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Los comedores sociales, esenciales para 1.200 familias navarras

Para más de 1.200 familias navarras, los comedores sociales son esenciales, en un momento en el que los gestores de esta infraestructura de ayuda social tienen que hacer frente a una situación complicada.

Comedor social Paris 365 de Iruñea. (Iñigo URIZ/FOKU)

Los comedores sociales y los bancos de alimentos son esenciales para más de 1.200 familias navarras durante este confinamiento, una situación extrema que para muchas de estas entidades está acarreando dificultades, tanto logísticas como económicas, y les lleva a afrontar su futuro con preocupación e incertidumbre.

En el caso de Cáritas Navarra, su responsable de comunicación, Maite Quintana, ha comentado que ante el nuevo decreto de este lunes es probable que tengan que modificar algunos de los servicios que venían ofreciendo o pasar a hacerlo de manera telefónica, pero que, sin duda, el comedor social es una actividad esencial y continuará llevándose a cabo.

El comedor social de Cáritas en Burlata atiende normalmente a más de cien familias, más todos los usuarios habituales del local, que ahora reciben la comida para consumirla en el domicilio y Quintana ha anunciado que, si con las nuevas medidas restrictivas no pudiesen acudir por su cuenta hasta el comedor, se realizarán transferencias económicas a las familias y usuarios para puedan ir ellos a comprar los alimentos.

Asimismo, Quintana ha asegurado que la situación en Cáritas no es tan cambiante con respecto al funcionamiento normal del comedor. «No se nos genera un problema económico», ha añadido.

Paris 365, «empezar de cero»

Por su parte, la gerente de la Fundación Gizakia Herritar y responsable del comedor París 365 de Iruñea, Myriam Gómez García, ha asegurado que, después de salvar una crisis a finales de 2019, esta situación es como «empezar de cero».

Lo afrontan como pueden gracias a haber recibido «bastantes donaciones que les están garantizando» que el servicio de comedor esté cubierto.

Durante el estado de alarma han cerrado el servicio de acogida a personas nuevas y se ha mostrado sorprendida por lo buena que está siendo la colaboración, pues ha comentado que incluso cocineros profesionales se han ofrecido a ayudarles en las cocinas y muchos de los voluntarios actuales son nuevos.

Gómez García ha destacado la importancia de echarse una mano y colaborar mutuamente en estos momentos, pues decenas de personas y 60 familias dependen de la ayuda del comedor y ha añadido que no podrán hacer una valoración real del impacto económico causado hasta que no pase el confinamiento.

Agujero económico en Tutera

En una situación más crítica se encuentra el comedor social Villajavier, en Tutera, que, según su coordinador, David Crespo, hasta ahora se valía de la ayuda de la Fundación Ilundain, pues ellos les proporcionaban los alimentos, y los alumnos, a través de los cursos formativos, los cocinaban para los usuarios del comedor y al mismo tiempo les ahorraban costes pero, al cesar este servicio, han tenido que recurrir a un catering.

Este hecho, unido al aumento de usuarios nuevos, el gasto añadido de todas las bolsas, tuppers y cubiertos o las protecciones de seguridad adicionales, ha puesto a Villajavier en un «agujero económico muy serio», y Crespo ha mostrado su preocupación: «o tenemos una ayuda externa o vamos a tener un serio problema presupuestario que va a hacer peligrar el proyecto sin duda».

Crespo también ha querido destacar la parte buena de la situación: el equipo humano de 20 personas que está sacando adelante el comedor durante estos días de confinamiento y se encarga de preparar cada mediodía un kit diario para llevar y con la comida en caliente para las 25 personas que acuden cada día.

Además, a través de su proyecto «El capacico» ayudan a más de 60 familias que, a través de un sistema de puntos, acuden a Villajavier cada quince días y canjean sus puntos por alimentos, provenientes de su propia huerta, «El semillero», de excedentes de las grandes superficies o de convenios con empresas y entidades como el Banco de Alimentos de Nafarroa (BAN).

Banco de Alimentos

Precisamente, la responsable de comunicación del BAN, Gema Santamaría, ha asegurado que en las pasadas semanas tuvieron dificultades para poder llevar a cabo su trabajo con normalidad, puesto que no disponían de los equipos de protección adecuados y gran parte de su equipo de voluntarios eran personas de riesgo, por lo que en un principio llegaron a plantearse cerrar hasta el 31 de marzo.

Por suerte, gracias a la ayuda y al esfuerzo de Protección Civil, Cruz Roja o los voluntarios de Asvona han podido organizarse este mes para entregar los alimentos a más de 1.000 familias y a las 175 entidades con las que colaboran habitualmente en Nafarroa y esperan poder hacer lo mismo en abril e incluso «pedir ayuda a la UME si fuese necesario».

«La gente sin alimentos no se puede quedar», ha recalcado Santamaría, que ha pedido ayuda a las empresas porque prevén que esta situación de crisis «va a aumentar el número de personas necesitadas» en los próximos meses.