Iñaki  Iriondo
Cronista político

Unión Permanente de Empresas (UPE)

Elixabete Etxanobe, en el acto de Madrid.
Elixabete Etxanobe, en el acto de Madrid. (BIZKAIKO ALDUNDIA)

El acto de ayer en la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid evidenció la buena sintonía existente en materia fiscal entre la Diputación Foral de Bizkaia (y cabría decir lo mismo de la de Araba y Gipuzkoa) y los dirigentes de las grandes empresas, incluido el Capo di tutti capi de la patronal española. Y perdonen si esto es simplista, pero de siempre arrastro la presunción de que lo que es bueno para Antonio Garamendi no lo es casi nunca para la mayoría social. Llámenme antiguo.

Los retoques fiscales que Elixabete Etxanobe presentó el viernes para intentar trepar en el ránking del Índice Autonómico de Competitividad Fiscal que cada año elaboran la Fundación para el Avance de la Libertad y la Tax Foundation, donde sigue segunda muy cerca del Madrid de Isabel Díaz Ayuso, parece que no han gustado del todo al PSE. Pero ya ha previsto el presidente del BBB, Iñigo Ansola, que al final habrá «entente».

Porque lo del PNV y el PSE, con todas sus peleas, ha pasado ya de Unión Temporal de Empresas (UTE) a una Unión Permanente de Empresas (UPE), una suerte de coalición perpetua que, por encima de sus riñas cíclicas -que nos entretienen mucho-, tiene el objetivo común de seguir como están, es decir, al frente de los Gobiernos. Distinto es el poder, que cada vez parece más claro que quienes lo tienen de verdad son los amigos de Garamendi. Otra UPE.