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Un espejo frente a los abusos laborales y la brecha social

‘Mano de obra’, ópera prima del mexicano David Zonana, comienza con un trabajador muerto mientras construye un chalet de lujo. A partir de ahí, el espejo nos devuelve la imagen de varias realidades: la indefensión de trabajadores, la brecha entre estratos sociales y la fragilidad moral cuando se trata del bienestar de uno mismo.

El director David Zonana, a la izquierda, junto al productor Michel Franco y el actor Hugo Mendoza.(Gorka RUBIO I FOKU)

La muerte del hermano de Francisco, peón de obra, mientras construye un chalet de lujo en un barrio de clase alta de México le lleva a tomar una serie de decisiones que, irremediablemente, traerán sus consecuencias. Lupe, su viuda, embarazada de cinco meses, queda totalmente desamparada y desprotegida al serle denegado cualquier tipo de subsidio. Ni el patrón, ni la administracion se hacen cargo. Un informe sobre las causas del accidente laboral y cuyas conclusiones Francisco pone en entredicho resulta la espita que le lleva a tomarse la justicia por su mano.

Al director le interesaba precisamente contar ese contraste social y económico de su país natal, un asunto «dificil» pero «real». Por eso lo necesitaba contar. «Yo fui testigo de todo eso», ha precisado en la rueda de prensa posterior a la proyección.

Encabeza el elenco Luis Alberti en la piel de Francisco. Y una no acaba por decidirse si es o no una buena persona. Todas sus decisiones tienen su razón de ser, tienen un contexto y una motivación. Es dificil encasillarlo; para Zonana, «imposible». «No me gusta catalogar a la gente como ‘buena’ o ‘mala’ porque creo que nadie lo es del todo. Las películas son interesantes cuando los personajes tienen esa complejidad. Todos somos capaces de hacer cosas malas –ha opinado–. Es un estudio humano, habla de lo que puedes hacer con un poco de poder».

Actores no profesionales

Del elenco de actores y actrices llama la atención que solo Alberti lo sea de forma profesional; el resto son vecinos y vecinas de un barrio popular de México; de hecho, como en la película, los hombres son trabajadores de la construcción. Al respecto, Hugo Mendoza ha contado que «ha sido una experiencia de vida, una experiencia padre». Él ha corroborado los abusos en las obras, las irregularidades y el desamparo de la clase obrera frente a los poderosos.

Solo el proceso de selección de actores y actrices llevó a Zonana entre cuatro y cinco meses. Pasear y dar vueltas por el barrio hasta topar con las personas que podrían encajar. Ha recordado las suspicacias que despertó el casting en esa zona poco acostumbrada a nada que se le parezca. Mendoza las ha corroborado. «¿Alquien por aquí, un casting?», ha recordado con humor. «Nos adentramos en un bar primero, allí donde se reúnen y conversan. Tuvimos que tejer lazos de confianza para poder comenzar a trabajar. Hay gente con mucho talento, la pena es que no se les descubre», ha lamentado el director.