Natxo Matxin
Redactor, con experiencia en información deportiva
Entrevista
Roberto Torres
Exjugador de Osasuna

«No cambiaría nada de lo que he vivido, hay que acarrear con las decisiones adoptadas»

Después de casi dos décadas manejándose en el fútbol profesional, Roberto Torres (Arre, 1989) cuelga las botas. Su calidad en el juego ofensivo, aportación goleadora y liderazgo, le hicieron ser una referencia en el Osasuna de la pasada década y principios de la presente.

Roberto Torres posa en las escaleras de la Plaza del Castillo.
Roberto Torres posa en las escaleras de la Plaza del Castillo. (Raúl BOGAJO | FOKU)

Despuntó como juvenil, pero le costó más de lo esperado llegar al primer equipo, donde se convirtió en uno de sus líderes durante casi una década. Vivió experiencias de todos los colores y, aunque reconoce que tuvo oportunidades para salir a otros equipos, «siempre mi prioridad fue Osasuna y ni siquiera llegué a hablar con esos otros clubes porque no hay nada fuera de aquí que mejore lo que ya tienes».

¿Cómo fue su llegada a Osasuna? ¿La recuerda?

Llegué en mi primer año de juveniles. Fueron momentos muy bonitos, pero también complicados, porque pasé de ser el delantero indiscutible del Txantrea, donde me pedían poco físicamente y en defensa, a jugar en un equipo donde empecé a desenvolverme en varias posiciones, en el que todo el mundo tenía mucho nivel y ganarse el puesto era complicado. 

Pero acabó haciéndolo y creciendo mucho.

Sí, me costó arrancar, pero luego fui dando pasos muy rápidos. El primer año, en el equipo de Liga Nacional, con Javier Ortigosa como entrenador, y al siguiente ya estaba en el División de Honor, en el que me dirigía Miguel Merino, hasta terminar entrenando con el Promesas. A partir de ahí, el proceso ya fue más lento.

Y variando su posición.

Siempre había metido muchos goles, pero en mí vieron otro jugador diferente, que podía manejarme más de media punta. Lo cierto es que eso me vino bien porque me sirvió para aprender otro tipo de posiciones, también a nivel táctico y, sobre todo, en el aspecto físico, ya que fui cogiendo otro nivel que me vino muy bien para más adelante.

Siendo todavía juvenil, a principios de septiembre de 2007 tuvo un debut efímero con el primer equipo en un amistoso frente al Toulouse, en el que incluso marcó un gol.

No podía jugar ni con el juvenil, ni con el Promesas, porque estaba sancionado de la temporada anterior. Al primer equipo le faltaba gente para jugar ese amistoso y subimos algunos. Tenía 18 años y no me enteraba de la fiesta. Hubo una falta al borde del área y Kuko Ziganda dijo ‘que lo tire el chaval’, y me salió un lanzamiento perfecto para meter un golazo, porque era una de mis virtudes. Fue un recuerdo muy bonito.

«Ya se encargó Enrique Martín de bajarme a la tierra cuando me dijo ‘olvídate de lo de ayer, tu equipo es el Promesas’»

De aquella actuación podía aventurarse que en un futuro inmediato iba a estar en el primer equipo, pero tuvieron que pasar cuatro años para ello. ¿Qué ocurrió?

Pues que era evidente que no estaba preparado, que estaba muy lejos de los jugadores del primer equipo. Además, ya se encargó Enrique Martín de bajarme a la tierra cuando, al día siguiente, me dijo ‘olvídate de lo de ayer, tu equipo es el Promesas’. Necesité de ese proceso para mejorar muchas cosas antes de pasar al primer equipo.

Y en la primera campaña en la élite, apenas cinco participaciones y una única titularidad. ¿Sirvió para aprender? 

Es cierto que venía de una progresión muy buena en el Promesas, pero no terminé de entrar, pues el míster entendía que había jugadores que estaban mejor. En todo caso, me vino muy bien estar todo el año en dinámica del primer equipo. Jugué el último partido de liga en el Bernabéu, salí de inicio y marqué un gol. Así, me fui al verano con la sensación de que la siguiente temporada iba a ser un jugador diferente, con más opciones.

Torres, subido al kiosko de la Plaza del Castillo, donde vivió dos ascensos.

Y eso ocurrió, ocho campañas consecutivas en las que su concurso no bajó de la treintena de encuentros disputados.

Coincidió que, con la llegada de Javi Gracia en la cuarta jornada de la 2013-2014, jugué mucho, me dio su confianza desde el primer día. Además, metí goles y di asistencias, pero el equipo acabó descendiendo, lo que dio paso a dos años en Segunda un tanto complicados, en los que, sin embargo, fui cogiendo un determinado estatus, por decirlo de alguna manera, y continué siendo un jugador importante durante varios años.

En ellos hubo alegrías y penas deportivas. Ascensos y descensos. ¿Qué se saca de esas vivencias?

Pues se aprende a relativizar. Si perdíamos, Enrique Martín nos decía que no habíamos matado a nadie, que solo era un partido de fútbol. Cuando estás metido en la rueda y empiezas en esto, no lo ves así, no te da igual perder. Con el paso del tiempo, te das cuenta que, si has hecho todo lo que ha estado en tu mano, pues no te pueden reprochar nada. Me costó verlo así, pero son aprendizajes de cara a los años posteriores, para cuando vienen situaciones mal dadas.

«Se interesó el Athletic, Valencia y Girona, pero mi prioridad era Osasuna, no llegué ni a hablar con esos equipos»

Y con importante aportación goleadora por su parte, especialmente en las temporadas de los dos ascensos a Primera, con dobles dígitos.

Siempre he sido un jugador que me he relacionado bien con las posiciones de ataque, he sabido entender el juego ahí, tanto para asistir, como para meter goles. Luego, ya es cuestión de estar más o menos acertado de cara a  portería, como me pasó en las dos temporadas en que ascendimos, pero también en otras jugué muy bien anotando menos tantos. Cuando estás en categorías importantes, como Primera y Segunda, no es tan fácil marcar, no es algo que me cree nervios o inquietud, es algo que tiene que salir solo, me preocupa más todo lo demás que pasa en el campo.

En aquellos momentos de sus mejores prestaciones deportivas, ¿tuvo cantos de sirena de otros equipos para salir de Osasuna?

Sí, en su momento se interesó el Athletic, Valencia, Girona, también algún equipo extranjero…, pero cuando estás en tu casa, juegas con el equipo de tu tierra y lo haces generalmente todos los fines de semana, pues piensas que no hay nada fuera de aquí que mejore lo que ya tienes. Mi representante siempre ha sabido que mi prioridad era Osasuna y que tenía claro que tampoco quería llegar ni a hablar con esos otros equipos, por eso ni me lo comentaba.

También ha vivido en su carrera episodios personales negativos en forma de problemas físicos. En su caso, fue el pubis el que le dio bastante la lata.

Ahora justo se cumple una década de ello. Fue un calvario de más de un año arrastrando esos problemas, momentos duros en los que quieres jugar y no estás a tu mejor nivel. Me perjudicó mucho, porque es una lesión que no sabes cuándo te vas a curar, de repente un día te levantas bien y no te vuelve a pasar.

Consiguió superarlo y volver a ser protagonista. ¿Hubo mucho trabajo físico y mental detrás?

Pues llegué a probar muchas cosas, incluso mi madre me comentó un día que había un remedio a base de picaduras de abejas, estaba dispuesto a tratarme con lo que fuese para recuperarme. Comencé con un primer tratamiento de fisioterapia, pero no progresaba y me comía la cabeza pensando que algo hacía mal. Di un poco con la tecla cuando empecé a trabajar con José Vilariño y, más tarde, con un fisio de Madrid, Joaquín Juan, por recomendación de Miguel de las Cuevas. Cogía el coche el día entre semana que tenía libre y me iba hasta allí, donde, a base de cambiarme plantillas, ejercicios nuevos y regular las cargas de entrenamiento, fui solucionando el problema. Hoy día, sigo yendo a Madrid para reconocimientos periódicos.

El futbolista de Arre tuvo ofertas de otros clubes, pero prefirió quedare en Osasuna.

En un momento dado, llegó el relevo generacional y, aunque a uno no le guste, no queda otro remedio que hacer las maletas y abandonar el equipo de sus amores. ¿Lo ve ahora con otra perspectiva más comprensible?

El futbolista es egoísta por naturaleza, piensa que tiene que jugar. A mí me pasaba igual, siempre creía que estaba bien y he hecho todo lo que estaba en mi mano para ello, pero luego hay un entrenador que es quien decide. Te podrá parecer mejor o peor, pero ahí no te puedes meter, hay que respetarlo, seguir entrenando al máximo y estar disponible para cuando te toca jugar, es lo que he hecho siempre.

Su siguiente elección fue de lo más pintoresca: la liga iraní. ¿Cómo surgió la posibilidad de dicho destino? 

Aquel verano, Osasuna ye me transmitió que iba a disponer de menos minutos, aunque en un primer momento no me planteé salir, quería continuar como rojillo y en mi casa. Nekounam, que era el entrenador del Fooland, ya me había tentado con que me fuera para allí. Es cierto que hasta Navidades seguí hablando con él, que intentaba convencerme y, al final, lo consiguió.

¿Por qué se inclinó a aceptarla? ¿Qué valoración hace de esa experiencia?

Me animó el hecho de que ese equipo ya se había clasificado para jugar cuartos de final de la Champions de Asia, algo que consideraba que podía abrirme puertas a futuro. Debo reconocer que en mi lista de pros y contras, había más de las segundas, era un cambio muy radical, dejar aquí a mi familia, hacer las maletas hacia un país que estaba a seis mil kilómetros de distancia, con otra cultura e idioma, me daba un poco de miedo, pero al final fue una experiencia increíble, que me ayudó muchísimo. Conocí a gente maravillosa, me ayudaron mucho y también es cierto que me fue bien en lo deportivo, que es importante. Como nos pilla muy lejos, hay mucho desconocimiento, pero se trata de un campeonato donde hay mucho nivel, más del que creemos. Después me surgió la opción de ir a otro equipo, el Gol Gohar, donde me fue mejor todavía. 

«Me ha tocado disfrutar de partidos con chavales de veinte años, que vienen muy preparados y hay que rendir ante ellos»

Finalizada la etapa iraní, decidió recalar en conjuntos más cercanos, como Escaldés, Nàstic y Orihuela. ¿Ha disfrutado ahí de otro fútbol?

Quien piense que en Primera y Segunda RFEF no hay nivel está totalmente equivocado. Me ha tocado disfrutar de partidos con chavales de veinte años que vienen muy preparados, hay que rendir y estoy orgulloso de haberlo hecho muy bien hasta el final. De hecho, al día siguiente de irme con el Orihuela ya tenía una opción para ir a otro equipo, pero tenía claro que aquí se acababa mi carrera profesional, porque he estado mucho tiempo fuera de casa.

¿Y cómo se afronta el momento de tomar la decisión de la retirada del fútbol profesional después de 19 años?

Tenía muy claro que intentar el ascenso del Orihuela, que me hacía mucha ilusión, era mi última experiencia como profesional, ya lo había pactado con mi mujer. Me da un poco de pena no haberme retirado con el equipo de mi pueblo, el Avance, pero tampoco me apetecía jugar en los campos de Navarra para escuchar cosas que no iban a ser agradables. Llega un momento en el que tienes que ser valiente y decidir que cuelgas las botas. 

¿Qué balance realiza de esas casi dos décadas?

Pues me siento muy orgulloso, porque es un porcentaje muy bajo el de los futbolistas que llegan a Primera o Segunda, lo que significa que conseguirlo es ciertamente complicado. No cambiaría nada de lo que he vivido, porque siempre he tenido claro que había que acarrear con las decisiones adoptadas. Nadie ha decidido mi futuro por mí y, aunque evidentemente me habré podido equivocar, estoy muy tranquilo conmigo mismo con todo aquello que he llevado a cabo.

¿Qué entrenadores le han marcado más en su carrera?

Me quedo con Enrique (Martín) y Jagoba (Arrasate) por cómo son ellos como personas. Y también con Mendilibar, que es el que me dio la posibilidad de debutar. Sí que es verdad que, por mi manera de ser y la de algún otro técnico, pues he vivido situaciones un poco diferentes, pero de todos ellos sin excepción he aprendido algo.

«Lo que más recuerdo son los ascensos, subirse al kiosko de la Plaza del Castillo y con toda la gente abajo disfrutando»

De esos 19 años de andadura, ¿qué situaciones curiosas le han pasado dentro y fuera del campo?

Me ha ocurrido que jugadores de equipos llamados grandes, como el Madrid o el Barça, te faltan al respeto y te dicen cosas que no esperas, pero que, cuando los conoces de verdad, no te sorprenden. Son futbolistas que viven en un mundo paralelo y que lo dejas pasar porque no merece la pena darle más importancia, es cierto que en un campo de juego se dicen muchas cosas. Y, en cuanto a momentos bonitos, lo que más recuerdo son los ascensos, llegar a la Plaza del Castillo y subirse al kiosko, con toda la gente abajo disfrutando. El fútbol te permite vivir situaciones que no son posibles con otros trabajos.

Torres ha exprimido su trayectoria profesional hasta llegar casi a las dos décadas.

¿Y se hacen amistades para siempre en un vestuario?

En un vestuario se forjan relaciones muy estrechas. En mi caso, he hecho un buen número de ellas, porque disfrutas de momentos únicos. Por ejemplo, cuando ascendimos con Jagoba y todos nos fuimos juntos a pasar las vacaciones en Ibiza. De aquella época, también recuerdo que nos gustaba mucho ir el lunes de carnavales a Tolosa, el míster nos daba descanso al día siguiente. Al final, si quieres que un equipo funcione también tiene que ser una cuadrilla de amigos.

¿Seguirá unido al mundo del fútbol o hay otras prioridades a corto plazo?

En principio, no, porque ahora mismo he terminado un poco cansado del fútbol de élite y de todo lo que le rodea, pues exige mucha dedicación, viajes, etc. Ahora quiero emplear mi tiempo a la familia y amigos, que me he perdido muchos planes durante estos años. Además, junto a mi mujer, estamos ahora inmersos en un negocio relacionado con el bienestar y el deporte, en el que hemos puesto mucha ilusión y que nos mantiene bastante ocupados.

Entonces, ni hablamos de sentarse en un banquillo.

Ahora no me lo planteo, aunque no descarto que en un plazo de dos o tres años intente sacarme el carnet de entrenador, pienso que se me podría dar bien, pero en estos momentos no es una de mis prioridades.

Osasuna se ha metido en un lío importante y se jugará el ser o no ser en Primera en esta última jornada.

Es que quizás de esta última década sea la temporada que más apretada está la clasificación. Ha sido un año de altibajos del equipo y el estar peleando por la permanencia no creo que sea una debacle. Cada año la plantilla es mejor, pero los rivales también disponen de mayor capacidad económica. No tenemos que perder nuestra seña de identidad, es lo más importante.

¿Algún consejo para quienes van a ser los protagonistas de un partido tan decisivo como el de este sábado?

En el fondo, la cuestión es que deben dar el máximo y no verse superados por la presión. A mí me gustaba jugar este tipo de encuentros, con tanta trascendencia, y no pensar en el posible fallo, sino en superarte a ti mismo y aportar todo lo posible al equipo. Hay calidad de sobra para conseguir la permanencia.