Proceso de territorialidad campesina y agroecología en Colombia
Con la llegada de la ultraderecha, la solidaridad internacional y el poder popular campesino se unen para hacerle frente. Este reportaje recorre los Tecam, la apuesta campesina por la tierra. Por seguridad, se omiten algunos nombres de las personas que aparecen en el texto.

«Lo primero que hay que sembrar, decían los antiguos, es tomate, ají y yuca, que es lo primero que pega en la tierra», comenta uno de los miembros de la finca La Libertad, ubicada en el sur del departamento del Cesar, en el Caribe colombiano.
La soberanía alimentaria, la autogestión, la agroecología y la territorialidad son algunas de las bases del proyecto político y social aprobado en el año 2024 mediante el Decreto 780, que crea los Territorios Campesinos Agroalimentarios (Tecam). La finca La Libertad es parte de uno de estos procesos: el Tecam de la Serranía del Perijá y el Valle del Río Cesar.
La comunidad lleva viviendo en estos predios desde hace dos meses, pero ha luchado toda la vida por recuperar tierras improductivas en manos de grandes terratenientes. Las tareas de cuidado de la tierra se organizan de manera colectiva, al igual que la cocina. Los alimentos se compran en común, mientras muchos se turnan para trabajar como jornaleros en fincas de la región, en espera de que su proceso les permita cultivar y cosechar para el autoconsumo y para abastecer a partes cercanas de la región con productos agrícolas.
La Agencia Nacional de Tierras de Colombia (ANT) les adjudicó finalmente estos predios, cercanos a la mina La Loma de Drummond, donde ya comienzan a evidenciarse algunas afectaciones al medio ambiente producto de la actividad extractiva.
Aún viven en pequeños ranchos que han construido; cuentan con algunas fuentes de agua y han comenzado a sembrar diversos productos, además de tener algunos animales. Sin embargo, el camino para fortalecer el proceso y el plan de vida aún es largo. Necesitan agua para el riego, maquinaria pesada para la adecuación del terreno y apoyo para la construcción de las viviendas. Todo con el fin de llevar el proceso tal como está delineado en el plan de vida, uno de los requisitos que se exige a las comunidades campesinas que desean ingresar a los procesos de construcción de los Tecam.
Con la llegada de la ultraderecha al gobierno, una nube de incertidumbre ha puesto en marcha la organización de los movimientos populares en estos territorios, así como los lazos de solidaridad internacional para defender su tierra y su proyecto político en los Tecam.
«El pueblo vasco ha sido históricamente un pueblo trabajador y muy unido a la tierra y a su cultura», dice Xabi, del Komite Internazionalistak, organización que lleva trabajando en Colombia más de 30 años y que hace parte de la caravana solidaria de Redher, dentro de una comitiva de cinco internacionalistas vascos que viene de Euskal Herria a acompañar, aprender y compartir saberes de lucha y resistencia con las comunidades de los Tecam en Colombia.
Aunque reconoce que se ha perdido mucho del tejido campesino y ganadero en Euskal Herria por los modelos neoliberales, señala que todavía persisten iniciativas importantes de agroecología, que para ser efectivas deberían contar con apoyo institucional y una cohesión nacional, aunque han aprendido que el poder popular puede perdurar más allá de ese apoyo institucional.
Los 30 años de trabajo de Komite Internazionalistak en Colombia los han llevado a conocer de primera mano las condiciones sociales de un país gobernado por una élite que controla la mayoría de la tierra y los recursos. También conocen de primera mano a un pueblo campesino que ha sido explotado y perseguido por las avanzadas paramilitares y las fuerzas estatales en lo más álgido de la guerra en Colombia, a finales de los 90 y en la primera década de este milenio. Recuerdan el año 2001, cuando una caravana humanitaria se configuró para romper el cerco paramilitar a las comunidades del sur del Bolívar.

Un proyecto de vida
Los Tecam nacen de una necesidad histórica de distribuir la tierra al campesinado, que tradicionalmente ha estado en manos de grandes terratenientes y multinacionales. Pero no solo se trata de la tenencia: el poder de gobernanza y la participación democrática en la construcción de una vida campesina con dignidad es lo que vislumbran las comunidades que conforman los diferentes Tecam.
El proceso para la construcción de los Tecam consta de varios pasos previos a su formalización, los cuales se han construido con la Coordinadora Nacional Agraria, una organización social y campesina que lleva décadas trabajando por la defensa de los territorios y del campesinado en Colombia.
Los pasos comienzan con la organización de los campesinos, quienes deben presentar la solicitud ante la Agencia Nacional de Tierras (ANT). Luego se van consolidando los diferentes requisitos legales, se realizan visitas técnicas al territorio y se llevan a cabo socializaciones con las comunidades para comenzar a formalizar el proceso mediante el trazado de un plan de vida digna, columna vertebral de la configuración organizativa de las comunidades en el Tecam. Dicho plan debe ser aprobado en asamblea y posteriormente socializado en audiencia pública.
Finalmente, la decisión de iniciar el proceso del Tecam pasa por la junta directiva de la ANT; una vez aprobado, se le hará seguimiento a través del Ministerio de Cultura. Desde la recuperación y tenencia de la tierra hasta el desarrollo de los proyectos productivos agrícolas, hay un camino que no solo termina con la formalización legal de los Tecam, sino con la capacidad de echar a andar el proceso y permanecer en el territorio.
Para muchos en el movimiento campesino, los Tecam son una de las puntas de lanza de una de las luchas históricas en Colombia: la Reforma Agraria Integral y Popular, junto a la Reforma Urbana.

Riesgos
Pero todo esto podría acabarse con el nuevo gobierno de la ultraderecha en Colombia, temen las comunidades de los Tecam del sur del Cesar y del sur de Bolívar, en el Caribe colombiano, aunque su preocupación se extiende a los demás territorios del país.
«¿De qué sirve formalizar los Tecam si nos asesinan a los compañeros?», dice uno de los miembros de la comunidad que conforma uno de estos territorios. El avance paramilitar en la zona del sur de Bolívar es evidente: persecución y muerte selectiva de líderes sociales que han denunciado esta situación, destrucción y ataques en algunas veredas cercanas al corregimiento de Micoahumado, además de combates con el ELN, que tiene presencia en la zona.
El avance del paramilitarismo ha golpeado históricamente este territorio. En 2024, Narciso Beleño, un querido líder campesino que venía denunciando el avance paramilitar en la zona, murió a manos de sicarios. Esto se suma a las violencias históricas de los paramilitares en la región, a los bombardeos del Ejército y a los combates entre el ELN y el Ejército.
Muchos temen que con la llegada de De la Espriella al gobierno la guerra se intensifique en estas regiones, especialmente con el avance del paramilitarismo. También hay preocupación por posibles estrategias desde la institucionalidad que puedan impactar negativamente en el proceso campesino. Recuerdan los casos de Agro Ingreso Seguro, un plan del gobierno de Uribe en el que se adjudicaron subsidios destinados al campesinado a empresarios y terratenientes.
«Los Tecam fueron concebidos como una estrategia de protección del territorio y de permanencia de campesinas y campesinos», afirma Yhoanna Milena Castaño, del equipo de trabajo, quien también teme que la figura del Tecam pueda ser aprovechada por grandes tenedores de tierra para apropiarse de más terreno. «Logramos identificar que algunos terratenientes y algunos intereses particulares estaban viendo la oportunidad como una estrategia para apoderarse de tierras».
«Estamos para zapatear barro y echar para adelante», señala una de las miembros de la comunidad y del Tecam de la Serranía de San Lucas, en el sur de Bolívar. Aunque saben que se vienen tiempos difíciles, confían en el poder organizativo de las comunidades para seguir construyendo, desde el Tecam, un proceso que les permita permanecer en el territorio.
En Arauca, donde hay otros Tecam, se encuentra uno de los procesos más adelantados; ya cuentan con acueducto y otros servicios gestionados por las mismas comunidades.
Cada uno de los 29 Tecam que se han formalizado tiene diferencias marcadas por las realidades geográficas, organizativas y materiales, pero todos están atravesados por un proceso en el que se reivindica la vida digna del campesinado a través de su relación con la tierra y su tenencia, de modo que este colectivo tenga el poder de tomar decisiones sobre su territorio en un ejercicio de democracia directa.
Esta es una apuesta que, desde diferentes organizaciones sociales como la Coordinadora Nacional Agraria (CNA), se ha impulsado junto con otros procesos con el campesinado colombiano, para buscar una reforma agraria integral y popular con la que consideran que se avanzaría a la construcción de una nueva realidad territorial en el campo colombiano.
Pero la comitiva vasca sabe que es el momento de la solidaridad entre pueblos. Bego, una de las participantes de la comitiva vasca, señala: «Euskal Herria vive y ha vivido sus mismos procesos de resistencia ante un enemigo común como es el capitalismo y el fascismo». También comenta acerca de las amenazas globales que afectan a diferentes territorios: «El auge de los discursos de odio y el debilitamiento de derechos tiene alcances globales. No dejemos de hablar de Palestina, de Venezuela, Cuba e Irán, todos procesos distintos».

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