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Aleka, semilla vasca

Por fuera, un caserío como tantos otros de Euskal Herria, rodeado de praderas y bosques, con la humedad ambiente que lo impregna todo en estos días de invierno y empuja a entrar para disfrutar de la calidez de la cocina. Amenabar Behekoa, de Beizama, tiene, sin embargo, algo especial: alberga en su interior la infraestructura de Aleka, la red vasca de producción de semilla para la agricultura agroecológica.

Miguel Arribas, Kelo, en el caserío de Beizama. (Gotzon ARANBURU)

Hasta hace unos años, la generación de nuestras abuelas, en los caseríos se guardaba una parte de la cosecha de cereales, leguminosas, verduras… para obtener la semilla del próximo año. Se sabía cómo extraerla y conservarla, y se intercambiaba con otros baserritarras. También en ese aspecto era autosuficiente el caserío, un ámbito en el que «soberanía alimentaria» era más que un eslogan.

Sin embargo, las grandes multinacionales que se han ido apoderando del sector de la alimentación humana en todas sus fases, desde la agricultura y ganadería intensivo-industriales hasta su comercialización, pasando por los abonos y los pesticidas, también echaron el ojo a las semillas. No querían que nada escapara a su control, y en ese empeño no podían dejar que el principio de todo proceso agrícola siguiera en manos de agricultores y comunidades campesinas del mundo. Poco a poco, compañías como Monsanto o Bayer han monopolizado la producción de semilla a nivel planetario. Y mediante registro de marcas y legislación favorable, han logrado casi desterrar una práctica milenaria de los campesinos, ilegalizándola, o consiguiendo que éstos deleguen su tradicional función en favor de las citadas multinacionales.

Al mismo tiempo, el consumidor demanda cada vez más productos naturales, ecológicos, provenientes de su entorno cercano. Así, la agroecología se ha ido abriendo camino, también entre nosotros, pero los productores se han encontrado con ese obstáculo: plantan sus tomates o sus berenjenas, los abonan, los cuidan y los cosechan con criterios ecológicos, controlando casi todo el proceso, pero solo «casi», pues la semilla debían comprarla -la semilla, aunque se compre en Euskal Herria tiene un origen de producción externo, probablemente asiático o americano- muchas veces fuera de nuestro país, y en no pocas ocasiones recibían un producto de escasa calidad. Había un déficit evidente en este aspecto crucial, y se ha intentado paliar mediante iniciativas como Hazien Sarea, Hazibana, Karabeleko, Hazizaleak, entre otras, basadas en la militancia ecológica y la solidaridad.

Producir semilla para agricultura no es ninguna broma. Para ser comercializada ha de ser de calidad, segura para el consumo humano –y el animal, en su caso– y debe atenerse a unos criterios que las administraciones han establecido. Por ejemplo, tiene que garantizar un alto índice de germinación. Ha de conservarse hasta su venta en condiciones adecuadas de temperatura y humedad. Debe producirse en un volumen considerable. La asociación Aleka ha aceptado el reto y cumple su primer año como productora-multiplicadora de semillas.

La «central» de Aleka está situada en Amenabar Behekoa, caserío de Beizama que regenta desde hace una decena de años Miguel Arribas ‘Kelo’, quien vende su producción hortícola y frutícola en la comarca de Urola y Tolosaldea. Kelo se ha implicado desde siempre en tareas asociativas, de difusión, de enseñanza y promoción, en el sector de la agricultura ecológica. Como a los demás agricultores y agricultoras que comparten esta filosofía, el hecho de no poder disponer para su suelo de semilla ecológica y local le preocupaba. Siempre produjo semilla para su actividad agrícola y hace algunos años comenzó a contactar con unos y otras, a informarse, a aprender, a animar a otros agricultores, y finalmente el año pasado Aleka vio la luz, no sin dificultades.

La actividad principal de Aleka, de la que por ahora forman parte una decena de productores vascos, mayoritariamente guipuzcoanos, es la multiplicación de semilla y su posterior distribución a los productores (profesionales o aficionados) de Euskal Herria. El producto está certificado y es de calidad contrastada, imprescindible para obtener la confianza de los agricultores ecológicos. En palabras de Kelo Arribas «contamos con experiencia en el manejo agrícola y la reproducción de semilla de productores con largo recorrido en la agricultura ecológica, así como el conocimiento y el material genético de otras experiencias previas». Por el momento, aproximadamente el 90% de la semilla comercializada por Aleka procede de las tierras de Amenabar Behekoa, pero cada vez más productores se van animando a aportar su propia producción de semilla a la asociación, ampliando así la variedad de la oferta de Aleka. Biolur, la asociación de productores de ecológico de Gipuzkoa viene apoyando desde un primer momento la iniciativa Aleka, ayudando en su diseño y dinamizando la red entre los profesionales del sector.

El aspecto legal de la producción de semillas es espinoso. Existe un registro de las mismas, que condiciona qué y quién puede producir y distribuir semilla legalmente. Después de una larga reflexión, en la que cuestiones éticas y de principios no siempre casaban bien con el sentido práctico y la necesidad de atender una demanda creciente de los agricultores ecológicos, Aleka recibió después de mucho tiempo y trabajo el permios de multiplicadores oficiales de semillas, lo cual le permite distribuir y comercializar legalmente el producto. «Al obtener el permiso –señala Kelo– obtenemos un reconocimiento legal a nuestra actividad, la ancestral y legítima actividad campesina de comercializar e intercambiar semillas, actualmente criminalizada y en manos de unas pocas multinacionales especializadas».

Ordenadas en estantes, limpias y frescas en recipientes de madera, descansan en Amenabar Behekoa kilos y kilos de semillas, desde tomate hasta perejil, pasando por habas o alubias. En otra estancia se encuentra el laboratorio, dotado con el instrumental indicado por la ley. En una cámara de germinación, Kelo guarda pequeñas muestras de semillas en recipientes de cristal, para comprobar su índice de germinación. Solo las semillas que superan todas los controles de calidad son envasadas y se disponen para la venta.

Aleka proyecta ofrecer cerca de ochenta variedades de cuarenta especies registradas, pero no deja de reivindicar la desobediencia al monopolio de las multinacionales apuntalado por la legislación vigente. Aleka apuesta por la venta directa y la colaboración con el tejido productivo local. Quien desee proveerse de semilla ecológica vasca puede acercarse a este caserío de Beizama, pero también la encontrará en mercados, en internet o a través de determinados viveros ecológicos locales. Kelo recibe hoy la visita de otra baserritarra de la asociación, Mirian Arrizabalaga, del caserío Donieneberri de Itziar, dedicado a la agricultura ecológica. Mirian y su hermana Nerea, que aprendieron de su madre la técnica de extracción y conservación de semillas, se limitaron durante un tiempo al consumo propio, pero ahora están inscritas en Aleka y aportan periódicamente su producción, en función de la época del año. En la planificación de primavera se decidieron por dos variedades de tomate, alubia blanca baja y zanahoria. En la planificación de invierno han optado por el guisante.

«Cuando mi hermana y yo decidimos continuar con la explotación familiar, en ecológico, pronto nos dimos cuenta de la dificultad de hacernos con semilla ecológica. Encontrábamos poca y de poca calidad. Finalmente tuvimos que comprar en Francia, a donde hacíamos un pedido anual fuerte. Pero al mismo tiempo, cada vez que nos juntábamos productores de ecológico, en mercados y ferias, nos lamentábamos de no poder disponer de nuestra propia semilla. Hubo algún intento, a pequeña escala, pero la propia dinámica de trabajo en la huerta nos impedía llevarlo a buen puerto. Y finalmente surge Aleka, ya con una estructura más sólida, a la que hemos empezado a aportar» indica Marian, que entrega a Kelo un saco de 18 kilos de alubia presta para su siembra. Y aprovechan la visita para decidir a qué ferias acudirán las propias semanas y quien «defenderá» el puesto de Aleka en cada una de ellas.

Igual que a las hermanas Arrizabalaga, Aleka presta asistencia material y legal a todos sus asociados y pretende ser un paraguas legal y técnico para cualquier productor de Euskal Herria que quiera trabajar en la reproducción de alguna variedad. Y es que ésta es otra de las facetas de Aleka: además de la labor meramente productiva, se orienta también a otras tareas complementarias, como la prospección de variedades locales en pueblos y valles con cierta relevancia hortícola. Este trabajo de búsqueda requiere paciencia y ha de enfocarse a largo plazo, pero paradójicamente corre prisa, pues a día de hoy contamos con muy pocas variedades locales procedentes de los caseríos vascos de la vertiente cantábrica. Iniciativas como Haziera, archivo de semillas que alimenta y gestiona Marc Badal en la fundación donostiarra Cristina Enea trabajan también en esta dirección. En cualquier caso, es una carrera contra el reloj, pues muchos de los baserritarras que mantenían esas variedades van desapareciendo y con ellos su conocimiento y el material genético guardado durante siglos.

Toda esta labor de uso de semillas autóctonas y su transformación en legumbres, frutas o verduras que terminarán en nuestra mesa, así como la prospección de variedades cuasi perdidas, redunda en la recuperación de la biodiversidad cultivada en campos y huertos de nuestra tierra, pero difícilmente culminará con éxito si no se da una sensibilización tanto de productores como de consumidores. Por este motivo, Aleka cuenta con una serie de actividades dirigidas a distintos colectivos sociales, no solo productores y consumidores, sino también de la comunidad escolar o el sector de la restauración colectiva, mediante charlas, talleres o edición de materiales divulgativos. Y también in situ, aquí en Amenabar Behekoa, donde en otoño se desarrollan talleres de limpieza de semillas, para que los asistentes contemplen –y participen– en este paso del proceso productivo, utilizando las herramientas de que dispone Aleka, resolviendo sus dudas…

«Es una labor de recuperación, en definitiva, la que nos planteamos en Aleka. Recuperación de la actividad agrícola, recuperación de variedades y recuperación del derecho a producir y reproducir nuestras propias semillas y variedades, sean cuales sean, derecho que reivindicamos tanto ante el Gobierno Vasco como ante el Ministerio de Agricultura. Si de verdad estamos por la soberanía alimentaria, no queda otra. Por nuestra parte, la aportación será seguir fortaleciendo la red de Aleka», sentencia Kelo Arribas.