohibió participar en contratos públicos durante seis meses.

A por más de Venezuela

Por último, Repsol informa en su nota de que este año prevé alcanzar una producción de entre 560.000 y 570.000 barriles al día, con el objetivo de llegar a 580.000 y 600.000 diarios en 2028. Pero advierte de que «estas proyecciones podrían verse incrementadas por una potencial mejora de la situación en Venezuela, donde la compañía tiene una posición privilegiada por su histórica presencia, y donde se han ido dando avances en los últimos meses».

Una posición ganada a pulso y genuflexión, previo paso del propio Josu Jon Imaz por la Casa Blanca, donde agradeció al presidente Donald Trump por «abrir las puertas a una mejor Venezuela» tras atacar el país y secuestrar al presidente Nicolas Maduro.