
Como asociación, International Council of Societies of Industrial Design (ICSID)/Consejo Internacional de Sociedades de Diseño Industrial se constituyó en Londres el 29 de junio de 1957 y, con motivo del 50 aniversario, desde 2007 proclama su rememoración.
El diseño industrial, muy resumidamente, es un proceso laboral que mediante la imaginación, proyecto, fabricación y posterior intuitiva utilización de objetos muy diversos de utilidad pública, contribuyen con su fácil manejo a la mejora de la calidad de vida de la humanidad y aportan al elemento un componente cultural añadido de sencillo atractivo basado, en lo formal, la renuncia a la ornamentación superflua y el minimalismo al servicio de la funcionalidad.
Esta consideración cultural de la manufactura industrial tiene su origen en el artista francés Jacques Viénot (1893-1959), quien la consideraba como el ‘arte implicado’, y fundó en 1951 el l'Institut d'esthétique industrielle que dos años después culminó con la organización en París del Congrès International d'Esthétique industrielle. Es decir, que los objetos producidos por la industrialización poseen en ocasiones unas cualidades que además de ser reconocidas por su sentido práctico y utilidad, denotan unos valores formales que los hacen singulares, de sencilla belleza con una silenciosa estética. Una unidad coherente entre su tecnología, la función y su apariencia, la forma. Es el paso de la tradicional producción artesanal de pieza única a la fabricación en serie y que coincide con una época de desarrollismo de bienes de consumo, especialmente domésticos.
Muy poco después, en la siempre innovadora Catalunya, a pesar de la dictadura franquista, la intelectualidad catalana estaba desarrollando su revolución cultural y una de sus expresiones fue desde la creatividad de las Bellas Artes, de la arquitectura al grafismo, pasando por la apreciación de la forma como estímulo estético.
El notable arquitecto Antoni de Moragas i Gallissà (Barcelona, 1913-1985), junto con un grupo de profesionales de diversas disciplinas afines, crearon en 1957 el Instituto de Diseño Industrial de Barcelona, (IDIB). Asociación que tres años después se constituyó como Agrupación de Diseño Industrial del Fomento de las Artes Decorativas (ADI-FAD), en 1960. Y ya, en el proceso de catalanización de todas las entidades de la nación, en el ADI-FAD. Associació de Disseny Industrial-Barcelona Foment de les Arts i del Disseny, prestigiosa agrupación cuya máxima actividad exterior alcanza a todo el Estado, e incluso con repercusión internacional, son los Premis Delta desde 1961 y años después en 1976 en modo bienal las medalles Delta.
Toda esta evolución cultural que transforma la modernidad de cierta producción industrial repercutirá firmemente en el ámbito domestico, el más significativo, desde las lámparas hasta las sillas pasando por otra sfacetas más públicas, el grafismo o de objetos de consumo desde la joyería a las motos, ha creado una identidad cultural en Catalunya con acreditadas escuelas de diseño. La Escola Massana (1929) inicialmente de técnicas, aplicaciones artísticas y oficios, Elisava (1961) pionera en el Estado, Eina (1967), hasta más de un docena, que ha introducido la innovación de múltiples productos. Asimismo, surgieron tiendas-museo con objetos sorprendentes de reconocido prestigio internacional, Vinçon, BD (Barcelona Design) Pilma y otras de diferentes producciones. Desde 2014 toda esta creatividad ha culminado con la construcción del espectacular Museu del Disseny-Disseny Hub Barcelona (DHub) en la Plaça de les Glóries.
Esta transformadora contemporaneidad de más de medio siglo, ha irradiado y despertado, posteriormente a otras naciones con cierta tipologia industrial de fabricación de objetos de habitual utilidad cotidiana entre ellas a Euskal Herria. Es quizá Eibar, en su Armagintzaren Museoa, donde se intuye lo que si fuésemos un país con conciencia cultural y autoestima ya se debiera haber creado hace muchos años: un Museo Nacional de la Industria y la Técnica con una sección dedicada al Diseño. Pero visto el negligente perfil cultural de los sucesivos gobiernos y el desprecio por todo lo que constituye el patrimonio que muestra, sin pudor alguno, el Partido que ostenta el poder nada se puede esperar tras tanta intoxicación irradiada. Solo que su indisimulable fracaso global produzca su decaimiento final.
Un diseño universal
Para acudir a un ejemplo muy generalizado de diseño, en este año 1926 se cumple el centenario de la creación de uno de los muebles más reconocidos como ejemplo de radical innovación vanguardista, de diseño: La butaca Wassily. Ideada un año antes por el notable arquitecto húngaro Marcel Breuer (1902-1981). Inicialmente alumno de la Bauhaus, prestigiosa escuela de arquitectura, diseño, artesanía y arte fundada en 1919 por otro gran arquitecto, Walter Gropius en Weimar (Alemania), que tras una época fuera cuando regresó como profesor de carpintería compró para sus desplazamientos una bicicleta marca Adler. Comprobó que su estructura tubular de acero de 20 mm de diámetro era ligera, sólida, flexible y se podía doblar, especialmente el manillar, por lo que se propuso aplicar el tubo para la construcción de sillas y creó un prototipo la B3. Estaba destinada a la casa de su colega en la famosa escuela el pintor Wassily Kandinsky (1888 1944) por lo que tomó esta denominación comercial.
La idea era configurar una silla de forma compacta a modo de un cubo (ancho 79, fondo 69, alto 73, asiento a 42 cm.) mediante el desarrollo continuo de un tubo de acero cromado pulido con giros y angulaciones levemente curvas en los vértices en horizontal y vertical plegándolo y juntándolo como un elemento continuo para conseguir la estructura portante de una silla que no apoyase sobre cuatro patas. Con complementos de tela, posteriormente de cuero, tensionados por ambos extremos a la estrcutura para el asiento y el respaldo perpendiculares entre sí pero inclinados 20º respecto de la horizontal. A pesar de su aspecto industrial es sumamente cómoda. La trascendencia de su innovadora configuración tuvo, y mantiene todavía, un reconocimiento y repercusión universal.
Prácticamente, en años inmediatos surgieron otros modelos construidos con el mismo material e idéntica técnica del curvado del tubo de acero que dieron lugar a otras sillas de gran relevancia diseñadas asimismo por importantes arquitectos: el holandés Mart Stam (1899-1986) en 1926 con la silla S33, el propio Marcel Breuer con la silla B32 y Mies Van der Rohe (1886-1969) en 1927 con la silla MR-20. Estas piezas, cuando se conoce la época de su invención, suelen causar una cierta sorpresa satisfactoria. Su implantación en determinados ambientes, incluso en ocasiones sin vocación de ser usadas, constituye una connotación de singularidad y modernidad.

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