Profesor doctor en Ciencias de la Educación, Historia y Filología Inglesa
Anarco capitalismo

Murray Rothbard, de origen judio, acuñó «anarcocapitalista» en 1949. Decía: Las funciones del Estado se dividen en dos, las que hay que eliminar y las que hay que privatizar. Solo había dos posibilidades lógicas: el socialismo o el anarquismo

02/01/2020

Lo anteriormente escrito tiene una justificacion económica, necesita otra justificacion ética y moral. Y nos viene a la mente la obra de Andrés Fernández de Andrada: ‘‘Epístola moral a Fabio’’, 1610, ascetismo y filosofia moral, con influencias notorias de Horacio (‘‘Beatus ille’’) y del filosofo estoico Séneca, para formar un tratado coherente, moral y sistemático cual ningún otro. En palabras de Dámaso Alonso: «En esos versos todo está en su sitio justo y con las palabras precisas». Parangonando a la Iliada (Homero, siglo VIII a.C.), comenzamos invocando a la Musa, para que nos ayude a narrar la cólera del hijo de Peleo (en este caso, el Estado) y las desgracias que supuso para los aqueos (en este caso, el Mercado).

Murray Rothbard, de origen judio, acuñó «anarcocapitalista» en 1949. Decía: Las funciones del Estado se dividen en dos, las que hay que eliminar y las que hay que privatizar. Solo había dos posibilidades lógicas: el socialismo o el anarquismo. Dado que era imposible para mí ser socialista me vi empujado, por lógica, a ser anarquista de propiedad privada, un «anarcocapitalista».

Lo que define al Estado es la autoridad, derecho a gobernar. La obligación primaria del hombre es la autonomía, la negativa a ser gobernado. Aparece, pues, una confrontación entre ambas y en la medida que una persona cumpla con su obligación de hacerse dueño de sus decisiones, se resistirá a la pretensión del Estado de tener autoridad sobre él, y a obedecer las leyes de ese Estado, simplemente porque son leyes. En ese sentido, el anarquismo es la única doctrina política coherente con la virtud de la autonomía (Robert Paul Wolff: ‘‘In Defense of Anarchism’’, 1970.

Una segunda razón de indole moral, el Mercado es contrario a todas las guerras, genocidios, esclavitud y represión perpetrados por los estados a través de la historia, ¿no podría vivir y convivir mejor la humanidad sin esta bárbara institución? (E. Burke, S/XVIII).

Estos «males» no son accidentales son el resultado de su Constitución. La «subordinación», la «reciprocidad de la tiranía» y la «esclavitud», y el «capricho» de un «hombre dominante» es suficiente para llevar a todos los demás a los peores y más negros propósitos. Esto fue escrito en 1756, mucho antes de las armas de destrucción en masa escupieran sangre y metralla y, mucho antes de que 170 millones de personas civiles fueran asesinados por sus propios gobiernos en el siglo XX.

M. Rothbard, ‘‘The Ethics of Liberty’’, 1982, «Si nos fijamos en el historial negro de asesinatos en masa, explotación y tiranía en la sociedad perpetrados por los gobiernos a través del tiempo, no debemos ser reacios a abandonar el Estado y probar la libertad». Como libertario, estuvo contra la Guerra de Vietnam.

Los llamados estados «capitalistas» (en realidad economías mixtas), el Gobierno se involucra en todo tipo de intervención: la tributación, la regulación, el proteccionismo, las prohibiciones, licencias profesionales, los monopolios en los «puestos de mando» de la sociedad, etc.

Pero es la función de Defensa es la más celosamente reservada por el Estado. Es vital para la existencia del Estado, de su monopolio de la fuerza depende su capacidad para exigir impuestos a los ciudadanos. ¿Qué pasaría si a los ciudadanos se les permitiesen tribunales y ejércitos privados? Murray N. Rothbard ‘‘The Myth of Efficient Government Service’’.

En caso de guerra, la primera tarea del Estado y sus intelectuales («plumillas subvencionadas») es convencer a sus gentes que el ataque fue realmente sobre ellos, y no solo a la casta gobernante. (Murray N. Rothbard, ‘‘The Anatomy of the State’’). El Estado compra los servicios de «intelectuales de la corte» para convencer a la gente de que un liderazgo sabio es necesario, para su propio bien, inevitable, mejor que cualquier otra alternativa.

Nosotros somos el Gobierno: «Apoya a nuestras tropas» por «apoya a los matones a sueldo del gobierno». Otra de sus falacias es que el Gobierno actúa por el bien común. Hay problemas con este punto de vista utilitario vulgar. ¿Qué es el bien común? (Nadie está de acuerdo). Si de alguna manera sabemos qué es el bien común, ¿cómo ponerlo en práctica? (Nadie lo sabe). Incluso si llevamos a cabo un plan, ¿cómo sabemos que tendría los resultados deseados? (No lo sabremos, y una planificación social impuesta coercitivamente a menudo tiene importantes consecuencias perversas). También hay objeciones institucionales para el mito. Por qué el Estado actuaría en favor del bien común y no en favor de los intereses de los gobernantes. Los gobernantes toman las decisiones, y tienen incentivos como todos los hombres.

Esta es otra falacia, la creencia errónea de que solo el Estado puede resolver los problemas de la sociedad. De hecho, cada servicio válido que los gobiernos realizan, se puede hacer más moralmente y mejor, de manera voluntaria. Prácticamente todos los servicios del Gobierno actual se han hecho, en algún momento de la historia, de manera voluntaria. Las calles privadas, tribunales privados, la Policía y los sistemas jurídicos, seguros privados baratos de salud, la entrega del correo, la certificación de control de calidad, la preservación de la vida silvestre, y así han sido todos realizados de forma privada.

La sociedad es la suma de todas las interacciones humanas voluntarias, el Estado es la institución de monopolio de la fuerza y el saqueo legal. Son enemigos mortales. Si el Gobierno obtiene más poder, la sociedad tendrá menos poder.

¿Cuáles son los mitos del socialismo? La noción medieval del precio justo impregna el pensamiento socialista. Sostiene que cada bien tiene un precio intrínseco (precio dado por ¿Dios?) independientemente de lo que quieran, necesiten o deseen las personas, o de la oferta y la demanda.

El valor de un bien se considera bueno si es igual al coste de producción, en términos de tiempo de trabajo empleado. Costo-precio fue refutado ya en el siglo XIX, sin embargo, muchos socialistas siguen sumidos en este creacionismo de la izquierda. La Escuela Austríaca considera que el valor es subjetivo. Depende de cada persona y de su situación particular y de sus valores. En el desierto, uno puede preferir un vaso de agua a un diamante.

Para los estatistas/socialistas la tierra, el capital y el espíritu empresarial son no-productivos, y no pueden imputar ningún valor a un bien (salvo en la medida en que representan la mano de obra del pasado).

El pensamiento moderno considera que el valor no está determinado por el coste, sino por las preferencias subjetivas de los compradores, de la interacción con la cantidad disponible del bien. No importa cuánto tiempo dedique a producir pasteles de barro, ya que no tendrán ningún valor; una botella de vino gana valor simplemente por el envejecimiento, y así sucesivamente.

La «teoría de la explotación» afirma que la clase capitalista explota a la clase proletaria. Otros socialistas basan su teoría de la explotación en la desigualdad de las posiciones negociadoras. Si bien este enfoque evade si el intercambio era voluntario.

La negación de la escasez (bienes, dinero) es un favorito de los socialistas utópicos, no es el efecto de un sistema de propiedad particular, sino un hecho de la realidad y naturaleza humana. Otra negación ingenua de la escasez es la pretensión de que una sociedad moderna puede prescindir del dinero.

Una economía necesita de la función informativa de dinero para equilibrar la oferta y la demanda. Sin la fusión de los deseos y preferencias de los productores y los consumidores en los precios, el resultado sería un caos. El dinero es simplemente y en última instancia, el producto más líquido en un mercado.

Noah Chomsky, ilustre lingüista y anarquista sin disfraz, sale de frente contra el término «anarco capitalista» y dice que los anarquistas y libertarios nunca fueron capitalistas, por lo que concluye y manifiesta su aversion a ese término y a la gente que lo usa. ¡Es un puritano! de la ¿Era Victoriana? Sr Comsky, el anarquismo no es el Cuerpo de Cristo que se guarda entre los corporales, tampoco es la Biblia, para eso ya existe el original, en los anarco capitalistas veamos qué nos une y dejemos de lado, al menos de momento nuestras diferencias. Por eso mi pregunta es: «Con los intestinos de Bakunin deberiamos ahorcar a Chomsky?»

Estas cosas, solamente existe en el mundo un diario que las puede publicar, es este en el que las estás leyendo.

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