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Salellas: «El libro responde a un deseo de Cuixart ante la falta de cultura antirrepresiva catalana»

Benet Salellas, el abogado de Jordi Cuixart, presentó en Iruñea su libro ‘Yo acuso: la defensa en los juicios políticos’. El acto tomó forma de diálogo entre el autor y la epiloguista de la edición castellana editada por Txalaparta, Amaia Izko, guiados por el periodista de NAIZ Beñat Zaldua.

Amaia Izko y Benet Salellas, durante la presentación del libro. (Iñigo URIZ/FOKU)

Fuera de las fronteras de Catalunya, el rostro de Salellas se hace conocido principalmente por dos motivos. El primero es que fue uno de los representantes de la CUP durante la legislatura que culminó con la celebración del referéndum del 1 de octubre. El segundo, su papel como defensor de Cuixart, el líder de Omnium Cultural, durante el juicio a los líderes políticos catalanes. 

«La sociedad catalana no afrontaba un juicio político de esta magnitud desde hacía mucho tiempo. Había que hacer una perspectiva histórica con el siglo XX o XXI, y explicar cómo la justicia ha sido utilizada por los poderes para eliminar al adversario político», explicó Salellas. De este modo, el autor desgrana a lo largo de las páginas del libro los principales ejemplos de juicios politicos, como el Proceso de Burgos, el caso Dreyfus o cómo se juzgó al Reichstag. 

El libro, sin embargo, no se limita a exponer una serie de casos de juicios políticos y engastar al juicio del procés como una cuenta más del collar. Lo que hace Salellas es describir qué tipo de estrategias defensivas se pusieron en práctica y qué estrategia dieron cada una de ellas, pues hubo triunfos importantes y sonoros fracasos. Y casos que cambiaron en el tiempo de descuento, como en el Proceso de Burgos que se cerró con nueve sentencias de muerte en un primer momento, pero luego el Estado se vio obligado a amnistiarlos. 

 

«A un juicio político hay que plantarle cara políticamente», sentenció Salellas. Defendió que en el Estado español se ha instaurado una «cultura jurídica» desde la caída de la Segunda República que tiene una continuidad clara durante el franquismo. «En el sistema hay grandes jueces, pero en la cúpula judicial y en los órganos centrales del Estado, que son a quienes se encargan estos casos, están los jueces más conservadores y reaccionarios. Y estos sí comparten los mismos valores que durante el franquismo». 

El abogado lamentó haber tenido que cerrar su libro a toda prisa, ya que lo acabó en verano antes de conocer la sentencia del procés. Esto impidió que incluyera la sentencia y, según expuso Salellas, esta contenía un elemento clave para entender esta continuidad en las tesis franquistas entre la alta judicatura. Se trata del concepto de orden público en el que se basa la condena, puesto que se trata del mismo que se recoge en el Artículo 1 de la Ley de Orden Público que se promulgó en el año 59. 

En este punto entró Amaia Izko, que expuso el abanico de estrategias que ha llegado a desplegar en sus 25 años como abogada en la Audiencia Nacional. Izko coincidió con Salellas en que «no hay soluciones mágicas». Recordó que algunos de sus defendidos se negaron a reconocer al tribunal o se fueron de la sala, que otros juicios estuvieron centrados en relatar torturas... así hasta defender la visión política que está detrás de los últimos pactos que evitaron los juicios y salvaron a personas de una rueda represiva por la que ya han pasado 10.000 vascos. 

En concreto, la estrategia de Salellas en su defensa de Cuixart fue tratar de juzgar al propio tribunal y revelar el absurdo de un proceso en el que el fascismo acusa y los demócratas se sientan en el banquillo. «Quisimos hacer del juicio un bumerán». Así, su escrito final de defensa se estructuró como un escrito de acusación, cosa que indignó a la propia Fiscalía. 

El caso de Junqueras

Durante la charla acabó aflorando la problemática reciente de la postura de la Abogacía del Estado en torno a Oriol Junqueras y las consecuencias que tiene la sentencia del TJUE declarando que el líder de ERC no podía haber sido juzgado. Salellas e Izko coincidieron en que toda la sentencia del procés debería devenir en nula... pero ambos coincidieron también en que eso no va a pasar. 

«Una nulidad es muy difícil en un contexto de absoluto seguidismo de la clase política y la prensa española a lo que se hizo en el juicio, apuntalando el relato del juez Marchena y de las virtudes del sistema», afirmó Salellas. El letrado no ve ahora a los medios y a los políticos explicando que «la sentencia no era tan buena y Marchena no era tan bueno». Auguró que se preferirá seguir ahondando en lo que irónicamente denominó «autarquía jurídica española». 

«La Abogacía ha hecho un informe que es un simple resumen –continuó Izko–.  El tribunal no lo va a admitir. Dirá que no se puede poner una prisión provisional a una persona que está condenada en firme». La abogada iruindarra opinó que el Supremo preferirá seguir con Junqueras en prisión. Apuntó, además, que la sentencia de Estrasburgo tardará unos cinco o seis años en llegar y que la Corte de Estrasburgo «da una de cal y otra de arena», recordando que el principal cliente que tiene dicho tribunal son los propios estados.