INFO

El niño que vivía encerrado en una burbuja

LA MALDICIÓN DE LAKE MANOR
Italia. 2019. 107’. Tít. Orig.: ‘The Nest (Il nido)’. Dir.: Roberto De Feo. Guion: Roberto De Feo, Lucio Besana y Margherita Ferri.
Prod.: Maurizio Totti y Alessandro Usai. Int.: Justin Korovkin, Ginevra Francesconi, Francesca Cavallin, Maurizio Lombardi.

Samuel (Justin Korovkin) se apoya en Denise (Ginevra Francesconi). (NAIZ)

El debutante Roberto De Feo demuestra una gran cultura cinéfila en su ópera prima ‘The Nest (Il nido)’ (2019), porque, aún no resultando original, sí que se hace disfrutable para seguidores del terror clásico y los cuentos góticos. Quienes acudan al falso reclamo del título de la versión doblada al castellano pensarán que se trata de una cinta más de casas encantadas, impresión que no va más allá de la imponente mansión turinesa de Parco della Mandria que preside las localizaciones italianas.

El resto lo hace un excepcional diseño artístico, al que se le ha sacado una apariencia superior a su modesto presupuesto de 1.300.000 euros. El propio De Feo ha reconocido entre sus influencias genéricas a Alejandro Amenábar y ‘Los otros’ (2001), o a M. Night Shyamalan y ‘El bosque’ (2004). Sin embargo, argumentalmente hablando, su temática del encierro familiar bebe directamente, en mi opinión, de Arturo Ripstein y su ‘El castillo de la pureza’ (1972) que, a su vez, inspiró a Yorgos Lanthimos para ‘Kynodontas’ (2009).

‘The Nest (Il nido)’ (2019) no falla en su reparto joven, fruto de un casting que ha dado con el menor Justin Korovkin, perfecto para encarnar a Samuel, el niño parapléjico en silla de ruedas, y con la adolescente Ginevra Francesconi como Elena, la chica que entra en el servicio de la casa y sirve de contacto con el mundo exterior al protagonista, a través de la música y de las historias que le cuenta.

Es su único asidero para escapar del férreo control ejercido por su madre, la cual le ha prohibido salir de la finca dentro de un secretismo que le confina a esa jaula de oro, y cuyo misterio se revelará relacionado con un culto sectario. El lenguaje oscurantista que maneja habla constantemente de seguir un programa y de gestionar la propiedad para conseguir el objetivo de crear una sociedad nueva, seguramente de carácter endogámico.