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Continuidad o cambio para revitalizar el tejido industrial

PNV y EH Bildu discrepan sobre la situación económica, con los jeltzales autocomplacientes y la coalición advirtiendo síntomas de declive, lectura que coincide bastante con la del PSE. En esta tesitura, Sabin Etxea se aferra a la ortodoxia liberal, y la fuerza soberanista aboga por ser proactivo.

Un vecino de Sestao pasea cerca del Horno Número 1, vestigio del carácter industrial de la localidad. (Aritz LOIOLA | FOKU)

Escrutar los programas electorales de los partidos exige en ocasiones pasar el cedazo para sacar algo en claro entre un montón de vaguedades y lugares comunes; ¿quién puede no estar de acuerdo con «impulsar una cultura empresarial comprometida con las personas»? Sin embargo, a nada que se entrene la mirada se detectan rápido los puntos de encuentro o de discordia entre unos y otros. Y en el caso de la política industrial propuesta en esta campaña por las principales formaciones se aprecia claramente que hay enfoques contrapuestos tanto sobre la situación actual como en el camino a recorrer.

Dos puntos de vista, una paradoja

Los hay, claro, entre las dos fuerzas llamadas a competir por la victoria el 21A: PNV y EH Bildu. En lo que se refiere al balance de situación, el partido jeltzale hace una lectura netamente positiva, y sostiene que «este país no sería el que ha llegado a ser sin un liderazgo eficaz en materia económica enfocado en promover un entorno económico empresarial dinámico, con la ecuación crecimiento-desarrollo-bienestar en el centro». Con ese punto de partida, añade que «la gobernanza de este modelo de éxito se ha basado en una estrecha colaboración público-privada e interinstitucional. Una gobernanza por la que seguiremos apostando a futuro». Quédense con el término «público-privada», porque es un trending topic en el argumentario jelkide.

Por contra, EH Bildu considera que en los últimos años «no se ha sabido leer el momento económico en el que nos encontramos y nos hemos dejado arrastrar por la corriente, la corriente neoliberal».

La coalición, que incluye un análisis DAFO (puntos débiles, amenazas, puntos fuertes y oportunidades), valora que la situación de la economía vasca «no es catastrófica, ni mucho menos», pero lamenta que «se fuerza un análisis autocomplaciente que impide analizar con dete- nimiento lo que está ocurriendo en el hipocentro del terreno económico vasco».

Hecha esa lectura, expone una docena de indicadores, desde PIB per cápita vs inflación hasta el gasto en I+D, pasando por el peso de la industria en la economía y el empleo, y la exportación tecnológica, para argumentar su valoración. En ella se censura que «hemos seguido en la lógica del modelo de desarrollo caducado hace tiempo, cegados en gigantescas inversiones basadas en el cemento y el asfalto».

Podría pensarse que esa es la reflexión lógica de un partido que ha estado en la oposición y aspira a dejar de estarlo, pero es que resulta que el otro socio del Gobierno, el PSE, hace una lectura parecida. «La economía vasca ha resistido los embates de estos últimos años, y es algo de lo que sentirnos orgullosos», comienza su análisis el partido de Eneko Andueza, pero añade que «junto a ello, debemos también reconocer que no ocupamos las posiciones de liderazgo de antaño». Destaca que «pese a nuestro PIB (por encima de la media europea) estamos por debajo en gasto en investigación y desarrollo», que «comunidades autónomas de referencia nos superan en atracción y retención del talento», y «tenemos una creciente dificultad para encontrar los perfiles profesionales que se necesitan». «Euskadi tiene fortalezas, pero también el riesgo de caer por la senda de la irrelevancia», resume.

Es sabido que, en plena campaña, el PSE se está esforzando en desmarcarse de su socio pasado, presente y probablemente futuro, pero es paradójico que un partido de gobierno haga una lectura tan cruda del desempeño del Ejecutivo.

«Laissez faire» o una actitud proactiva

Parece por tanto que la economía y la industria de la CAV están, cuando menos, en una encrucijada. Y en este contexto, la hoja de ruta del PNV sigue sin muchos matices la ortodoxia liberal, con un protagonismo explícito del ámbito empresarial y un esfuerzo público destinado sobre todo a hacer «atractivo» el territorio a la inversión exterior.

«Desde EAJ-PNV creemos firmemente en la colaboración público privada y en un sector empresarial fuerte, dinámico y comprometido socialmente», sostiene el programa jelkide, que enumera algunas medidas, como poner en marcha un Plan Industrial 2028, establecer mecanismos para simplificar los trámites burocráticos y reforzar «la eficacia del ecosistema colaborativo y de acompañamiento (clústeres, cámaras, asociaciones, etc.).

También cree esencial «reforzar y ampliar la red de infraestructuras que puedan atraer y facilitar la implantación y crecimiento de proyectos industriales y científico-tecnológicos», y anuncia «un Fondo de Inversión para el Desarrollo de Infraestructuras Industriales adscrito a la SPRI que, partiendo de la participación pública, atraiga capital privado para el desarrollo de nuevas infraestructuras industriales».

Una política de laissez faire o dejar hacer al mercado, donde lo público adquiere un carácter subsidiario que no es del gusto de EH Bildu. Critica que la colaboración público-privada que expone como mantra el PNV «se ha desequilibrado en favor de los intereses privados», y considera que «el papel de la administración pública no se puede limitar a acompañar de forma acrítica al sector privado». De hecho, la primera de sus cuatro áreas de intervención pasa por «apostar por una política industrial proactiva». «El sector público debe actuar liderando y dinamizando, y no de manera puntual, sino de manera continuada: es necesario un empuje direccional que defina metas que han de orientar la dirección de la transformación productiva», apunta a este respecto.

Y cita varios instrumentos para ejecutar ese modelo de gobernanza, entre ellos un Centro de Prospectiva Económica, un Instituto para el Emprendimiento público, un Observatorio de Política Industrial independiente, un Consejo Asesor para el Diseño de Política Industrial y un Fondo Soberano para la Inversión Estratégica.

Dentro de este mismo apartado, EH Bildu propone medidas para mejorar el posicionamiento de las pyme y de las medianas y grandes empresas, para «mejorar y mantener los centros de decisión y la responsabilidad con el territorio» y «afrontar el reto de la descarbonización de la industria vasca». Este es un objetivo que también mencionan casi todos en su programa, de modo que aquí entra en juego la credibilidad de cada cual y, si han tenido responsabilidades de gobierno, el poso que han dejado sus políticas. El candidato del PNV, Imanol Pradales, ya dijo el jueves que su apuesta pasa por «hacer bien» la transición energética y ecológica sin prisa y «de la mano de las empresas».

El PNV se queja de las huelgas

«Apostar decididamente por la innovación tecnológica», con una definición de la estrategia tecnológica a medio y largo plazo, y «reforzar nuestro sistema financiero», donde se aboga por profundizar en actuaciones dirigidas a la creación de un sistema financiero público vasco y por implementar medidas para el fomento del crédito dirigido a actividades productivas o estratégicas, son otras dos de las áreas de intervención de EH Bildu en su política industrial. Y junto a ellas, «Articular un Marco Vasco de Relaciones Laborales».

En este apartado ve «crucial» la democratización de la empresa, y propone, además de la participación de los y las trabajadoras en la gestión, resultados y propie- dad, impulsar planes de igualdad de género en las empresas y promover la presencia del euskara como lengua de trabajo.

Considera, asimismo, que «las características propias de nuestro tejido productivo, así como las mayorías políticas y sindicales existentes», hacen necesaria la constitución de un Marco Vasco de Relaciones Laborales. Este debería permitir a las instituciones y agentes sociales definir «en la escala vasca», un “estatuto del trabajador” «con consolidación de derechos laborales básicos de los y las trabajadoras en las relaciones capital-trabajo en los tres momentos más determinantes: contratación, determinación dinámica de las condiciones laborales y extinción laboral». Junto a ello, el desarrollo de la negociación colectiva «sin interferencia de marcos estatales en las condiciones laborales de los y las trabajadoras vascas»; servicios de empleo «con capacidades propias y exclusivas en el diseño de políticas activas y pasivas y en las políticas de formación continua»; y una ley propia de libertad sindical, «abordando una nueva forma de valorizar la participación de los y las trabajadoras en las empresas».

También el PNV destina un apartado de su programa al ámbito laboral, y lo hace afirmando que «en Euskadi disponemos de un marco propio de relaciones laborales». «Un marco propio –sostiene– que nos ha llevado a tener una muy buena situación en términos de empleo y calidad».

Sin embargo, a renglón seguido, lamenta que «este marco lleva años afectado por un contexto de conflictividad continua, especialmente en el sector público». «Una conflictividad que va más allá de lo que son unas reivindicaciones lógicas y justas, y que pone en riesgo la competitividad de nuestra economía y el contrato social del que nos hemos dotado», sostiene los jeltzales, para quienes «la huelga debe ser la última herramienta inevitable que nos quede a las personas trabajadoras de este país» cuando el «escenario de diálogo se haya terminado».

El discurso no suena raro a quien haya seguido a ese partido en los últimos años, pero choca verlo escrito en un programa electoral. No es una vaguedad, y no hace falta un cedazo para sacar conclusiones.