La huella vasca en Mestalla: del máximo goleador al «murciélago del escudo»
Un total de 50 futbolistas –hombres y mujeres– y 10 entrenadores vascos han defendido los colores del cuadro che, convirtiéndose algunos de ellos en figuras referenciales. Con el nuevo siglo, el protagonismo ha sido para los técnicos como Emery, Valverde, Ayestaran y Javi Gracia.
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Durante el encuentro que enfrentó el pasado 2 de febrero al Valencia con la Real Sociedad, un pequeño grupo de aficionados del conjunto che coreó de forma efímera el desagrable cántico de «puto vasco el que no bote». Posteriormente, el periodista y escritor Vicent Chilet, una de las firmas de referencia alrededor del conjunto de Mestalla, denunciaba lo sucedido y recordaba el enorme impacto que los jugadores nacidos en Euskal Herria han tenido en la historia del Valencia. En una lectura que engarza también con el libro "Nosaltres som el Valencia: Fútbol, poder i identitats" publicado por Vicent Flor en el que intenta explicar los intentos de patrimonialización del club llevados a cabo por los sectores regionales más conservadores durante las últimas décadas.
Un total de 50 futbolistas –hombres y mujeres– y 10 entrenadores vascos han defendido los colores del cuadro che, convirtiéndose algunos de ellos en figuras referenciales. Es el caso de Edmundo Suárez de Trabanco «Mundo», máximo goleador histórico del Valencia con 240 tantos en 272 encuentros, Carlos Iturraspe, Epi Fernández, Ignacio Eizagirre, Silvestre Igoa, Bernardo Pérez Elizaran «Pasieguito» –que triunfó tanto como jugador como en su faceta de técnico–, Juan Cruz Sol, Fernando Ansola o, más recientemente, Gaizka Mendieta, al que llegaron a calificar como «el murciélago del escudo».
En 1926, el delantero bilbaino Damaso Urrutia causó un gran impacto en la capital del Turia tras abandonar el Levante, equipo al que había llegado tras pleitear con el Oviedo, para fichar por el Valencia. La prensa de la época se hizo eco y el club del barrio de Orriols llegó a denunciarle. La federación le permitió disputar el campeonato regional con el elenco che, anotando 25 goles en 35 encuentros. Meses después, tras otra ontroversia, se marchó al Atlético de Madrid. Fue el primer gran jugador vasco del Valencia. En 1928, llegaría el donostiarra Benito Torregaray, una de las claves en el ascenso a Primera en 1931, un central que disputó 120 encuentros y los expertos en torno a la historia del conjunto valenciano lo recuerdan como un gran especialista en los penaltis. El siguiente vasco en lucir la elástica che fue el irundarra José Luis Zabala, un portero que apenas disputó un encuentro. Fue un 29 de diciembre de 1929 en Mestalla, en un partido ganado por el Oviedo merced a dos tantos del anteriormente citado Damaso Urrutia.
El también donostiarra Carlos Iturraspe es una figura destacadísima, tanto que la web Ciberche lo califica como «el mejor jugador de los primeros 25 años de historia del club». Estudiante de Medicina en Madrid, fichó por el Valencia en 1933, siguió jugando en el conjunto levantinista tras el Golpe de Estado franquista y la Guerra. Dejó el club en 1946 con 263 partidos disputados, un récord para el conjunto che en aquel tiempo. Posteriormente, sería entrenador del filial durante nueve años repartidos en tres etapas distintas y también dirigió al primer equipo entre 1963 y 1965. Junto a Iturraspe, también llegaron Guillermo Villagrá Azkona, un jugador nacido en Argentina e hijo de vascos que retornaron a Euskal Herria y que dio sus primeros pasos en el Arenas o el Barakaldo y Nicolás Mentxaka, un defensa que apenas disputó 7 encuentros.
Tras alcanzar la final de Copa de 1934, saldada con una derrota ante el Madrid, el Valencia decidió reforzar su capacidad competitiva. Para ello, fichó a varios jugadores vascos. Es el caso de los vizcainos Juan Ramon Santiago, Juanito Otxoa y Santi Zubieta o de los navarros Seve Goiburu y Andrés Jaso. El primero es todo un mito del valencianismo, permaneció en el club hasta 1952, el erandioztarra fue un defensa de postín que disputó 307 partidos con la elástica valencianista.
Los Goiburu formaron una saga de tres hermanos, políticamente muy vinculados al nacionalismo vasco, que llegaron a vestir las camisetas de Osasuna y Barcelona. Andrés Jaso, por su parte, se ha convertido en todo un icono en lo que a la memoria histórica respecta. Es «el futbolista desaparecido», natural de la pequeña localidad de Mélida, jugó en el Sporting de su pueblo natal y fichó con apenas 18 años por el conjunto rojillo. Posteriormente, pasó por el Zaragoza o el Sabadell antes de recalar en el Valencia. En el elenco de Mestalla, el delantero únicamente disputó un encuentro liguero ante el Atlético de Madrid. Sin apenas minutos, su siguiente destino fue el Sporting de Gijón. En julio de 1936, el Golpe de Estado fascista le sorprendió en Asturias, se cree que se alistó con un grupo de milicianos, que murió durante los bombardeos a Cangas de Onís y que sus restos se encuentran en una fosa común de dicha localidad. Su sobrina Áurea le sigue buscando y el libro «Rojos» de Mikel Huarte cuenta y dignifica su historia junto a la de otros rojillos represaliados como Eladio Zilbeti, Fortunato Agirre, Ramon Bengaray o Natalio Cayuela.
El último jugador vasco fichado por el Valencia antes de la Guerra fue Jose Mari Maguregi «Arin». Tras pasar por el Getxo, llegó al cuadro che, disputando 13 encuentros en la campaña 1935-1936. Durante el conflicto bélico, regresó a Euskal Herria y después volvió a jugar en el Barakaldo.

La década de los 40, la de los vascos
A finales de marzo de 1939, Valencia, que era la última ciudad en manos republicanas, fue tomada por los fascistas. Una entrada que dio paso a una enorme represión y al final de la Guerra. Apenas ocho meses después, el 3 de diciembre, se reanudaba La Liga y el cuadro che ganaba por cero a tres al Betis. En aquel encuentro debutó Edmundo Saénz de Trabanco, delantero vizcaino que en octubre de 1935 había disputado un encuentro de la Copa Vasca –torneo oficial que disputaban equipos de los cuatro herrialdes de Hego Euskal Herria– con el Athletic ante el Barakaldo. Durante las 11 campañas que vistió la camiseta del Valencia, disputó 272 choques en los que anotó 240 goles. Una cifra que le convierte en el máximo goleador histórico del club. Una vez retirado, entrenó al Valencia durante cuatro temporadas en dos etapas distintas, ganando la Copa de 1967. Además, también comandó al filial o al Barakaldo en los años sesenta.
Juan Ramón e Iturraspe seguían en un equipo que incorporó a Guillermo Gorostiza, otrora figura del Athletic. Tras abandonar de la selección vasca en el exilio antes de partir hacia la gira americana, se alistó al los Requetés. Terminada la contienda, el Athletic lo traspasó por 120000 pesetas, una fortuna de la época (720 euros actuales), consciente tanto de su calidad futbolística como de sus malos hábitos de vida. Extremo de grandísima calidad, fue toda una celebridad, tomo parte de la película «Campeones» digirida en 1943 por Ramon Torrado junto a otros ilustres como Ricardo Zamora. Su errante trayectoria también fue recogida por Miguel Summers en el documental «Juguetes rotos». Una obra que versa sobre figuras populares como el boxeador Paulino Uzkudun o el propio Gorostiza, que pasaron de contar con una enorme popularidad al más absoluto olvido. Fallecería en 1966 en el hospital de Santa Marina.
En aquella época, el Valencia también se hizo con los servicios de otros tres mitos: El portero Ignacio Eizagirre, el medio Silvestre Igoa y el delantero Epifanio Fernández Berridi «Epi», todos ellos guipuzcoanos. Formaron parte, junto a los anteriormente citados, de la primera etapa gloriosa del cuadro de la capital del Turia. Campeones de Liga en 1942 y 1947, se hicieron también con los títulos de Copa de 1941 y 1949, además de con la Copa Eva Duarte –torneo que enfrentaba al campeón de Liga y Copa– de 1950. Durante la década de los 40 todos los capitanes del Valencia fueron vascos, tal y como recordó Chilet en Twitter, y el 31 de marzo de 1946, vencieron por seis a uno al Alcoyano con nueve vascos en su once: Eizagirre, Juan Ramón, Igoa, Lekue, Iturraspe, Ortuzar, Pasieguito, Mundo y Epi.
Simon Lekue, natural de Arrigorriaga, jugó en el Alavés, Betis y Madrid antes de fichar por el Valencia, donde disputaría 110 partidos. El centrocampista Higinio Ortuzar nació en Santiago de Chile en el seno de una familia vasca, regreso a Getxo siendo un niño. Tras pasar por el Erandio o el Barakaldo, estuvo cuatro campañas en el Athletic, para posteriormente irse al equipo che. Jugó 79 encuentros antes de continuar su trayectoria en la Real o el Valladolid. Por su parte, Bernardino Pérez Elizaran «Pasieguito», es una auténcia leyenda del valencianismo. Natural de Hernani, heredó el apodo de su padre, pelotari de origen cántabro conocido como «Pasiego». Firmó con apenas 17 por el equipo valenciano, procedente de la de la Real, para defender su elástica durante 16 temporadas. Disputó 293 partidos, anotó 80 tantos y tras su retirada siguió ligado al club. Su primera experiencia como entrenador fue en la campaña 1963-1964, pero una mala racha de resultados le llevó a ser destituido. Tras ocho años en el Sabadell, retornó al Valencia en 1976, convirtiéndose en el técnico fetiche del equipo, «el hombre de la casa» por excelencia. Hasta 1982, se sentó en el banquillo en tres etapas distintas, conquistando la Copa de 1979 y la Recopa de 1980. Como secretario técnico fue el encargado de fichar a cracks como Kempes y Mijatovic.
Como jugador, Pasieguito coincidio con el gasteiztarra Juan Carlos Díaz de Quincoces, un defensa que ganó el título de Copa de 1954 y que permaneció durante 12 años en la estructura valencianista. Llegó de la mano de su tío, Jacinto Fernández de Quincoces, todo un mito como jugador del Alavés o el Real Madrid. Se da la curiosidad de que en 1926, Fernández de Quincoces y Ricardo Zamora reforzaron al Athletic en un encuentro homenaje organizado por la Real a su entonces técnico Lippo Hertzka. El húngaro, uno de los preparadores más influyentes de las primeras décadas del siglo XX, firmaría semanas después por el conjunto rojiblanco. Volviendo a Quincoces, en 1948 se convirtió en entrenador del Valencia, puesto en el que permanecería durante seis campañas. Su segunda época en el banquillo fue 1958. Con 230 encuentros, todavía es el segundo entrenador que más partidos ha dirigido al Valencia en su historia. Otros nombres de la época son los del hondarribiarra José Valentín Caeiro, que disputaría 9 choques en la temporada 1951-1952, o el del portero eibartarra Felix Arrizabalaga, que estuvo cuatro cursos en el filial che.
Ansola y Sol, leyendas elgoibartarras; Koldo Agirre e Idigoras, salvadores
En los sesenta, los entrenadores vascos coparon el banquillo valencinista, ya que además de los citados Iturraspe, Mundo y Pasieguito, el durangarra Sabin Barinaga fue el encargado de preparar al equipo en 1965. Antiguo «niño de la guerra» exiliado en Inglaterra, hijo de comunista, fue el primer jugador del Real Madrid en marcar en el entonces nuevo estadio de Chamartín. Como entrenador fue un trotamundos, llevando las riendas de Osasuna, Atlético, Sevilla, Valencia, América de México o las selecciones de Marruecos y Nigeria. Aquel 1965, además, dos jóvenes elgoibartarras se convirtieron en auténticos iconos del cuadro che: Juan Cruz Sol y Fernando Ansola.
El primero de ellos, fallecido en noviembre de 2020, siguió vinculado al Valencia toda su vida. Como jugador, permaneció en la plantilla entre 1965 y 1975, luego fichó por el Real Madrid, un conjunto en el que jugó cinco temporadas, antes de retornar al Valencia en 1980. Se retiró tras ganar la Recopa y la Supercopa de Europa. Fuera del césped, ejerció como delegado, patrono de la Fundación y miembro del consejo de administración. Ansola, por su parte, fue uno de los mejores delanteros de su época y durante sus seis cursos en el Valencia anotó 61 tantos. Murió en 1986, con apenas 46 años. En los sesenta, también estuvieron en Mestalla el ariete eibartarra José Antonio Urtiaga, el medio vizcaino Fernando Trío Zabala, más conocido como «Nando Yosu», y el meta José Antonio Illumbe. Este último, nacido en Filipinas y criado en Euskal Herria, apenas jugó dos partidos de pretemporada en 1969.

El Valencia ganó la Liga de 1971 con cuatro vascos en su plantilla, los citados Sol y Ansola, además de Antón Martínez y Gabriel Uriarte. El zaguero erandioztarra Martínez había pasado por el Betis antes de llegar al equipo che, con el que disputó 202 encuentros. El sestaoarra Gabriel Uriarte, hermano del mito rojiblanco Fidel, permaneció cuatro campañas en el equipo de la capital del Turia, en los que apenas jugó 14 partidos. Unos meses después, aterrizaría el portero durangarra Juan Luis Meléndez Alberdi, dando paso a una época en la que se sucedería la presencia de metas vascos. Y es que en 1975, el conjunto valencianista incorporó a Víctor Marro, uno de los eternos suplentes de Iribar en el Athletic, y al elorrioarra Enrique Basauri. Ambos permanecieron dos campañas en Mestalla. Posteriormente, Basauri destacaría en el Alavés –llegando a sonar como futurible rojiblanco en 1980– y sería apodado «Mazinger Z» en Osasuna. Junto a ellos, el verano de 1977, también salió del Valencia Fernando Tirapu. El navarro, después de tres campañas en el equipo, ficharía por el Athletic en el serial de fichajes conocido como «la operación retorno».
La primavera de 1983, el Valencia sufría para mantenerse en Primera, por lo que el club decidió fichar a Koldo Agirre como entrenador. El hombre que había llevado a los leones a la final de la UEFA de 1977. Semanas antes habían incorporado a Santi Idigoras, el oñatiarra que ganó la Liga con la Real en Gijón y que, después, había probó fortuna en el Puebla mexicano. Ambos lograron la salvación en un último y agónico partido ante el Real Madrid en Mestalla. El gol de Tendillo mantenía a los che y, de paso, daba el título liguero al Athletic tras 27 años de sequía. No eran tiempos fáciles para el Valencia, que consumó su descenso en 1986. Con la intención de subir, remodelaron su plantilla, fichando, entre otros, al delantero vizcaino Jon García. Tras un año en el infierno, retornaron a Primera y se asentaron en la parte alta de la tabla. En ese desempeño, la llegada del hernaniarra José Manuel Otxotorena fue clave, ganador del trofeo Zamora en 1989 y convocado para el Mundial de Italia un año más tarde. Como futbolista, dejó el club en 1992 –desde hace 14 años es el entrenador de porteros del club– y el elegido para sustituirle fue el elgoibartarra José Luis González, entonces en la Real. No tuvo demasiada suerte, pero es recordado por haber parado el penalti lanzado por Djukic e impedir el título del Depor. Junto al meta guipuzcoano, ese verano, el Valencia también fichó al navarro Iñaki Ibañez y a Gaizka Mendieta. La temporada 1993-1994, además de aquel partido final en A Coruña, se produjo otra circunstancia curiosa: El debut del pasaitarra Aquilino Etxarri. Exjugador de la cantera de la Real, que apenas disputó un minuto en un encuentro oficial. Fue en Lleida, sustituyendo a Pedja Mijatovic. Años después, en del Real Unión, eliminó al Athletic de Heynckes en Copa.
«... y Mendieta ha marcado un gol realmente incréible»
Hijo de Andrés Mendieta, guardameta lekeitiarra que jugó en el Indautxu, Rayo, Real Madrid, Depor y Castellón antes de instalarse a orillas del Mediterráneo. Gaizka comenzó en el conjunto albinegro, debutando en Segunda con apenas 18 años en la campaña 1991-1992, un curso en el que tuvo la oportunidad de jugar en San Mamés ante un también imberbe Julen Guerrero. Tras alternar con el filial durante sus dos primeras temporadas en el Valencia, se asentó en el primer equipo de la mano de Luis Aragonés en el subcampeonato liguero de 1996. En aquella plantilla también estaban Andoni Zubizarreta, Patxi Ferreira y Xabi Eskurza. Con la llegada de Jorge Valdano, al igual que el guipuzcoano Iván Campo, contó con menos oportunidades. Su explosión definitiva fue de la mano de Claudio Ranieri, convirtiéndose en el mejor jugador de La Liga a finales de los noventa y en uno de los más decisivos de Europa. La temporada 2000-2001, el vizcaino compartió vestuario con el labortano Didier Deschamps, ya en el ocaso de su brillantísima carrera, que apenas pudo jugar un puñado de partidos como jugador del Valencia.
Aficionado a la música indie, el grupo Los Planetas le cita en su icónica canción «Un buen día» y el lekeitiarra tocó la guitarra con ellos en el escenario del FIB de Benicassim en 2015. Eso sí, es realmente difícil descifrar a qué tanto se refieren, ya que Mendieta marcó varios goles increíbles como su volea a la escuadra en el Camp Nou, el de la jugada Maradoniana que completó en San Mamés o el que anotó en la final de Copa de 1999 tras un magnífico sombrero y control orientado dentro del área. Finalista de la Champions en 2000 y 2001, el entonces presidente del Valencia lo calificó como «el murciélago del escudo». No obstante, fue vendido a la Lazio por el equivalente a 48 millones de euros. No triunfó en el Calcio, estuvo cedido en el Barca y volvió a disfrutar del fútbol en el Middlesbrough. Se retiró sin haber podido jugar en el Athletic, una espina clavada que ha reconocido en diversas ocasiones. Comentarista televisivo y embajador de La Liga, también ha dado conciertos como Dj con su banda «Gasteiz Gang».
Con el nuevo siglo, el protagonismo ha sido para los entrenadores, ya que Unai Emery, Ernesto Valverde, Pako Ayestaran y Javi Gracia se han sentado en el banquillo local de Mestalla. En cuanto a los jugadores, Asier Del Horno tuvo un paso discreto y acumuló tres cesiones durante los seis años de contrato que firmó con el Valencia, mientras que la afición che guarda un gran cariño a Aritz Aduriz. Y eso que el donostiarra apenas permaneció dos cursos en el conjunto valencianista antes de regresar al Athletic de la mano de Josu Urrutia. La temporada pasada, el portero algortarra Unai Etxebarria militó en el filial y fue convocado en siete partidos del primer equipo.
Actualmente, en la plantilla dirigida por Bordalás, se encuentra Hugo Guillamón, joven defensa que también puede actuar como centrocampista, nacido en Donostia pero criado en la localidad valenciana de L’Eliana. En el equipo femenino se encuentra, cedida por el Athletic Bibiane Schulze Solano, jugadora nacida en Alemania y de madre vasca. Sigue una estela que en su momento iniciaron Naiara Beristain –con dos etapas distintas en el Valencia– y Manuela Lareo.
