La celda mental del materialismo a ultranza
LA HABITACIÓN
Estado francés-Bélgica. 2019. 100’. Tít. Orig.: ‘The Room’. Dir.: Christian Volckman. Guion: Sabrina B. Karine, Eric Forestier y Christian Volckman. Prod.: Jacques-Henri Bronckart y Olivier Bronckart. Int.: Olga Kurylenko, Kevin Janssens, Joshua Wilson, John Flanders, Marianne Bourg, Carole Weyers, Vince Drews, Oscar Lesage, Isaac Kaminski. Fot.: Reynald Capurro. Mús.: Raf Keunen. Mont.: Sophie Fourdrinoy.
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Merece la pena seguir con atención la singular trayectoria creativa de Christian Volckman, que lleva solamente dos largometrajes realizados en quince años, pero con una evolución muy meditada desde su condición inicial de artista plástico a la de consumado cineasta.
Debutó con ‘Reanissance’ (2006), un largometraje de animación futurista que triunfó en el festival especializado de Annecy, para luego dedicarse a la pintura de lleno. Un paréntesis que también ha aprovechado para prepararse a conciencia como cineasta narrativo y así poder iniciarse en el cine de imagen real con ‘The Room’ (2019), vista en el Festival de Sitges.
Volckman se coloca con su segunda realización como uno de los diseñadores visuales con mayor capacidad simbolista del trhiller fantástico, ya que ‘The Room’ (2019) es una obra que permite múltiples lecturas e interpretaciones. La idea de la habitación equivale a la de la celda mental, pues ese cuarto secreto no deja de ser la representación de un compartimento de nuestro cerebro en el que se concentra todo el deseo, toda nuestra libido materialista, con esas ganas locas de poseer bienes y riquezas sin límite.
Es lo que le sucede a la pareja de esta historia cuando se muda a una mansión al norte de Nueva York, cerca de Springwell. Allí, en el primer piso y al final de un largo pasillo, descubren una puerta oculta por el papel pintado, una pesada puerta metálica adornada con triángulos cabalísticos. Una vez que se hacen con la llave y entran en el interior de ese espacio desnudo, no tardan en captar que se trata de una especie de cuerno de la abundancia que les concede cuanto piden.
La única condición es la de que no podrán disfrutar de sus lujos fuera del recinto, por lo que su vida se complica cuando ella pide tener el hijo que siempre ha deseado y no ha podido engendrar.