Martxelo Álvarez

Boric y Norambuena

Boric, quien en varias ocasiones ha expresado su admiración por el presidente Salvador Allende, deberá recordar como aquel acogió y dio asilo bajo su Gobierno a seis de los luchadores argentinos miembros del ERP, FAR y «Montoneros» combatientes contra la dictadura del general Lanusse.

Dicha así de corrido y con una cierta rapidez la frase que pone titulo a este escrito tal parecería que estemos felicitando a Gabriel Boric por su victoria en los comicios celebrados en Chile el pasado domingo lo que le convertirá dentro de unas semanas en el Presidente de dicho país, el más joven de toda su historia. Y ciertamente lo felicitamos por ese 55,8% de los votos frente al 44,14% del ultraderechista José Antonio Kast al que sacó más de diez puntos, lo que quiere decir que Boric ha concitado la ilusión de un porcentaje mayoritario de la sociedad chilena que le ha dado su apoyo para que encabece un Gobierno que lleve a cabo esas profundas reformas que den cauce a los anhelos y necesidad de reales y profundos cambios sociales, económicos y políticos expresados de múltiples formas desde la caída de la dictadura militar y nunca satisfechos hasta la actualidad por una democracia más aparente que real al estar siempre constreñida por los muros ideológicos, jurídicos y represivos de una Constitución heredera de las esencias de la propia dictadura y en gran medida, treinta años después de su final formal, aún continuista con aquella. De forma muy similar a lo ocurrido en el Estado español el final de la dictadura chilena no dio paso a una democracia real y profunda sino a un régimen de libertades controladas pactado entre diferentes partidos políticos y «amenazado» cada cierto tiempo por calculadas referencias a una posible «vuelta atrás»: en el Estado español a «eso» le llamaron «Transición», en Chile «Concertación».
Frente a esa jugada trilera diseñada para seguir hurtando al pueblo chileno la democracia real y los derechos y avances sociales conseguidos durante el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, la respuesta y la protesta han estado presentes desde el primer momento impulsadas tanto por quienes venían de la lucha contra la dictadura y siendo conscientes del fraude que la «Concertación» suponía no se desmovilizaron como fue el caso del «Frente Patriótico Manuel Rodriguez», pasando por los sectores estudiantiles que han venido desarrollando amplias y sucesivas oleadas de protestas hasta llegar al estallido social de 2019 que comenzando con una masiva protesta estudiantil se convirtió en un contundente extenso repudio al régimen y al Gobierno chileno de Sebastián Piñera exigiendo democracia real y una nueva Constitución que se sacuda la costra continuista con la dictadura pinochetista.
A esto es a lo que Boric tendrá que responder: a la petición de un Proceso Constituyente sin limitaciones e impulsado en la participación popular, a las demandas crecientes de sus derechos y sus territorios por parte del pueblo mapuche, a la liberalización extrema de la economía que multiplica la pobreza y la exclusión, a la nacionalización de los recursos naturales sujetos a la depredación a manos de oligopolios extranjeros, al fin de la impunidad para los crímenes de la dictadura y de quienes los cometieron pero también al fin de la impunidad para quienes en «democracia» han seguido hasta hoy reprimiendo con saña y brutalidad al pueblo chileno como es el caso del Cuerpo de Carabineros para quien amplios sectores exigen su disolución... sin olvidar también la petición de libertad para las decenas de presos políticos mayormente vinculados al estallido social de 2019 pero también la petición de libertad para un preso político concreto, alguien que ejemplifica como ninguno tanto la lucha contra la Dictadura impuesta tras el golpe de 1973 como la lucha contra la «Concertación» que vino a sucederla y prolongarla aunque fuese de forma «democrática» en muchos aspectos: Mauricio Hernández Norambuena, el «Comandante Ramiro».
Este hombre comenzó su militancia política en el Partido Comunista a finales de los años 70, en plena dictadura, participando en las protestas callejeras conocidas como «Jornadas de Protesta Nacional». En 1983 ingresaría en el «Frente Patriótico Manuel Rodriguez», organización político-militar vinculada a ese partido que buscaba a través del accionar armado desestabilizar y acelerar el fin del régimen dictatorial, y dentro del FPMR sería participante directo en las acciones más arriesgadas del Frente, entre ellas el atentado que el 7 de Septiembre de 1986, en el llamado «Cajón del Maipo», estuvo a punto de costarle la vida al propio general Pinochet.

Hasta la caída de la dictadura y tras ella seguiría su militancia en el FPMR hasta que en 1993 es detenido acusado de participar en acciones de resistencia armada durante las décadas de 1970, 1980 y 1990, siendo procesado por su participación en 1986 en el atentado contra Pinochet y en 1990 contra el ex comandante en jefe de la Fuerza Aérea, el también golpista y ex-miembro de la Junta Militar Gustavo Leigh. Asimismo también fue procesado por ser uno de los autores de la muerte de Jaime Guzmán, senador chileno de la UDI (Unión Democrática Independiente) reconvertido en «demócrata» tras la caída de la dictadura tras haber sido miembro durante la etapa de la Unidad Popular del grupo fascista «Patria y Libertad» y según dirigentes de ese grupo paramilitar uno de los responsables intelectuales de las violaciones de los derechos humanos ocurridas durante la dictadura militar. Guzmán también sería relacionado con la tristemente célebre «Colonia Dignidad» propiedad del exnazi alemán Paul Schäfer ahora reconvertida en «Villa Baviera» utilizada como lugar de detención y tortura bajo la dictadura y donde según la ex-Ministra de Justicia del régimen militar Mónica Madariaga era un visitante habitual y daba clases a sus condiscípulos. Su extenso curriculum lo corona siendo un estrecho colaborador del dictador Pinochet y el principal ideólogo de la Constitución de 1980, elemento clave en lo que seria posteriormente «la Concertación» y a través de ella en la continuidad de muchos de los presupuestos ideológicos de la dictadura en múltiples ámbitos hasta hoy aunque eso si, convenientemente maquillados.

Por todo ello Norambuena sería condenado a doble cadena perpetua y tres años más tarde protagonizó, junto con otros tres miembros del FPMR, una espectacular fuga al ser rescatados de la cárcel en la llamada «Operación Vuelo de Justicia» tras lo que se refugia en la clandestinidad en Brasil hasta ser detenido y en agosto de 2019 extraditado a Chile para cumplir veintiséis años de cárcel como consecuencia de décadas de militancia enfrentando a un régimen golpista y dictatorial y a sus intentos de perpetuarse a través de la impunidad y un permitido maquillaje, algo contra lo que la mayoría del pueblo chileno ha votado el domingo pasado.

Boric, quien en varias ocasiones ha expresado su admiración por el presidente Salvador Allende, deberá recordar como aquel acogió y dio asilo bajo su Gobierno a seis de los luchadores argentinos miembros del ERP, FAR y «Montoneros» combatientes contra la dictadura del general Lanusse que en agosto de 1972 habían conseguido llegar a Chile tras fugarse junto a otros diecinueve del Penal de Rawson. Con esa actuación, acogiendo y amparando a aquellos combatientes argentinos, Allende demostró más allá del discurso lo que era en realidad...

Será Boric capaz de mirarse en el ejemplo del asesinado Allende y actuar de la misma forma, liberando y amparando a Mauricio Hernández Norambuena, al «Comandante Ramiro», un luchador contra la dictadura de su propio país y contra las maniobras de la «Concertación» para perpetuarla?

Lo que haga dirá mucho de él.

Buscar