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El cainismo como detonante trágico

HIL KANPAIAK
EH. 2020. 95’. Dtor.: Imanol Rayo. Guion: Joanes Urkixo, sobre una novela de Miren Gorrotxategi. Prod.: Joxe Portela y Alberto Gerrikabeitia/ Abra Prod. Int.: Eneko Sagardoy, Itziar Ituño, Yon Gonzalez, Asier Hernández, Dorleta Urretabizkaia, Iñigo Aranburu, Joxean Bengoetxea, Kandido Uranga, Patricia López Arnaiz. Fot.: Javi Agirre Erauso. Mús.: Fernando Velázquez. Mont.: Raúl López.

Eneko Sagardoy en el doble papel de Nestor Araia y su gemelo Aitor. (NAIZ)

El segundo largometraje de Imanol Rayo fue presentado en la sección New Directors del SSIFF 68, repitiendo la experiencia donostiarra iniciada con su ópera prima ‘Bi anai’ (2011). Aquella era una película más contemplativa, y esta reúne una mayor complicación expositiva al tratarse de un thriller rural narrado en tres tiempos 1972-1990-2004.

El entramado criminal abarca a varias generaciones de una misma familia, si bien la fragmentación narrativa obedece a un sentido de la unidad temporal dominado por una investigación policial que reúne los hechos en un mismo espacio.

Las localizaciones giran alrededor del caserío familiar, su versión moderna como Garizmendi Berri, la ermita y el cementerio. Un universo cerrado y endogámico que oprime a padres e hijos, pero sobre todo a los hermanos enfrentados entre si.

Sus actos cainitas están marcados por el fatalismo y la tragedia derivada de una serie de muertes violentas en un ambiente oscurantista de venganzas y traiciones en bucle.

El laborioso trabajo de adaptación de la novela original de Miren Gorrotxategi ‘33 ezkil’ parte de un guion de Joanes Urkixo, elaborado con una gran economía de diálogos, que combinan los tensos silencios con diálogos secos y llenos de dramatismo.

El reparto coral se somete a una dirección interpretativa tan férrea como sólida, con una creación de personajes profunda y de sicología impenetrable. La gestualidad es en consecuencia precisa y expresiva en su sentido más minimalista, en función de una dinámica interna a base de primerísimos planos, que encuentran su liberación en las acciones físicas y movimientos bruscos fruto de la desesperación.

Actores y actrices se funden con un entorno poblado de animales y elementos simbólicos que relacionan la existencia común con la muerte. La familia Araia es un reflejo vital de nuestra intrahistoria reciente.