Pablo Navarro Lekanda

1 Mayo 2.0

El 1M del pasado año me encontraba en Pekín en un viaje organizado por la escuela taoísta de Gasteiz a la que acudo con regularidad para recibir clases de Tai Chi. Ese día teníamos previsto la visita a la Plaza de Tiananmén coincidiendo con la celebración de esta fecha histórica en este emblemático lugar altamente sensible para todos los chinos y chinas y de obligado peregrinaje. Un lugar que suscita sentimientos contradictorios, pues al orgullo nacional que se le otorga por lo que representa, tanto en la historia reciente como en su pasado imperial, se le añaden también silencios, incómodos para algunos después de los acontecimientos de 1989, pero respetuosos y respetados en su mayoría. En todo caso, un lugar para la reflexión.

Finalmente, la visita no se pudo realizar dadas las enormes colas de gente que se agolpaban en los múltiples accesos que se habían acondicionado para el evento. Mujeres y hombres de todas las edades, ancianos y niños, familias enteras aguantaban estoicamente horas para acudir a tan importante cita histórica.

Nunca he ocultado mi fascinación por este inmenso país, su historia, su diversidad cultural, su increíble desarrollo económico-tecnológico-científico, sus grandes infraestructuras... Entiendo la enorme complejidad de las relaciones entre el centro y la periferia, que me gustaría fueran de otra manera. Creo que en el subconsciente colectivo de la ciudadanía china −incluidos sus dirigentes– perduran las enseñanzas de sus grandes filósofos como Confucio, Lao-Tse o Buda. Y veo a Xi Jinping como la antítesis del modelo de gobernanza del impresentable Trump: la sabiduría, serenidad y sensatez de aquel frente a la ignorancia, histrionismo y estupidez de éste.

Emulando a Lenin (visité su mausoleo en un viaje a Moscú antes de la extinción de la URSS), quien dijo que el comunismo es socialismo más electricidad –paradigma del progreso en aquella época–, para los dirigentes chinos el comunismo es socialismo más Inteligencia Artificial. Este cambio de paradigma es determinante, pasado un cuarto del siglo XXI, para entender la importancia que este salto cualitativo tiene para el pensamiento de izquierdas de las nuevas generaciones sobre todo en esta parte de occidente.

Da la impresión que en occidente y, concretamente, en Europa, hay sectores de izquierda anquilosada, estancada en la Europa de principios del siglo XX y que sigue reivindicando como bandera el ya obsoleto Manifiesto Comunista (MC), cuando sus energías deberían estar en todo caso orientadas en la elaboración del MC 2.0, conscientes de las mutaciones que se están produciendo en los medios de producción y sus repercusiones en las clases trabajadoras y populares. Las burguesías nacionales y el proletariado de las primeras revoluciones industriales prácticamente han desaparecido de nuestro entorno más próximo, y no toda la clase trabajadora es un sujeto revolucionario por definición. Vemos con profunda decepción como muchos trabajadores, trabajadoras y clases desposeídas se abrazan a las nuevas corrientes filofascistas. Alguna responsabilidad tendremos en ese fracaso.

Creo que este 1M debiera de ser ante todo un día para la reflexión, habida cuenta de que, dadas las fechas y la experiencia, para muchas va a ser un día de excursión. Aquí, en mi entorno, Gasteiz, quedará sin duda eclipsado por la importante movilización que se dio en el 50 aniversario del 3 de marzo, que viene a ser lo mismo... pero no es igual. Desde aquí y en este 1M, mi especial solidaridad con los y las trabajadoras de Tubacex y Tubos Reunidos. También deseo que la operación de rescate de Vidrala llegue a buen término. Un fraternal abrazo a la alcaldesa de mi pueblo, Laudio, Ainize Gastaca, habida cuenta de la complicada situación que tenemos por delante.

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