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La guerrilla noquea al Estado en Baluchistán Oriental

Una cadena de ataques coordinados por todo el territorio de Baluchistán Oriental este fin de semana se ha saldado con un reguero de cuarteles y comisarías ardiendo, y cientos de muertos entre civiles y combatientes. Es la mayor operación insurgente baluche en años.

Guerrilleros baluches, en algún lugar de las montañas de Baluchistán Oriental. (Karlos ZURUTUZA)

En la mañana del sábado, el Ejército de Liberación Baluche (BLA, por sus siglas en inglés) reivindicó ataques simultáneos en doce localidades de Baluchistán Oriental, bajo control de Islamabad. En Quetta, la capital provincial, combatientes armados atacaron posiciones policiales, incendiaron un banco y destruyeron vehículos del aparato de seguridad pakistaní. Escenas similares se vivieron en Nushki, Mastung, Kalat, Kharan o Gwadar, donde la guerrilla parecía haber tomado el control en plazas en las que el Estado brilla por su ausencia.

La cifra sobre víctimas varía según las fuentes. El Gobierno pakistaní reportó cientos de muertos entre militantes, fuerzas de seguridad y civiles en una de las jornadas más mortíferas en años. Las autoridades también implementaron cortes de internet y control de información en varias ciudades.

El BLA ha bautizado la cadena de ataques coordinados como “Operación Herof, Fase 2.0”. Herof, «tormenta negra» en baluche, tiene resonancia simbólica en la poesía y cultura local. Una fase anterior lanzada en agosto de 2024 incluyó ataques en doce distritos baluches, con víctimas tanto de las fuerzas de seguridad como civiles. La del pasado fin de semana difiere de aquella por su mayor escala y violencia. También se ha extendido a un área geográfica más amplia y, por primera vez, mujeres combatientes han participado en combate directo, ya que anteriormente solo lo habían hecho en ataques suicidas.

Mientras la prensa pakistaní habla de un «fallo de seguridad», el BLA también se ha apuntado una victoria en el campo de la propaganda. Hay vídeos que muestran a su líder, Bashir Zaib, patrullando en moto en áreas estratégicas cerca de zonas con importantes recursos minerales, lo que apunta a un cambio en la táctica de la organización y su capacidad para operar incluso en regiones clave para inversiones extranjeras. Por otra parte, los vídeos de los guerrilleros en las calles de Quetta siendo recibidos entre abrazos y otras demostraciones de afecto por los civiles se han hecho virales en las redes. No en vano, el líder del BLA ha apelado específicamente al apoyo de su pueblo en uno de sus últimos comunicados.

Este último repunte de violencia no es espontáneo, sino el resultado de décadas de tensiones entre el Gobierno de Islamabad y la población baluche. Desde su anexión forzosa a Pakistán, en marzo de 1948, Baluchistán Este es la provincia pakistaní más grande, la más despoblada y más subdesarrollada, pero también la más rica en recursos naturales como oro, uranio o gas. El acceso limitado a servicios básicos, las altas tasas de pobreza y la falta de oportunidades laborales han contribuido a un clima de frustración y agravio entre la juventud.

El territorio sufre también los niveles de violencia más elevados del país. La respuesta de Islamabad a una guerrilla nacionalista baluche sin un corte religioso es el despliegue masivo de su Ejército y cuerpos paramilitares, así como el apoyo a una red de células islamistas con vínculos que se reparten entre el Estado Islámico y los talibanes.

Analistas también señalan que desde 2018, cambios políticos y una mayor militarización de la provincia han intensificado el conflicto. Las acusaciones de manipulación electoral, corrupción, uso excesivo de la fuerza contra protestas civiles y desapariciones forzadas habrían profundizado el resentimiento entre la población baluche.