El cuento del PP feminista y el ministro-juez sensible
La dimisión de un máximo jefe policial por una violación sirve en la refriega política española lo mismo que una dana, un accidente de tren o una corruptela: mera munición. Pero visto desde Euskal Herria no hay margen para hipocresías, ni de unos ni de otros.
Para leer este artículo
regístrate gratis o suscríbete
¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión
Se te han agotado los clicks
La corrosiva refriega política española contamina también a Euskal Herria. El último episodio que ha enzarzado a PP y Vox con el Gobierno Sánchez es la acusación de violación de una policía contra el jefe operativo de la Policía española, que ha derivado en su dimisión y que puede llevarse por delante al ministro de Interior, Grande-Marlaska. En el Pleno del Congreso del miércoles se han tirado los trastos a la cabeza por ello, pero solo porque viene en la agenda, en caso contrario hubiera sido por Adamuz, por Grazalema o por Belate. Desde el prisma vasco, no es igual, no debería ser igual. Pongamos algo de memoria frente a la hipocresía.
El PP, y hasta Vox, vuelven a disfrazarse de feministas clamando al cielo por el caso. El chiste se cuenta solo. Este artículo no da para enumerar las leyes por la igualdad o contra la violencia machista que han rechazado o impugnado en el Constitucional, pero por acudir a lo más simbólico y a su querido marco español, bien reciente está la denuncia desatendida de acoso sexual de una concejala de Móstoles o el cierre de filas de Ayuso con Julio Iglesias. Y hablando de violaciones y policías, a los ‘fachafeministas’ de estas tierras no se les ha encendido la bombilla igual en el caso de las fundadas sospechas de connivencia policial en la ocultación de la autoría de doble violación bajo sumisión química en 2016, señalada por Europa hace unos meses.
Obviamente, las derechas intentan explotar el filón que hallaron con las machiruladas de Koldo García y Ábalos. Tampoco está de más recordar aquí que a Koldo le asistió un abogado ligado a UPN cuando empezaron sus tropelías en Nafarroa, con la condena por pegar a un menor, o que el PP lo indultó por ello. Desde ese caso PP, Vox y UPN han olido sangre: la desmovilización de voto feminista puede ser determinante para la izquierda y cuentan con la ventaja de que no se prevé en su seno un #MeToo, ni en su entorno un #denunciasespaña. ¿Esta doble balanza puede ser injusta electoralmente? Sí, sin duda, pero a la larga siempre es mejor tener principios y ética.
Por su parte, el ministro Grande-Marlaska ha ofrecido dejar el cargo si se lo pide la víctima de esta violación. Jugada de alto riesgo, valiente, se ha entendido en el Estado español. Pero en Euskal Herria también esto tiene otra lectura: ocurre que a Grande-Marlaska ya le pidieron su dimisión víctimas de malos tratos en los que fue directamente responsable como juez instructor de la Audiencia Nacional. Fue en 2018 en Bilbo, en una comparecencia pública en que estas personas (muchas mujeres) le recordaron que nada menos que 223 personas pasaron por su despacho denunciando torturas y no les hizo ni caso.
Marlaska fue ascendido a ministro pese a que ya estaba en el epicentro de varias condenas de Estrasburgo al Estado español por no investigar torturas. Seguramente recuerden que el periodista de GARA Alberto Pradilla se lo espetó cara a cara en ETB citando el caso concreto de Bea Etxebarria, violada en comisaría. Hace apenas unos meses, en La 2, la periodista Silvia Intxaurrondo le recordó al ministro del Interior aquel episodio televisivo viral y la respuesta de Grande-Marlaska volvió a estar muy lejos de atender a las víctimas y asumir su responsabilidad. Prefirió tomárselo a broma: «Pensé ‘¿quién me habrá mandado venir aquí? Pero ¿tú eres tonto?’».
Ahora Grande-Marlaska quizás caiga por el caso del comisario. No creo que sirviera ni siquiera como justicia poética para las mujeres torturadas con su vista gorda. Y quizás el PP y Vox vean algo más allanado con ello el asalto a La Moncloa: peor aún. En cualquier caso, a Euskal Herria le conviene acordarse siempre de lo que ha vivido más que fijarse en lo que están contando.