Informe de Orkestra: prepararse para el post-Covid-19 y los que vengan
Orkestra, Instituto Vasco de Competitividad, analiza en un amplio trabajo «Los impactos socioeconómicos del Covid-19 en la Comunidad Autónoma del País Vasco». Examina lo que está ocurriendo y, a la vez, se acerca a la fase de reconstrucción y de renovación, donde la colaboración entre actores económicos y sociales tendrán un protagonismo esencial. Será el post-Covid-19.
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El foco inmediato de la pandemia es la crisis de salud que se está produciendo y las respuestas de gobiernos, sistemas sanitarios y la ciudadanía para gestionarla y salvar vidas. Pero, como explica el Instituto Vasco de Competitividad Orkestra, «esta crisis sanitaria tiene una serie de implicaciones e impactos de corto, medio y largo plazo en el desarrollo socioeconómico y es preciso formular las respuestas que se den a la misma teniendo en cuenta cada una de estas dimensiones temporales».
Del trabajo resulta imprescindible hacerse esta pregunta, que es la que lleva al post-Covid-19 y abre la puerta a fortalezas que se deberán proveer ante las venideras: ¿Qué hay que tener en cuenta para facilitar el camino hacia la renovación de la economía y la sociedad cuando la crisis de salud esté bajo control? A la misma, responde el «task force» de Orkestra –formado James Wilson (coordinador), Mari José Aranguren, Patricia Canto, Miren Estensoro, Jorge Fernández, Susana Franco, Ibon Gil de San Vicente, Bart Kamp, Miren Larrea, Edurne Magro, Mikel Navarro y Angélica Rodríguez– con un amplio trabajo que analiza la situación desde diferentes perspectivas.
A su juicio, el Covid-19 ha provocado «una situación sin precedentes, una crisis global no comparable con las anteriores crisis económico-financieras» y ha hecho estallar «una crisis socioeconómica». Los responsables de Orkestra insisten en que «la gravedad de este ciclo puede ser todavía mayor si se acompaña por una crisis y derrumbe del sistema financiero», por lo que imaginan un camino en dos direcciones: «Solucionar la crisis sanitaria, dedicándole todos los recursos económicos y atención que para ello sean necesarios, incluso si ello supone a corto plazo un agravamiento de la crisis socioeconómica y, a la vez, tratar de que la destrucción económica, social y anímica derivada de la crisis sea la menor posible».
Todas las empresas, afectadas
Previsiblemente, el coronavirus tendrá consecuencias para todas las empresas «en nuestra economía». Sin embargo, «también es probable que haya grupos de empresas más expuestos a sus consecuencias». Citan a las compañías de transporte aéreo y la hostelería, sobre «las que subyace, tras estos casos, su gran dependencia de la movilidad de las personas, que se ha reducido significativamente». Pero, añaden que, al igual que las personas, «se inmovilizan las mercancías (productos finales e intermedios, materias primas y demás). Esto supone que las cadenas de suministro en las que participan muchas empresas de nuestro entorno pueden paralizarse también».
Orkestra admite en este trabajo, sin embargo, que «la situación financiera de la empresa vasca está condicionada por su situación de partida, los riesgos económicos del shock y por la efectividad de las medidas que se tomen para contrarrestar la crisis». Por un tiempo indeterminado, según expone el informe, «estamos inmersos en una fase de resistencia, donde el objetivo es que el menor número de empresas se vean afectadas de forma que su viabilidad peligre».
Destacan que la empresa vasca afronta esta fase en «relativas buenas condiciones», dada la positiva evolución de los últimos años. No obstante, el trabajo admite que «esta situación general puede esconder realidades diversas, según el segmento de tamaño o sector al que pertenezca la empresa». Un ejemplo de ello es que en las empresas micro y pequeñas el peso de las empresas «vulnerables» es el doble que en las empresas medianas y grandes. «Sectores como la Hostelería, la Construcción y el Comercio suponen un importante peso en el empleo (8%, 6%, y 17% respectivamente) y tienen unos índices de vulnerabilidad relativamente altos», matizan.
«La crisis del Covid-19 pondrá en apuros a muchas empresas –insisten los autores– que verán deteriorada su cuenta de resultados, reducida su solvencia y comprometida su liquidez. Es necesario generar mecanismos para identificar a las empresas que ya presentaban una situación comprometida antes de la crisis, ya que esto permitirá priorizar los esfuerzos en aquellas que, estando en una buena situación, se ven arrastradas por la crisis actual. Aunque es aventurado adelantar todos los problemas que generará en el ámbito financiero el Covid-19, sí se pueden identificar los principales: en la mayoría de los sectores se producirá un descenso de las ventas por lo que es previsible un importante deterioro de la rentabilidad y que muchas empresas incurran en pérdidas».
La siguiente fase de reconstrucción supone una atención especial en el informe. Llegará, y es donde «adquieren importancia las políticas proactivas para fomentar la adaptabilidad que pertenecen, precisamente, al ámbito en el que tienen particular relevancia las respuestas a nivel regional. Es en esta fase en la que es posible desarrollar acciones para fortalecer la competitividad empresarial y la innovación y promover la transformación de la estructura económica». Creen que es imprescindible «mantener el foco en el medio y largo plazo, por ejemplo, a través de políticas de inversión en I+D+i, en educación o en infraestructuras clave. Estas inversiones en la capacidad de adaptabilidad del territorio serán críticas no sólo para una salida efectiva de la crisis socioeconómica desencadenada por el Covid-19, sino también para prepararse de cara a las crisis del futuro». Para ello, como primera tarea, esgrimen que «hay un consenso creciente de que hay que dejar la austeridad atrás no sólo en las respuestas de corto plazo a esta crisis, sino también en el medio plazo».
Advierten con rotundidad que «nuestra economía y sociedad no van a volver a la situación anterior a la crisis», pero puede ofrecer «una gran oportunidad para enfocar las políticas de adaptabilidad para hacer frente a varios de los grandes retos estructurales como la emergencia climática, las transiciones demográficas y la revolución digital, que están claramente interrelacionadas con los impactos del Covid-19 y con las respuestas que esta crisis requiere».
Oportunidades: transición verde y digital
De hecho, insisten en que «la transición verde y la transición digital son las dos palancas clave de la nueva política industrial de la Comisión Europea, que se ha comprometido a transformar la economía de la UE para un futuro sostenible», precisan. En este contexto, añaden que «nos encontramos ante una oportunidad para de avanzar en el proceso global de transición sostenible. La crisis del Covid-19 nos presenta varias palancas para aprovechar dicha oportunidad. Las más evidentes son el aumento de la productividad derivado de nuevas formas de organizar el trabajo, la reducción en emisiones por el aumento del teletrabajo y la disminución de la actividad presencial, y patrones de consumo sostenible, promovidos por la relocalización de las cadenas de valor, que requieren menor consumo energético y de materiales. Los cambios en las reglas y normas –y en la interpretación que hacemos de las mismas– pueden llegar a precipitar cambios profundos en los sistemas sociotécnicos que tenemos, entre otros, en los ámbitos de la sanidad, alimentación, comunicación y movilidad».
Estos expertos de Orkestra insisten en que «una consecuencia de la crisis generada por el Covid-19 es que está visibilizando la capacidad de resiliencia y adaptación de los gobiernos, el sistema socioeconómico y la sociedad en general. Esto puede tener un efecto positivo frente a retos y problemas que nuestro sistema lleva arrastrando mucho tiempo, ya que puede ayudar a replantear que quizás nuestros modelos de producción, económicos y sociales se orientan a objetivos que están desactualizados».
El futuro de la globalización es uno de los ejes de este «replanteamiento». Admiten que en este preciso momento se está produciendo «un efecto péndulo en la globalización», que tiene su reflejo en el cierre de fronteras y la disrupción de cadenas globales de suministro», que se han construido progresivamente durante los últimos 30 años. Y admiten que en el corto plazo «estamos volviendo a lo local».
Cadenas de valor locales
Ponen como ejemplo de iniciativas de reconstrucción las cadenas de valor locales para la manufactura de bienes que demanda el sistema sanitario para afrontar la crisis de salud. «En el medio plazo es posible que el péndulo vuelva rápido hacia su posición anterior, reabriendo las cadenas globales con la misma celeridad con la que se han cerrado. Sin embargo, también es posible que el miedo genere cierta resistencia a reabrir las cadenas. Esta resistencia, combinada con el reconocimiento de las posibilidades y ventajas que ofrecen las cadenas de suministro locales, puede incidir en que se produzca un movimiento hacia modelos de economía y sociedad más cerrados», indican.
Apuestan por un escenario intermedio, «con algunos sectores y actividades reabriendo rápidamente y otros consolidando nuevas cadenas de valor con base en relaciones más locales y/o el uso de nuevas tecnologías». Por lo que entienden que «la redefinición de las cadenas de valor se plantea como una de las principales oportunidades para avanzar en la transición sostenible desde la perspectiva productiva».
Se trata de, además de disminuir el consumo energético y de materiales, construir cadenas robustas. «La aplicación de tecnologías como el internet de las cosas, impresión 3D o blockchain (criptomonedas) pueden ser claves a la hora de aportar mayor trazabilidad y transparencia a las nuevas cadenas. Esta transparencia podría beneficiar también el desarrollo de la economía circular y la economía colaborativa».
Las cadenas de valor no son las únicas que se enfrentan, en la fase de reconstrucción y renovación, a la incertidumbre del movimiento pendular anteriormente citado. «En el ámbito económico, para algunos sectores y actividades la vuelta a su actividad normal será relativamente fácil o deseable, mientras que para otros será difícil y/o no deseable». Orkestra ve un aspecto positivo en que «ya existe mucho conocimiento sobre cómo hacer cosas de forma diferente –conceptos como la economía colaborativa, el teletrabajo y la realidad virtual, la telesalud o la manufactura robótica– y es probable que el uso de estas tecnologías y modelos se acelere en la fase de reconstrucción». Aunque, constata también que «las posibilidades e impactos van a diferenciarse por sectores, por momentos en el tiempo y dependiendo de los escenarios que se acaben materializando».
El ámbito social presenta también «un gran potencial para la reorientación de actividades y comportamientos ligados al proceso de transición sostenible». Este ámbito transciende la perspectiva productiva y ayuda a ver cómo, por ejemplo, una política orientada a la sostenibilidad que promueva el teletrabajo plantea «simultáneamente la oportunidad de redefinir ciertos patrones como la perspectiva de género y contribuye así al bienestar de la sociedad».
Por último, el trabajo insiste en que se necesitará una colaboración «renovada y reforzada» entre empresas, gobiernos, universidades, otros agentes del territorio y la ciudadanía en este nuevo escenario, para la construcción de las nuevas cadenas de valor o la reorientación de actividades, como en la generación de inteligencia sobre las necesidades del tejido empresarial.
La etapa de reconstrucción y renovación requerirá «procesos que respondan a esta crisis económica y social en el marco de los retos ambientales ya existentes y algunas empresas optarán por desarrollar estrategias que vinculen todos estos elementos».
En este contexto pueden ser de utilidad conceptos como el de «creación de valor compartido», que persigue la optimización de las propuestas de valor de las empresas de tal forma que respondan a los requerimientos sociales del entorno, sin dejar de generar valor económico para sí mismas. Otro marco que puede ver reforzada su utilidad es el de la «innovación abierta o colaborativa», que fomenta la comunicación participativa sobre la innovación en las empresas, empoderando a sus proveedores, colaboradores y clientes para la identificación de retos asociados a los procesos empresariales y para la proposición de estrategias para afrontarlos.
Plataformas colaborativas
Estos planteamientos, sin embargo, no dejan de ser soluciones individuales a problemas comunes, dicen. «La pregunta que esto suscita es: si los resultados en la aplicación de estas teorías son satisfactorios a nivel individual-empresa, ¿podrían escalarse para dar lugar a modelos de organización interinstitucional en el que las empresas vascas desarrollen propuestas de valor colectivas que den respuesta a los retos compartidos del territorio y generen valor económico a sus organizaciones?».
Explican, en este caso, que «las respuestas que a nivel global se han articulado para hacer frente al reto del Covid-19 en el corto plazo han demostrado que esto es posible. También en la CAV, durante la etapa de resistencia, estamos siendo testigos de ejemplos que lo demuestran. Señalamos sólo algunos de estos ejemplos, sabiendo que son muchas más las iniciativas que responden a estas características. Así, Ikusi ofrece Cisco Webex gratuito por 90 días para facilitar el teletrabajo; Pernod Ricard, ha puesto a disposición sus fábricas para producir gel desinfectante; colectivos como Resistencia Team o Makers están logrando la colaboración de profesionales, instituciones y pequeñas empresas para que mediante código abierto e impresión 3D se desarrollen alternativas temporales a la producción en serie de elementos de protección sanitaria; y el Gobierno Vasco y SPRI están trabajando con varios organizaciones dinamizadores clúster para apoyar esfuerzos de compra colectiva de materiales y fabricación de respiradores».
De todo ello concluyen que «la amenaza socioeconómica que representa la actual crisis sanitaria ha sido una especie de convocatoria abierta para impulsar estrategias colaborativas entre diferentes organizaciones que persigan la supervivencia de la sociedad y sus empresas». La respuesta que han dado las organizaciones ha sido «el desarrollo de equipos de trabajo transversales para construir soluciones innovadoras a esta problemática compartida. Así pues, la contingencia del Covid-19 ha puesto de manifiesto que, en respuesta a la actual y futuras crisis socioeconómicas, se pueden construir propuestas de valor en plataformas colaborativas entre diferentes organizaciones que, además de atender el reto social, generen valor económico al territorio y sus empresas», concluye el informe de Orkestra.