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Grandes empresas españolas han acogido a agentes de las ‘cloacas del Estado’

Un informe de GEBehatokia constata cómo decenas de mandos policiales destacados en la lucha anti-ETA y en ocasiones ligados a la tortura han acabado en grandes empresas españolas, muy bien remunerados. Es una constante en el posfranquismo, refiere con múltiples ejemplos.

Sánchez Corbí y ‘Billy el Niño’, dos de los que acabaron en grandes corporaciones. (Europa Press)

Giza Eskubideen Behatokia (GEBehatokia) ha documentado en un informe al que ha tenido acceso NAIZ una realidad que es constante desde la muerte de Franco hasta la actualidad: grandes empresas estatales han ‘acogido’ con altos cargos de responsabilidad a responsables policiales que habían hecho carrera en la lucha anti-ETA (en la que se incluyeron métodos sistemáticos como la tortura) o en otras tareas de las ‘cloacas’ del Estado. Constructoras como Acciona, bancos como el BBVA o el Central Hispano, Telefónica, El Corte Inglés, Iberia, empresas de seguridad... han sido puntos de destino, que para GEBehatokia han contribuido además a «blanquear» sus trayectorias anteriores. 

De ahí el título elocuente del trabajo: ‘La pasarela entre la Policía y las grandes empresas, pilar de la impunidad’. El informe documenta decenas de casos durante estas últimas décadas, por lo que abarca desde la Brigada Política Social franquista a la ‘Policía patriótica’ del PP. 

Acciona, a la cabeza

Así, Acciona, en el ojo del huracán por múltiples escándalos que recogió Beñat Zaldua en este reciente reportaje, ha dado cobijo a Manuel Sánchez Corbí, en su día condenado por torturas a Kepa Urra, pese a lo que fue primero indultado, luego condecorado y más tarde ascendido a jefe de la UCO de la Guardia Civil

En aquel proceso fue juzgado también Diego Pérez de los Cobos (salió absuelto), al que años después Peio Alcantarilla señalaría además como la persona que lo torturó en 2004. No fue óbice para que Pérez de los Cobos hiciera igualmente carrera al frente de la Guardia Civil, hasta llegar a ser convertido en jefe de los Mossos tras la intervención estatal de la autonomía catalana vía 155. El apellido aparece también en puestos de responsabilidad de Acciona: el informe recuerda que su hija dirige la comunicación y marketing de la constructora.

Carlos Pérez-Castelló es otro nombre que ha cruzado la misma ‘pasarela’ que Sánchez Corbí. GEBehatokia recoge que en 1990 hizo la instrucción policial del caso de la foz de Irunberri, donde murieron un agente de la Guardia Civil y dos militantes de ETA, en la que se propagó la falsa hipótesis del doble suicidio, luego desmentida por los tribunales. En 2015 Pérez-Castelló aparece como director de seguridad de, de nuevo, Acciona.

La misma constructora ‘recicló’ a Joaquín Collado Callau, que fue mando en Intxaurrondo en los años 80 y estuvo destinado luego a Tres Cantos (Madrid), el cuartel en que murió Gurutze Iantzi en 1993 en manos de la Guardia Civil.

Privadas y públicas

Las puertas giratorias que empiezan en calabozos vascos acaban en empresas privadas, e incluso públicas. O ambas: Iberia era pública cuando contrató como jefe de seguridad a Rafael del Río, que había sido comisario jefe de la Policía española en Gasteiz e incluso director general del cuerpo entre 1982-86 (los años que los informes de los gobiernos de Lakua e Iruñea marcan como culmen en la práctica de la tortura). Se mantuvo en el cargo después de la privatización de la compañía en 2001. En 2024 Grande-Marlaska le impondría la Medalla de Oro al Mérito Policial, siendo entonces el único agente que disponía de tal alta distinción en vida.

Responsables conocidos de otros cuarteles y comisarías vascos en aquellos ‘años de plomo’ han acabado en grandas empresas privadas, constata GEBehatokia. Por citar solo algunos nombres del informe, Manuel Rodríguez Simons fue contratado por El Corte Inglés tras haber ejercido de comisario de Información en Bilbo en la segunda década de los 90, y Florentino Villabona Madera, al que se atribuyen importantes redadas en los 80 en la comisaría de Iruñea, saltó ya jubilado a dirigir la seguridad de LaLiga que dirige Javier Tebas.

Práctica franquista

Esta dinámica de ‘lavado de cara’ viene en realidad desde los tiempos del franquismo, si bien entonces el destino habitual tras el ejercicio policial eran empresas de seguridad, algo que puede resultar más lógico funcionalmente dentro del esquema de puertas giratorias.

Cita casos como el de Carlos Santos Anechina, procesado por torturas y amnistiado, que fue jefe superior de Policía en Bilbo hasta 1980 y pasó luego a la empresa de seguridad privada Asypro Asesoría y Proyectos S.A. A Genuino Nicolás lo señalan decenas de testimonios como torturador en la comisaría Via Laietana (Barcelona) pero se le acabaría encomendando la enorme tarea de la seguridad del Mundial de Fútbol de España 82. Antonio González Pacheco ‘Billy el Niño’ también acumuló denuncias y querellas, pese a lo cual (o precisamente por eso) fue contratado por Renault tras dejar la Policía. Julio Corrochano, que aparece ya en los ‘grupos antiterroristas’ de Gipuzkoa en 1974, se incorporó al BBVA tras su carrera policial. 

GEBehatokia subraya que tras cruzar esta ‘pasarela’ «su responsabilidad en vulneraciones de derechos humanos anteriores quedaba limpia de mácula por su participación en grandes corporaciones estatales». Y de paso, les acarreaba «remuneraciones que pueden llegar al quíntuple de lo que percibían como funcionarios».

Todo ello sin olvidar que muchos de los citados en el informe fueron condecorados por su trayectoria policial con medallas de todo tipo, habitualmente pensionadas, incluso en los casos en que habían sido imputados o incluso condenados. Esta situación afloró al debate público con ‘Billy el Niño’, pero es omnipresente en estas últimas décadas. La correa de transmisión posterior vía grandes corporaciones no había sido estudiada hasta la fecha.