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Alemania rompe su techo de cristal y llega a la final del Mundial a costa de los Estados Unidos

Con un Andreas Obst desatado desde el triple y un planteamiento valiente y sin complejos, los de Gordie Herbert han batido al combinado norteamericano por 111-113 y ya han superado el bronce que cosecharon en el Mundial de 2002. Se jugarán el oro el domingo frente a Serbia.

Andreas Obst, uno de los héroes de la victoria alemana ante los Estados Unidos, estalla de júbilo. (Jam STA ROSA | AFP PHOTO)

¡Ha caído el Gran Satán! La selección de Alemania ha roto su techo de cristal en los Mundiales, después de su medalla de bronce en Indianapolis 2002, al derrotar al todopoderoso combinado de los Estados Unidos con un marcador digno de unos play-offs de la NBA: 111-113. Aguantándose los nervios en un último cuarto en el que los de Steve Kerr han vencido por 27-19, los entrenados por Gordie Herbert han superado a la selección estadounidense, que tendrá que jugarse el bronce ante el seleccionado de Canadá, en una final americana que, increíblemente, será la de consolación cuando se presumía que iba a ser la pelea por el oro.

Pablo Laso es el actual entrenador del Bayern de Múnich, y ha sido uno de sus pupilos, el alero reserva Andreas Obst, exjugador del Obradoiro de Moncho Ferández, quien ha sido el principal responsable de la victoria teutona. No solo ha anotado 24 puntos, siendo el máximo encestador de un duelo delicioso, sino que ha sido capaz de sobreponerse a la presión, incluso a la presión ambiental de un Mall of Asia Arena de Manila –después de los españoles, fueron los estadounidenses los que colonizaron Filipinas– para, con el marcador 107-108, clavar un triple que virtualmente ha derrotado a los de Steve Kerr. O más bien, ese triple, el cuarto que ha encestado Obst, ha sido el inicio de una serie de tres acciones positivas germanas, en las que al triple en cuestión le ha seguido un taponazo de Bonga sobre Mikal Bridges, con el colofón de la suspensión desde seis metros que Dennis Schröder ha clavado para estalecer el 107-113 con 40 segundos por jugarse.

Austin Reaves y Paolo Banchero han acercado el marcador hasta el 111-113 final, con el trío arbitral tragándose entre medias el silbato ante una clamorosa falta sobre Obst por parte de Anthony Edwards. Pero para entonces el reloj descontaba y solo quedaban cinco décimas de segundo. Un tiempo muerto para ganar metros por parte de Gordie Herbert y el saque de banda que ha controlado Schröder han certificado la victoria de una Alemania que, tras haber ganado el Eurobasket de 1993 y conquistado la plata en el Eurobasket de 2005, llega a su primera final mundialista.

Cambio de planteamiento

Los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 enseñaron un camino que ya se empezó a trazar en Atlanta 1996 y sobre todo Sidney 2000, cuando Lituania estuvo a punto de derrotar a los Estados Unidos. En el Mundial de 2002 Argentina fue el primer combinado de la FIBA capaz de derrotar a un conjunto de los Estados Unidos formado íntegramente por jugadores NBA, y que después de aquel tropiezo volvería a caer ante Yugoslavia –Serbia & Montenegro– en cuartos de final y frente a España en la pelea por la quinta plaza.

Sin embargo, el torneo olímpico de Atenas 2004, en el que los Estados Unidos ganaron el bronce, y gracias, obligó a un replanteamiento radical por parte de USA Basketball a la hora de conformar sus equipos de cara a las siguientes citas al más alto nivel del Basket FIBA.

Así se construyó el «Redeam Team» que conquistó el oro en Beijing 2008, pero ya entonces el exjugador Bill Walton, aun con la alegría por el oro tras una final inolvidable ante la selección española, vaticinaba lo que se ha visto en adelante. «Es un placer recuperar el oro, pero también es algo tremendo ver cómo el resto del Mundo avanza en el baloncesto. Esta vez ha sido la España de los hermanos Gasol o Navarro y demás la que nos ha obligado sacar lo mejor de nosotros para ganar, y la época de las grandes palizas casi sin querer ha pasado a la historia».

Desde entonces, Estados Unidos ha repartido palizas a diestro y siniestro, pero también ha sufrido en no pocos partidos en los que ha ganado pero viéndose muy al límite, al tiempo que también ha mordido el polvo en varias ocasiones, todavía contadas.

Que cada vez haya más jugadores internacionales en la NBA y que la relevancia de estos sea cada vez mayor, también ayuda a un cambio de paradigma a la hora de afrontar los partidos a cara de perro ante los estadounidenses. Los hermanos Wagner, Schröder o Daniel Theis no son unos recién llegados a la NBA, bajo el ala protectora de ese gran campeón que fue Dirk Nowitzki y, como precursor, con el recuerdo de todo un subcampeón de la NBA en 1996 con los Seattle Supersonics como fue Detlef Schrempf.

Así pues, refugiarse en zonas estáticas y poco agresivas y rezar para que los estadounidenses vayan fallando sus triples ya no es una opción, como tampoco lo es intentar adormecer el partido. Alemania ha saltado a esta semifinal mundialista sin presión alguna, uno de los lados positivos que tiene jugar ante los Estados Unidos. Ha saltado sin presión y jugándosela a la yugular ante un adversario que venía de machacar por 63-100 a una Italia que saltó al parqué derrotado de antemano, lamentando su mala suerte tras la victoria de Lituania sobre el seleccionado norteamericano dos días antes por un increíble 104-110.

Pero Alemania, que ya sufrió lo suyo en el tramo final de su cruce frente a Letonia, y que seguramente notará la tensión en la finalísima del domingo ante Serbia, no ha salido derrotada. Como queda dicho, los hermanos Wagner, Theis y Schröder saben lo que es pelearse contra las estrellas de la NBA y saben que se han ganado un hueco en sus respectivas rotaciones, porque ninguno de ellos está ahí para agitar la toalla. Y del resto de los jugadores, Maodo Lo, Thiemann, Bonga, Obst, el exbaskonista Voigtmann y hasta un Justus Hollatz que ha llegado muy muy justo por lesión, juegan en la Euroliga y se conocen aquel lema de «cada partido importa».

Los Estados Unidos han llegado al descanso ganando por la mínima, 60-59, pero con el retorno de los vestuarios, la actitud germana ha sido todavía más agresiva. Franz Wagner ha firmado un 3 de 10 en triples, pero en todo caso nunca ha escondido la cabeza –ha terminado con 22 tantos–, Voigtmann ha vuelto ha mostrar su talento como pasador y como reboteador, apartado en el que Alemania ha conseguido superar a los norteamericanos –28 a 30–, al tiempo que Obst ha abierto la tapa del triple para ir estirando la renta alemana hasta un 84-94 al final del tercer asalto.

Todas las alarmas se han encendido en el seno de los Estados Unidos, sobre todo cuando a falta de poco más de cinco minutos para terminar el partido Thiemann ha establecido el 94-106 en el marcador.

Ha sido entonces cuando Estados Unidos ha recurrido a su presión, a meter todas las manos posibles, en parte con la aquiescencia del trío arbitral y espoleado por el público. Asimismo, Anthony Edwards, autor de 23 puntos, y Austin Reaves, que ha sumado 21, han metido el miedo en el cuerpo de una Alemania a la que le ha entrado el mal de altura, cuando tras un parcial de 9-0 los los Steve Kerr se han arrimado hasta un 103-106, con más de tres minutos por jugarse todavía.

El factor Schröder

Ha sido entonces cuando Dennis Schröder ha dado un paso adelante. Luego de su bochornoso 4 de 26 frente a Letonia, el capitán y alma mater de la selección alemana ha asumido los galones de los de Gordie Herbert. Eso significa que se acabó el juego coral, pero también se acabó el especular. Una bandeja suya ha roto la sequía de dos minutos y medio de los europeos y cuando Reaves ha encadenado cuatro puntos seguidos para el 107-108, no ha dudado en penetrar y buscar un pase por la espalda para Daniel Theis, luego de haberse atraído hasta tres ayudas, de forma que de no haber tocado ese balón uno de los defensores estadounidenses, el ala-pívot de los Indiana Pacers hubiera machacado a placer.

No ha sido así, pero el propio Schröder ha encontrado a Obst en la jugada siguiente en la esquina, quien con una finta se ha desembarazado de su marcador para sellar el 107-111 con un triplazo, para que Schröder, que ha terminado con 17 puntos y 9 asistencias –con una carta de tiro de 7 de 13– haya finiquitado virtualmente el partido con una suspensión desde la media distancia, que es donde más efectivo se muestra.

Alemania no ha podido encestar más, pero sí que ha podido manejar sus posesiones con cierta seguridad mientras Schröder ha tenido el balón. Y así, pese al último coletazo del vigente campeón olímpico, el conjunto germano ha conseguido una de las victorias más brillantes de su historia y se une al grupo de los seleccionados que han conseguido ganar a los Estados Unidos al menos una vez. El oro, contra la Serbia de Bogdan Bogdanovic, quizá sea otro cantar, pero desde luego que han conseguido la hazaña ante un combinado estadounidense quizá sin grandes estrellas, pero que desde el primer día ha jugado muy serio y que ha vendido muy caras sus derrotas.