Feijóo se enreda con la moción de censura a contramano de lo que buscaba la semana pasada
El líder del PP lleva el foco a su propia dificultad para sumar los votos necesarios para derribar al Gobierno en el Congreso, en estricta contradicción con la estrategia de hace pocos días diseñada en Génova. Los críticos internos entienden la complejidad pero lamentan: «No hay nadie al volante».

Hace una semana, cuando miembros de la Guardia Civil se personaban en la sede del PSOE en Ferraz por un requerimiento relacionado con el ‘caso Leire Díez’ (que durante las primeras horas de la mañana se intentaba atribuir a la investigación a Zapatero), los voceros del PP eran claros: no vamos a hablar de la moción de censura.
Unos pocos días antes, cuando se había conocido en la víspera de la sesión de control la imputación del expresidente del Gobierno, en los pasillos del Congreso las palabras eran las mismas: diputados, portavoces relevantes y algunos de los estrategas de comunicación recalcaban lo mismo.
«El foco está en los casos de corrupción del Gobierno, no vamos a colaborar a cambiarlo y ponerlo en la derecha», explicaban a NAIZ y otros medios presentes. «No vamos a entrar en ese debate, podéis preguntar lo que queráis pero no hablaremos de la moción», comentaba con una sonrisa uno de los diputados de la bancada ‘popular’. Las preguntas no eran sin sentido: desde el atril y los pasillos, los legisladores de Vox pedían al PP que presentara una moción de censura y prometían apoyarla.
Pero la ansiedad mediática y política, signo inequívoco de estos tiempos, ha ganado la partida. Si se hace una revisión de las últimas horas, en las cabeceras hay muchos más títulos sobre la dificultad de Alberto Núñez Feijóo para conseguir los votos de aprobación de una moción de censura que sobre las causas abiertas de corrupción.
Para ser justos, no ha sido Feijóo el que habla explícitamente sobre el asunto pero su ambigüedad y las declaraciones de dirigentes del PP y las exigencias de algunos medios de comunicación hiperventiladamente opositores han hecho que entre en el debate y quede manchada su visita a Barcelona, a donde ha acudido este martes para hablar en unas jornadas del Cercle d’Economia.
La idea que pergeñan los cráneos de la primera planta del edificio de Génova es que Junts y PNV se abstengan en una moción de censura que ellos llaman «instrumental», es decir, para derribar al Gobierno y llamar a elecciones. Pero este martes Feijóo ya daba más ideas concretas y demostraba que no era tan instrumental: hablaba de «limpiar las instituciones» y de intervenir nada menos que RTVE, cuyo funcionamiento le genera «preocupación». Sería algo más, por tanto, que sesenta días en el Ejecutivo hasta los comicios.
A la espera de un fracaso de la «moción instrumental» están Ayuso y MAR. El ‘shock’ de una votación fallida que oxigene más a Pedro Sánchez sería enorme y el ayusismo no tardaría nada en activar la picadora de carne mediática
A todo esto Jordi Turull, el número 2 en los hechos de Junts per Catalunya, ha retado a Feijóo a que se reúna en Waterloo con Carles Puigdemont para negociar la moción, exhibiendo las contradicciones del propio PP, que anhela el apoyo de Junts pero a la vez vota en contra de la amnistía y del uso del catalán en las Cortes.
Al salir de la conferencia del Cercle d’Economia, como era de esperar, los reporteros le preguntaron al expresidente de la Xunta sobre lo dicho por Turull. «Vamos a hablar de cosas serias», desestimó, y no quiso profundizar. Minutos antes, frente a los empresarios catalanes, había afirmado desafiante: «No busco atajos ni vengo a pedir favores, vengo a garantizar que devolveré la decencia a mi país con ayuda o sin ella».
Elma Saiz se mofa y el PNV calla
Contra el objetivo buscado las semanas pasadas, la ejecutiva del PP nacional se ha visto envuelta en el centro del debate y retratada su debilidad en lo que hace a alcanzar una mayoría parlamentaria. De hecho, la portavoz del Gobierno central, Elma Saiz, se ha mofado de las pretensiones de Feijóo y lo ha acusado de estar en pleno estado de «desesperación» y de «cinismo». Además, le recomienda intentar llegar a Moncloa «por votos y no por atajos».
Los jetlzales no han hecho declaraciones sobre esto y no desean entrar al trapo. Pero días pasados, y tras el furibundo ataque del coportavoz Jaime de Olano al PNV (diciendo que era furgón de cola de EH Bildu y que su sentido de ética estaba «más con Otegi que con Gregorio Ordóñez»), una diputada comentó a NAIZ: «No nos sorprende, dicen que quieren construir puentes pero los destruyen. Ellos no entienden que están con Vox y mientras estén con Vox con nosotros no tienen nada que hablar».
Fuego amigo
El problema de Feijóo no es solo el comportamiento que muchos en el PP tachan de errático sino el ‘fuego amigo’: a la espera de un fracaso de la «moción instrumental» están Isabel Díaz Ayuso y Miguel Angel Rodríguez. El ‘shock’ de una votación fallida que oxigene más a Pedro Sánchez sería enorme y el ayusismo no tardaría nada en activar la picadora de carne mediática que controlan en el ecosistema madrileño para defenestrarlo e intentar dar el asalto a la jefatura del PP.
De hecho, algunos ‘genoveses’ atan cabos sueltos y señalan algunas muestras de ello. Una es lo de la expresidenta madrileña, Esperanza Aguirre, pidiendo enfáticamente una moción de censura durante una entrevista en Antena3 y desoyendo la prudencia de su presidente de partido. Aguirre está enfrentada con «los gallegos» (como algunos llaman a la cúpula actual liderada por Feijóo y Miguel Tellado), apoya a Ayuso y, además, algunos saben que varias de sus apariciones en los medios las pacta el propio MAR.
Una persona que durante una década tuvo un alto cargo en Génova y que ahora está en los márgenes, con asiduo diálogo con los dirigentes críticos a Feijóo y Ayuso, comentaba a NAIZ: «Por ahora no hay mucha crítica, se entiende que tienen que intentarlo aunque Junts los va a ridiculizar. Pero ya son costumbre sus bandazos permanentes, no hay nadie al volante».
«Hay una contradicción compleja, porque o sigues los principios y haces una moción que puedes perder o aplicas tacticismo político y no la haces para no evidenciar que no tienes apoyos. Pero lo peor es que no hay nadie serio en Génova capaz de hacer una hoja de ruta coherente», añade.
También Feijóo se enfrenta a una pregunta que subyace en los dirigentes y barones del PP: si en un momento tan malo para el PSOE, con tanto desgaste, no puede conseguir apoyos o abstenciones para forzar elecciones, quizás tenga que irse a su casa.
Y visto desde otra perspectiva: esta semana se han cumplido ocho años Sánchez ganaba la moción contra Mariano Rajoy luego de ser defenestrado por los socialistas más conservadores y de volver a ganar el partido tras la estrategia del Peugeot. Echarlo de Moncloa sin una sentencia firme podría ser un bumerán y movilizar a los progresistas que Feijóo quiere desmovilizados y que le vienen dando buenas noticias en las elecciones autonómicas.
Por ahora, el PP está en el centro del debate y el tema continuará durante todo junio, con promesas de sorpresa: en la segunda quincena Sánchez comparecerá a solicitud suya para hablar de estos temas y se esperan, cómo no, anuncios y contragolpe.

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