Dinamarca afronta el reto de ser la primera en encadenar tres entorchados mundiales
Dinamarca afronta el difícil reto de encadenar su tercer entorchado mundialista consecutivo. Tratarán de impedirlo Francia, Suecia –juega en casa–, España, Noruega e Islandia.
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Este miércoles comienza el XXVIII Mundial de Balonmano masculino, que se disputará en Suecia y Polonia. Y la actual campeona, Dinamarca, afronta el reto histórico de encadenar su tercer entorchado seguido, algo que ninguna selección ha logrado hasta el momento.
La nómina del combinado escandinavo es espectacular, aglutinando presente y futuro de este deporte. Para empezar, contando con el presumiblemente mejor portero del momento, un Niklas Landin que es el último baluarte de la muralla danesa.
El talento lo pone un veterano que, cumplidos los 35 años, todavía sigue siendo un quebradero de cabeza para sus rivales. Elegido como mejor jugador del mundo en 2011, 2015 y 2018, Mikkel Hansen aún tiene cuerda para liderar al cuadro danés.
Y dispone además de relevo a no mucho tardar. Con solo 23 años, Mathias Gidsel ya apunta desde el lateral a convertirse en el nuevo rey de esta modalidad en los próximos años.
Nombrado jugador más valioso en los pasados Juegos Olímpicos de Tokio, el de Skjern no solo dispone de una enorme visión de juego y todo un elenco de recursos en ataque, sino que es prácticamente infalible en el lanzamiento. Sus solo cinco errores en el pasado Campeonato de Euroopa así lo corroboran.
Individualidades que aportan sobremanera al juego colectivo de una Dinamarca que sabe mover el balón con más velocidad y precisión que el resto, además de manejarse con efectividad en el juego de siete en ataque.
Los otros candidatos
Unas cualidades que, sin embargo, pueden ser doblegadas con otros aspectos del juego, como el físico que desplegó Francia en la última final olímpica y que sirvió para someter a los daneses con un gran trabajo defensivo.
El conjunto dirigido por Guillaume Gille es además el más laureado de la competición, tras levantar el trofeo en las ediciones de 1995, 2001, 2009, 2011, 2015 y 2017, lo que le da un plus de experiencia añadida.
Sumado a la veteranía de un bloque que sigue comandado por los hermanos Karabatic y el pivote del Vezsprem Ludovic Fabregas, ahora mismo el mejor jugador en ese puesto.
A ellos hay que añadir la potencia de lanzamiento del lateral derecho Dika Mem y la movilidad del central Nadim Remili, pieza básica en el citado oro olímpico y que regresa tras perderse por lesión el pasado Europeo.
Como mayor hándicap, Francia no podrá contar con piezas importantes, caso de los laterales Timothey N'guessan y Aymeric Minne, el extremo Hugo Descat, el central Kyllian Villeminot y el exterior Benoit Konkoud, lesionados en la fase de preparación.

Como vigente campeona continental, Suecia se perfila como una de las selecciones al alza, lo que, unido al hecho de que va a jugar arropada por una multitud de incondicionales, le hace seria candidata al título.
Liderada por el central Jim Gottfridsson, elegido mejor jugador de los dos últimos Europeos, el combinado escandinavo brilla especialmente por el juego colectivo que practica en pista.
Después de una prolongada sequía de títulos, Suecia, que está en el segundo escalafón con cuatro Mundiales –los mismos que Rumanía–, quiere volver a rememorar la época dorada de los años noventa del pasado siglo.
Tres jugadores vascos
Los tres jugadores vascos que participarán en la cita mundialista –Kauldi Odriozola, Iñaki Peciña e Imanol Garziandia– lo harán bajo los colores de una España que también destaca por el interés colectivo.
La vigente subcampeona europea y bronce en el último Mundial recupera para la causa a los hermanos Álex y Dani Dujshebaev, ausentes en el pasado Europeo y que aportan una mayor variedad al juego hispano.
Su técnico, Jordi Ribera, ha vuelto a confiar prácticamente en el mismo bloque del citado Europeo y en su polivalencia como la mejor arma para intentar alcanzar el tercer entorchado, tras los de 2005 y 2013.
Al quite de que los favoritos no cumplan los pronósticos estará una Islandia que no acabó de rematar la faena en el último Europeo de la mano de jugadores como el central Gisli Kristjansson o el lateral Omar Magnusson, ambos campeones de la Bundesliga con el Magdeburgo.
Además, finalmente parece que podrá contar con el joven portero Viktor Hallgrimsson, elegido mejor guardameta del pasado Europeo, tras superar la lesión de codo que le había mantenido alejado de las pistas el último mes.
En la misma tesitura se encuentra una Noruega que no ha terminado de sacarle todo el jugo a una generación de oro de jugadores, tras perder las finales mundialistas de 2017 y 2019.
Finalizada la etapa de Christian Berge, muchas de sus opciones van a depender del estado de forma de un Sander Sagosen que se ha recuperado en un tiempo récord de su grave lesión de tobillo.
Ya al mando de Jonas Wille, el grupo apenas ha variado respecto al último Europeo, aunque sí que recupera para la primera línea a los dos laterales del Flensburg, Magnus Abelvik Rod y Goran Sogard.

Aparte de las europeas, las eternas candidatas, otras selecciones del resto de continentes están llamadas a dar guerra y, quién sabe, si forzar más de una sorpresa inesperada.
En algunos de esos combinados se van a manejar hasta cuatro jugadores de Bidasoa Irun, como es el caso del pivote brasileño Matheus Francisco da Silva, el guardameta tunecino Mehdi Harbaoui –el cuadro africano será gobernado desde el banquillo por el exbidasotarra Patrick Cazal– y el también portero polaco Jakub Skrzyniarz.
Mención especial para la presencia del lateral derecho chileno Rodrigo Salinas, que estará dirigido por Aitor Etxaburu, quien fuera campeón europeo y capitán del equipo irundarra, además de posterior técnico, labor que también desempeñó en Anaitasuna.
PCRs previos
La Federación Internacional de Balonmano (IHF) ha decidido que todos los jugadores, técnicos y oficiales de los equipos participantes deben presentar una PCR negativa realizada 72 horas antes de su llegada a Polonia y Suecia.
Además, se realizarán nuevas pruebas a la conclusión de la primera fase y al término de la ronda principal. En el caso de que se produzca algún positivo, este será aislado por el plazo de cinco días.
Unas medidas que han generado malestar y polémica entre las expediciones de los diferentes equipos. Así, el seleccionador francés, Guillaume Gille, ha señalado que «queremos lavar un poco más blanco que el blanco y no veo la razón. Nuestro vecino, el fútbol, el deporte más universal, ha disputado un Mundial en Catar y creo que en este mes y medio no he oído ni una sola vez las palabras test covid o pruebas PCR».
«Es una lástima que no podamos firmar autógrafos o hacernos fotos con los niños durante el Mundial que se disputa en tu casa por el riesgo de dar positivo, que no podamos vivir durante el torneo como vivimos ahora en Suecia», se ha lamentado por su parte el técnico asistente de la selección sueca, Michael Apelgren.
Este ha añadido que «personalmente no entiendo por qué estamos haciendo esto. En Suecia el tiempo del coronavirus ha terminado y ya no se califica como una enfermedad peligrosa para la sociedad desde el pasado mes de abril».
Más lejos ha ido el portero islandés Bjorgvin Gustavsson, quien ha denunciado que un posible aislamiento iría en contra de «la protección a la intimidad y la libertad de trabajo» de los jugadores.
«Las reglas del torneo son más estrictas que las leyes vigentes en los dos países organizadores, por lo que los jugadores son conscientes de que pueden salir en cualquier momento de su aislamiento o negarse a las revisiones», ha señalado el guardameta en un escrito remitido a la Federación Internacional y difundido a través de las redes sociales.
Durante el transcurso del Europeo de Hungría y Eslovaquia, disputado hace un año, los equipos se vieron obligados a modificar una y otra vez sus plantillas, a causa de los numerosos positivos detectados en los controles que se efectuaban casi a diario.