Iruñea se prepara ante el desafío de una población cada vez más longeva
La vejez supone casi una cuarta parte de la vida de las personas, una fase que tiene necesidades particulares y que transforma todos los ámbitos de la vida. Es por eso que el Ayuntamiento de Iruñea ha aprobado el primer Plan de las Personas Mayores, ya que su población es cada vez más longeva.

Como ocurre en numerosas ciudades, Iruñea está viviendo un notable incremento de la población mayor de 65 años, un fenómeno que se ha intensificado en los últimos años debido al alargamiento de la esperanza de vida y al descenso de la natalidad. Actualmente, el 23% de la población de Iruñea supera esta edad. Son 48.423 personas, de las cuales 15.734 superan también los 80 años, según datos del Instituto Navarro de Estadística elaborados a partir del INE. Este fenómeno demográfico se conoce como sobreenvejecimiento.
Las previsiones para 2030 apuntan a que esta tendencia continuará. En Nafarroa, la población mayor de 65 años superará el 25% del total. Iruñea parte, además, con una edad media superior a la del conjunto de la Comunidad Foral, con 45 años frente a los 43,8 de media. Por lo que, todo indica que ese porcentaje se igualará o incluso se superará en la capital.
Para dar respuesta a esta situación, el Ayuntamiento presentó el primer Plan Municipal de las Personas Mayores 2025-2030. El documento fija tres grandes líneas de trabajo y un total de 99 iniciativas concretas vinculadas a ellas: la promoción del bienestar físico y biopsicosocial; una ciudad accesible, segura y funcional; y el refuerzo de los servicios sociales y de los recursos comunitarios.
El plan «surge de la necesidad de dotar de una visión estratégica a toda la acción municipal en materia de personas mayores», un ámbito que hasta ahora no se había abordado de esta forma. Así lo explica Zaloa Besabe, concejala delegada del Área de Igualdad, Acción Comunitaria, Barrios y Diversidad Cultural: «lo que se ofrecía eran actividades y medidas centradas casi exclusivamente en lo asistencial» y al mismo tiempo inconexas entre ellas.
«El plan surge de la necesidad de dotar de una visión estratégica a toda la acción municipal en materia de personas mayores»
Buscan así, dotar al área de mayores de los mismos recursos que otras áreas municipales: personal técnico especializado, un plan estratégico propio y presupuesto específico. «Contar con un plan para las personas mayores nos permite, además, sistematizar la transversalidad e incorporar sus demandas, necesidades e intereses en todas las áreas del Ayuntamiento», señala Besabe.
El proceso de diseño y desarrollo del plan se llevó a cabo desde un enfoque comunitario y participativo y teniendo como base un diagnóstico elaborado en 2019 y actualizado en 2024-2025. Participaron integrantes de las redes de mayores, así como personas usuarias de diferentes asociaciones. En total, 204 personas (151 mujeres y 53 hombres) asistieron a 13 sesiones.
Asimismo, se recogieron encuestas que permitieron reunir un total de 980 aportaciones. La mayoría de las contribuciones se centraron en la mejora de la accesibilidad en un sentido amplio –física, cognitiva y urbana–, así como en la promoción del bienestar. El proceso también incluyó la participación de personal técnico municipal vinculado al ámbito de las personas mayores, como el área de deportes, con el objetivo de integrar distintas perspectivas y garantizar el mencionado enfoque transversal en el diseño del plan.
Realidades específicas
El diagnóstico evidenció la diversidad de realidades, perfiles y necesidades entre las personas mayores. «Nada tiene que ver una persona con 65 años con una de 97, y la acción política, también desde el ámbito de lo local, tiene que responder a todas ellas con recursos adecuados», explica Besabe.
El estudio recogía también elementos que complejizan la realidad de cara al futuro. La concejala de Iruñea así lo explica: «por ejemplo, las personas mayores de origen extranjero a día de hoy son aproximadamente un 7% y este porcentaje irá previsiblemente en aumento, por lo que habrá que responder a sus realidades específicas, normalmente marcadas por menos recursos y redes familiares más limitadas».
Otra de las casuísticas específicas que planteaba era la de las mujeres. La población mayor de 65 años en Iruñea es mayoritariamente femenina (59%). A partir de los 90 años, las mujeres representan el 70% de la población; en el grupo de 99 años o más, llegan a representar el 83%. Estos datos resultan más significativos si se tiene en cuenta que la renta de las mujeres es mucho menor y, por lo tanto, la capacidad adquisitiva de estas las hace todavía más vulnerables.
Redes de mayores
na de las experiencias con más recorrido y que al mismo tiempo ha servido como espacio de debate para la formación de este plan son las Redes de Mayores, organizadas por barrios. Un programa de apoyo comunitario que funciona coordinando a asociaciones de personas mayores, vecinos y vecinas, comercios o servicios como farmacias. Aunque es una iniciativa abierta a todo aquel que quiera contribuir al proyecto.
Una vez al mes, las entidades presentes en la red de cada barrio se reúnen para intercambiar información y propuestas, y, además, se programan actividades de diversos tipos para intentar responder, de manera comunitaria, a las necesidades de las personas mayores y para evitar la soledad no deseada. Este programa, además, cuenta con el reconocimiento de los V premios de Calidad de la Red Española de Ciudades Saludables en la categoría Acción Comunitaria en Salud.

La primera red se creó en 2022, siguiendo la iniciativa del Pacto del Mayor de San Juan, en marcha desde 2018. Iturrama y Santa María la Real fueron las primeras, y la experiencia resultó fructífera, por lo que también se exportó a los barrios de Casco Viejo, Ensanche, Milagrosa, Txantrea, Ermitagaña-Mendebaldea, Azpilagaña, Mendillorri, y Rochapea.
Ainhoa Guelvenzu trabaja desde hace dos años y medio como técnica comunitaria de personas mayores. Entre sus funciones principales se encuentra la gestión y dinamización de estas redes. Para ella, es clave el tejido asociativo o «caldo de cultivo» que pueda existir en los barrios y contar con él para el desarrollo de los ejes e iniciativas acordadas en el plan, «sumarnos a lo que ya hay en lugar de llegar con un paracaídas y aterrizar en un terreno en el que se estaba haciendo algo y no contar con ello». Guelvenzu explica que suele ser garantía de éxito de las redes. Así mismo, reconoce que en algunos barrios han tenido que empezar «casi desde cero».
Una de las iniciativas que ha querido destacar es la de los encuentros sociales. «En Iturrama comenzamos con estos encuentros con dos personas y «otro par de voluntarias». «Ahora participan una media de unas 35-40 personas cada martes» cuenta la técnica de mayores. Un espacio en el que se hacen diferentes actividades, desde charlar, leer o juegos de mesa, cada día un plan diferente. Además, Guelvenzu explica que a partir de esos encuentros han ido surgiendo nuevas y diferentes iniciativas, como los paseos colectivos que organizan ya desde un tiempo.
Es el alumnado de la asignatura Dinamización de Grupos de la carrera de trabajo social de la UPNA el que dinamiza muchos estos encuentros, gracias al convenio con la Universidad con el que cuentan.
«Me ha cambiado la vida», «Ahora tengo amigas en el barrio». Son algunas de las declaraciones realizadas por personas usuarias de este programa. Guelvenzu subraya al respecto que «vivir en un barrio en el que no conoces a nadie y darte cuenta de que la mujer que acude al encuentro es tu vecina de la puerta de al lado es un cambio trascendental en el día a día de las personas mayores, porque a partir de entonces alguien te pregunta qué tal, conoce tu nombre, te salude, te acoge…».
El valor de juntarse
De hecho, la soledad y el aislamiento de las personas mayores sigue siendo el mayor reto para estos programas y para el plan en general. Según el diagnóstico, el 25,3% de las personas de 65 años o más que residen en Iruñea viven solas, una proporción que aumenta con la edad y alcanza el 33% entre quienes superan los 80 años. «Hay gente mayor a la que le cuesta mucho salir de casa. ¿Cómo llegamos a ellas? Seguramente son las que más necesidades tienen», explica la técnica comunitaria.
Pueden ser clave establecimientos como las farmacias, donde ya se han detectado casos de mujeres que acudían a diario a por cualquier tipo de producto para poder hablar con alguien. «Esas personas no explicitaban un ‘me siento sola’, pero es una señal que hay que saber interpretar y actuar», determina Guelvenzu. Es por esto que subraya la importancia de implicar a todo tipo de agentes (asociaciones, comercios, personas activas del barrio...) en la coordinación y organización de las redes de mayores y de sus actividades.

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