1, 2, 3... KO
La filosofía no da soluciones, propone huecos, abismos donde mirarse de frente. Aporta espacios donde sacudirse las certezas, te facilita el combate contigo y la realidad y crea un cuadrilátero donde partirte la cara con lo que crees saber. Por eso mismo incomoda, porque a nadie le gusta sangrar y que le hagan daño, porque pensar es un juego en el que uno sale malparado, pero del que aprendes siempre. Por tanto, las clases de filosofía y la vida por extensión serían una preparación para eso que se nos muestra, proporcionándonos herramientas y espacios para hacer frente a esa realidad siempre esquiva y volátil y nos debería preparar para la sangre... siempre la sangre.
Y siguiendo con una analogía pugilística sobre sangre y espacios cuadrados, imaginemos que montamos un gimnasio de boxeo y necesitamos entrenar a un joven aspirante. Pero en vez de enseñarle a esquivar los golpes, le sentamos en el sofá de su casa a ver videos de boxeo o le damos libros sobre la evolución del boxeo moderno. A poco que sepamos de ese deporte y de la vida, podemos intuir dónde acabará ese joven aprendiz de boxeador. Seguramente su cerebro besará la lona una y mil veces en las mil y una veces que se enfrente con cualquiera.
¿Y por qué? Porque no ha boxeado en la vida, no ha tocado un guante, no ha sudado de pasión y no ha saboreado previamente un enfrentamiento directo.
Pues básicamente eso es lo que estamos haciendo, con nuestros alumnos de Filosofía en particular y de la vida en general, les damos referencias sobre cómo han pensado otros, les vomitamos masticadas las ideas y los conceptos que una vez brotaron de aquellas ilustres cabezas, les hacemos leer palabras que ni siquiera entienden, pero no les preparamos para el combate, no les damos espacios donde puedan intercambiar y crear sus propias ideas y las aulas se convierten en lonas llenas de sangre inútil donde pierden constantemente puntos en la contienda con la realidad.
Así que, si no queremos tener escuelas que parecen más bien cementerios de cerebros, es responsabilidad de los docentes revertir ese concepto caduco de educación acumulativa hacia uno más asimilativo, que nos enfrente a través del diálogo colaborativo y la crítica autónoma a manejar, en definitiva, las cuestiones reales de nuestra existencia, y que nuestros alumnos no pierdan por un sonoro KO.