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La inquietante incógnita de que se buscara «una sarracina» y un par de certezas

Pocas cosas se aclararon en la primera sesión del juicio, salvo que ningún acusado vio la pelea que les llevó al lugar y que todos acabaron sumándose a las cargas que ya había. Pero sí se sembró una duda.


Todos los acusados, salvo uno, coinciden en que la actuación policial que acabó matando a Iñigo Cabacas fue «correcta» y «la única» que podía darse en aquellas circunstancias, y sus respectivos abogados se encargaron de que quedara constancia de ello durante el juicio de ayer. Sin embargo, el oficial Juan José de Pablo (nº profesional 3389), el mando de mayor graduación de cuantos son juzgados, tiene otra visión de los hechos y también fue su propio abogado el que le puso en bandeja la respuesta. El oficial 3389 declaró que, por experiencia, Ugarteko debía saber que mandar agentes uniformados a ese lugar en el que se estaba celebrando la victoria del Athletic se iba a considerar una provocación. E incluso asumió que dando esas órdenes es evidente «que se va a liar» y que en esas circunstancias alguien acabaría tirando un botellín de cerveza. Y, por eso, concluyó que ese modo de actuar es «incorrecto o que busca una sarracina». A su entender, la mejor forma de acabar con aquellos incidentes era marcharse de allí.

La hipótesis lanzada por el oficial De Pablo es muy inquietante, y cabe suponer que había meditado lo que iba a decir porque estaba contestando a su propio defensor, con quien normalmente se conciertan preguntas y respuestas. En su interrogatorio de ayer, recordó además que, durante los últimos años antes de ese día, él había estado ejerciendo precisamente las labores de jefe de operaciones como Ugarteko.

La incógnita que dejan las palabras del oficial se agranda cuando en las grabaciones de aquella noche se evidencia la obsesión que quien da las órdenes por radio tiene con la herriko taberna e insiste en que se entre hasta llegar a ella.

Lo cierto es que todos los que están sentados en el banquillo de los acusados acudieron al lugar de los hechos alertados por el aviso de una pelea que al llegar ninguno de ellos vio. El suboficial Kepa Muriel (nº profesional 5351), aseguró que entre que recibió el aviso y se personó en la zona al mando de su furgoneta pasaron «30 segundos». Y no había ni rastro de la pelea, pero sí un recibimiento con lanzamiento de botellas, adoquines y otros objetos, que calificó de «espeluznante». Tanto él como los agentes a su mando aseguraron que lo ocurrido fue «una encerrona a la Ertzaintza», a cargo de «radicales y violentos» según adjetivación del suboficial Muriel. Describen episodios de violencia tales que les impedían salir de sus vehículos. Pero salieron y no hubo ningún ertzaina herido ni hay partes de daños de las furgonetas desplazadas a la zona.

Todos los procesados coinciden también en que para cuando llegaron ya había en el lugar otras dos dotaciones de la Ertzaintza cargando con pelotas de goma, cuya presencia desconocían porque no estaban en la frecuencia de radio fijada para el operativo especial del partido. Como ya se escuchaban detonaciones, nadie, al menos por su parte, creyó necesario cumplir con el protocolo de avisar a los concentrados de que se disolvieran antes de empezar a disparar unas pelotas que, según dijeron, no sabían que podían llegar a matar a una persona.

Todos los agentes dispararon y todos los mandos ordenaron en algún momento cargar, aunque las explicaciones de quién tenía la capacidad de dar las órdenes a cada cual dependió ayer de cada declarante y de cuál fuera su conveniencia. Entre todos ellos acabaron dando la impresión de que la Ertzaintza era, al menos en 2012, una fuerza bastante caótica. Pero volvió a quedar claro que cuando Ugarteko hablaba todos obedecían, y que sobre la zona había un oficial con autoridad sobre todos los anteriores.

Lo que también resultó otra certeza es que la fiscal actúa como una defensora más de los imputados, empeñada en demostrar que ninguno de los mandos presentes podía poner fin a todas las cargas, y que muchos más agentes que los acusados dispararon aquella noche. Esto último es un dato conocido, hasta el punto de que la propia jueza instructora reconoció que lo ocurrido la noche del 5 de abril de 2012 solo se había podido esclarecer en parte.

En la sala también estuvieron presentes tres abogadas que representan al Gobierno de Lakua, y llamó la atención que al finalizar la vista oral departieran amistosamente con algunos de los acusados y su defensora a la vista de todos los presentes, comprometiendo la imparcialidad del Ejecutivo autonómico.

La muerte de Iñigo Cabacas seguirá sin aclararse del todo, ni siquiera uando acabe este juicio. Pero la sesión de ayer añadió un elemento más de preocupación. ¿Por qué un oficial deja caer conscientemente que alguien con mando en el cuerpo podía estar buscando una sarracina?