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Sato: «Quería explicar que en Japón es poco frecuente que un padre ayude a su hijo a madurar»

El japonés Nakuma Sato irrumpe en la Sección Oficial con su segundo largometraje, ‘Nakuko wa ineega/Any Crybabies around?’, película que indaga en el enraizamiento de las tradiciones niponas y en una cultura en la que avergonzar a tu pueblo es un pecado difícil de gestionar.

Fotograma de ‘Nakuko wa ineega’.

Hombres disfrazados de ogros malignos irrumpen en las casas para asustar a los niños al grito de ‘Nakuko wa ineega?’ (literalmente, ‘¿hay algún llorica por aquí?’). Se trata del Namahage, festividad nipona que se apoya en la cultura del terror para adoctrinar a los niños y niñas japoneses que, protegidos por sus padres y madres, deducen que deben portarse bien con ellos si no quieren perder esa protección y que el año próximo se los lleven los ogros. Con esa imagen arranca ‘Nakuko wa ineega/Any Crybabies around?’, cinta que presenta el nipón Nakuma Sato en Sección Oficial.

El protagonista de la película es Tasuku, un joven que acaba de ser padre y participa en la festividad ataviado con su máscara de ogro, pero le presión familiar le puede y acaba ebrio y desnudo ante una cámara de la televisión japonesa, que está emitiendo en directo la celebración. La deshonra a su cultura es imperdonable, por lo que huye a Tokio dejando atrás a su pareja e hija recién nacida. Dos años después volverá para intentar recuperar aquello que dejó atrás, pero las cosas estarán peor de lo que se imagina. Sobre esa base, y con el fondo de una sociedad capitalista en la que impera la precariedad y no brinda las mismas oportunidades a los más necesitados, construye el director una película que trata del paso a la edad adulta, de la vergüenza y de la necesidad de redención.

En rueda de prensa vía videoconferencia, Hirokazu Koreeda, productor ejecutivo de la cinta, ha pedido perdón por no estar presencialmente «en este festival donde siempre me han tratado tan bien» y, centrándose en la película, ha dicho que cuando leyó el guion en 2016 «me impresionó mucho, porque me di cuenta de que podía llegar ser una gran película. Creo que es una historia que puede ser sentida y compartida por personas de todo el mundo». Al director nipón también le atrajo la influencia que ejercen sobre el personaje central las mujeres que lo rodean. «Esta influencia de su esposa y su mujer es lo que más me interesaba del guion», ha asegurado.

El director de la cinta, por su parte, ha relatado que comenzó a escribir el guión hace 5 años, tras la reciente paternidad de un amigo: «Él tenía mucha intranquilidad, no sabía cómo afrontarlo. Aunque yo no soy padre, quería intentar reflejar el cambio de mentalidad que se produce cuando eres padre, de qué manera evolucionas». A este respecto, el actor principal, Taiga Nakano, ha dicho de su personaje que «se convierte en padre sin interiorizarlo, sin hacer un cambio de conciencia; sigue siendo un niño», ha argumentado, y ha indicado que del guion le atrajo sobre todo la última escena, «de qué manera busca el equilibrio entre el cariño de la niña el hacerse adulto».

La festividad del Namahage

La película tiene como telón de fondo la celebración del Namahage, sobre el que Sato ha contado que, hasta hace 50 años, «los hombres que se disfrazaban se dedicaban a asustar a los niños y las mujeres recién casadas, pero esto empezó a ser un problema y desde entonces se tiene mucho cuidado». Ha detallado que en este rito de Akita solo se disfrazan los hombres, «y lo cierto es que lo ponen todo perdido y hay muchas mujeres que no ven con buenos ojos esta celebración».

Sato seleccionó como localización la península Oga, en la prefectura de Akita, porque se crió allí, pero ha asegurado que no fue nada fácil conseguir los permisos para el rodaje. «Cuando fui a tramitar los permisos me dijeron que tuviera en cuenta que para ellos los ogros del Namahage eran como dioses, que no podían aparecer ebrios ni desnudos, pero conseguí explicar que mi intención no era esa, que yo quería explicar que en Japón es poco frecuente que un padre ayude a su hijo a madurar. Cuando conseguí explicarlo, accedieron», ha explicado. Aunque el del Namahage sea un ritual «muy local», Sato considera que visualmente «tiene mucha fuerza, creo que para cualquier público las imágenes son impresionantes».

Por último, sobre la implicación de Koreeda en el proyecto, Sato ha reconocido que a su inicio era una película de bajo presupuesto, «porque yo siempre he hecho cine amateur y autofinanciado y la iba rodar en una zona rural, lo que no requiere mucho presupuesto. Nunca pensé que pudiera tener el presupuesto y la repercusión internacional que está teniendo, y no hubiera sido posible sin el apoyo continuo de Koreeda».