El fútbol vasco alcanza su cumbre más alta de la mano de Irene Paredes y Damaris Egurrola
Por primera vez, una futbolista vasca conquistará la Liga de Campeones, cuya final disputan Irene Paredes con el Barcelona y Damaris Egurrola con el Olympique de Lyon.
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El Juventus Stadium de Turín acoge hoy (19.00, DAZN/Youtube) una de las grandes citas del año. La más importante del mundo a nivel de clubes. El Barcelona, defensor del título y llamado a marcar una época, y el Olympique de Lyon, que ya lo hizo con sus siete títulos y todos los récords imaginables en su bolsillo, pelean por coronarse como el mejor equipo de Europa. La UEFA Women’s Champions League, que arrancó el pasado agosto con un formato renovado que se salda con un éxito absoluto, acaba hoy con el partido soñado.
También lo será para el fútbol vasco, que ya ha ganado, antes incluso de que suene el pitido inicial. Irene Paredes o Damaris Egurrola levantarán el trofeo de campeones, algo que ninguna otra futbolista vasca ha conseguido. A falta de que lo consiga un equipo, para lo que se necesitará mucho tiempo y mucha inversión, son las dos jugadoras las que han llevado a nuestro fútbol a su cumbre más alta.
Claro que sus carreras no se pueden entender sin los equipos de casa, con los que dieron el salto a la elite y lograron sus primeros títulos. El palmarés lo inauguraron en el mismo vestuario, de hecho. Ambas formaban parte del último Athletic campeón, el que ganó la Liga en la 15/16, del que Paredes fue uno de los baluartes y con el que Egurrola, con apenas 16 años, debutó en Primera.
Irene Paredes (Legazpi, 1991) ya era para entonces una futbolista de máximo nivel. Tras dar sus primeros pasos en Ilintxa, Urola y Zarautz, debutó en Primera con la Real, con apenas 17 años. Poseedora de una mentalidad extraordinariamente exigente y un físico excepcional, que le permitió compaginar fútbol y atletismo con el mismo éxito, acabó optando por el balón cuando recibió la llamada de Zubieta. Era centrocampista entonces, pasó después al lateral y acabó asentándose en el centro de la defensa, un puesto del que ya no se ha movido.
En el más amplio sentido de la expresión, porque primero en la Real, después en el Athletic, posteriormente en el Paris Saint-Germain y ahora en el Barcelona, así como en la selección española, de la que es capitana, la guipuzcoana ha sido titular indiscutible para todos sus entrenadores. 82 partidos disputó en sus tres temporadas con la Real antes de recibir la llamada del Athletic, con el que acabó de explotar en sus cinco temporadas. Se despidió de Lezama con el título de Liga y por una oferta irrechazable, la de un PSG que quería armar un proyecto de primer nivel para acabar con la hegemonía del Olympique en Francia. Otros cinco años completó en París, de donde se marchaba el pasado verano con una Liga, una Copa, una final de Champions perdida ante el Olympique en la tanda de penaltis y el galardón a la mejor defensa del continente, para unirse al mejor equipo del mundo. Un Barcelona con el que ya ha conquistado otros dos títulos –la Supercopa y una Liga de récord– y con el que hoy, en el cénit de su carrera, espera apuntarse el tercero.
Su trayectoria bien podría servir de guía a la de Damaris Egurrola (Orlando, 1999), meteórica aunque algo más trompicada. Talentosa e, igualmente, con un físico privilegiado, con 15 años llegó a Lezama y con 16 ya había debutado en Primera, nada menos que para ganar la Liga con el Athletic, aunque entonces ejerciera todavía de promesa. Sólo necesitó uno más para apoderarse de un puesto en el centro del campo que ya no soltó en sus cuatro temporadas con el primer equipo rojiblanco.

Una etapa que acabó de forma un tanto abrupta porque Egurrola, con pretendientes de primerísima línea, no aceptó la oferta de renovación del Athletic pero con la aparición de las Listas de compensación –la «cara b» del histórico convenio–, sólo pudo evitar marcharse sin pasar por caja marchándose al extranjero. Quién sabe si en caso contrario hoy no compartiría vestuario con Paredes. Pero el elegido fue el Everton, que intentaba montar un proyecto ambicioso para discutir con los grandes de la WSL. Allí aprendió «a pensar más rápido porque se juega con muchísimo ritmo e intensidad», en un curso intensivo pero corto. Sólo cuatro meses después de llegar a Liverpool recibió una de esas llamadas a las que sólo se puede responder con un «sí». El 20 de enero de 2021 se convertía en futbolista del Olympique, el mejor equipo de la historia aunque entonces se encontrara, todavía lo está, en un periodo de reinvención.
Tanto Jean Luc Vasseur entonces como Sonia Bompastor ahora han tenido entre sus elegidas a la vizcaina, a la que sólo las lesiones –una fractura de rótula el pasado abril le dejó sin final de temporada y una rotura del ligamento del tobillo se ha cobrado otros tres meses este curso– han negado la titularidad, aunque Bompastor maneja más variantes. No es seguro, de hecho, que esta tarde juegue de inicio, lo que es indudable en el caso de Paredes, titular indiscutible para Jonathan Giráldez.
Será la primera gran final para la vizcaina y la segunda para la guipuzcoana pero es probable que no sea la última. Es más, puede que ni siquiera sea la última del año porque ambas afrontan otro reto mayúsculo el próximo julio.
Porque en la Eurocopa de Inglaterra, como sucede hoy, los aficionados vascos podrán ponerse camisetas con nombre propio, aunque el escudo del pecho no lo sea. Irene Paredes, previsiblemente acompañada por Nerea Eizagirre y Amaiur Sarriegi, defenderá los colores de una selección española que, apoyándose en el éxito del Barcelona como ya sucediera con su homóloga masculina hace algo más de una década, llega al torneo aspirando a todo.
Y también debería hacerlo, no en vano defiende título, la Holanda de Damaris Egurrola, que también en este caso ha recorrido un camino con más curvas. Cansada de que Jorge Vilda no se acordara de ella, la centrocampista confirmó el pasado 29 de marzo que jugaría con el país de su madre, con el que ya ha debutado y al que defenderá en la Eurocopa.
Una de las dos llegará a Inglaterra con el título de Champions que se decide en una final a la que el Barcelona llega como favorito. Es la tercera para el equipo culé, que hace tres años cayó ante el propio Olympique (4-1), hace uno se sacaba la espina con la misma contundencia ante el Chelsea (4-0) y en la presente edición sólo ha perdido un partido, la vuelta de semifinales contra el Wolfsburgo.
Las francesas han llegado con más apuros pero con la experiencia de sus nueve finales y siete títulos y con la convicción de que su nuevo proyecto va cogiendo velocidad. Si ganan, Sonia Bompastor será la primera mujer que conquista la Champions como jugadora –dos veces con el propio Olympique– y como entrenadora.