Cleptocracia y lectocracia
La cleptocracia es el gobierno de los ladrones: lapurren gobernua.
La lectocracia el gobierno de los lectores: irakurleen gobernua.
Los primeros a sus guaridas o sedes las llaman «paraísos fiscales», los segundos se reúnen en sus clubs de lectura que ahora están muy de moda, aunque no tanto como la moda de los gimnasios, las tiendas de tatuajes y las de manicura y pedicura.
Hoy, 1 de septiembre de 2025, Javier Melero escribe un artículo en "La Vanguardia", título: "Leer te hace peor".
Te copio los dos primeros párrafos:
«María Pombo mostró sus estanterías vacías como quien enseña un armario sin ropa, un gesto casi ascético en tiempos de obscena saturación. Y dijo, con la serenidad de quien sabe que las pretensiones intelectuales no le van a dar un euro: «Leer no te hace mejor». La frase se esparció por las redes como una herejía, pero en realidad tenía algo de obviedad y de revelación. Porque es posible que Pombo tenga razón. Aún más, es posible que leer, lejos de mejorar a nadie, solo lo empeore.
No hablo de casos patológicos como los de Hitler y Stalin, que siempre se sacan del cajón cuando conviene. Aunque hay que reconocer que sus bibliotecas se han analizado con morbosa curiosidad. Stalin era un lector de calidad que frecuentaba la historia y la gran literatura. Hitler, como explica Timothy Ryback en La biblioteca del gran dictador, era capaz de leer varios libros al día, aunque lo que predominaba en sus estantes eran los panfletos racistas, las novelas del Oeste y varias ediciones de lujo de Mein Kampf».
Aquel cura baracaldés, cuyo nombre ahora no recuerdo, ya nos decía en la década de los 70 del siglo pasado:
«La lectura también puede ser el opio del pueblo».
Joaquín Rodríguez, en su libro: «Lectocracia, una utopía cívica» en una de sus conclusiones, avisa con prudencia, página 334:
«La historia de la humanidad es rica en ejemplos que han convertido la lectura en una gigantesca maquinaria de reproducción del orden social»
Joaquín Rodríguez plantea cientos de interrogantes. Aquí recojo algunos, página 72:
«¿Es posible que hayamos perdido aquella fe inquebrantable en las potencialidades transformadoras y liberadoras de la lectura? (...) ¿Ha dejado de ser la lectura aquello que Hugo de San Víctor creía, una técnica ontológicamente reparadora que quita la oscuridad de los ojos del hombre caído y le devuelve la capacidad de percibir la luz que brilla de todas las cosas?».
En la página 205 recoge así el pensamiento de Peter Sloterdijk:
«Peter Sloterdijk cree que sí, que solamente estamos aplazando complaciente e inconsecuentemente el momento en el que reconozcamos que debemos dotarnos de nuevas antropotecnias que nos permitan operar sobre nuestro propio destino con deliberación y que arrumben las viejas tecnologías de la lectura al arcón de los trastos inservibles»
En la página 206 Joaquín Rodríguez recela con razón de Sloterdijk y le acusa de candidez, algo de lo que, a mi entender, él mismo está muy bien dotado. Nos suele pasar a todos: «Vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio». Pero leamos un poco más:
«En algunos momentos, incluso Sloterdijk parece tocado de un ingenuo idealismo que le resulta necesario para hacer prosperar sus ideas: no habría nada de perverso en las modificaciones autotecnológicas, sostiene, «siempre y cuando tales intervenciones y asistencia ocurran en un nivel lo suficientemente alto de conocimiento de la naturaleza biológica y social del hombre, y se hagan efectivos como coproducciones auténticas, inteligentes y nuevas en el trabajo evolutivo», una serie de suposiciones basadas en la bondad, la cooperación y el entendimiento sin las que la derrota autoplástica podría llegar a convertirnos en Frankensteins, en seres desolados en busca de un creador que no nos quiere y de otras tecnologías que nos rescaten y nos liberen».
Casualmente, de txiripa o de serendipia, ha llegado a mis manos el último libro de Ray Kurzweil: «La singularidad está más cerca».
Os traigo solo un par de citas, página 164:
«Las personas transgénero tienen más posibilidades que en el pasado para conseguir que su cuerpo físico encaje con la identidad de género que sienten en su interior. Imagina hasta qué punto podremos moldearnos a nosotros mismos cuando seamos capaces de programar directamente el cerebro»
«Cuando el cerebro humano pueda guardarse en un sustrato digital más avanzado, el poder para modificarnos a nosotros mismos podrá materializarse del todo. El comportamiento podrá estar alineado con los valores, y la vida no se verá deteriorada o recortada por la biología. Por fin, los seres humanos podrán ser realmente responsables de la persona que son» (el subrayado es mío)
Salto hasta la página, 362, un par de párrafos.
«La muerte nos arrebata todas las cosas que, en mi opinión, dan sentido a la existencia: habilidades, experiencias, recuerdos y relaciones. Nos impide disfrutar de los momentos importantes que nos definen: producir y apreciar obras creativas, expresar un sentimiento de afecto o compartir el sentido del humor»
El segundo párrafo:
«Todas estas habilidades van a mejorar muchísimo cuando podamos ampliar el neocórtex con la nube. Imagínate explicar la música, la literatura, un vídeo de YouTube o una broma a un primate, que carece del gran lóbulo frontal de los homínidos que posibilitó la expansión del neocórtex hace dos millones de años. Esta analogía nos ayuda a vislumbrar que, cuando ampliemos digitalmente el neocórtex en algún momento de la década de 2030, lograremos crear nuevas formas de expresión que hoy no podemos imaginar ni comprender».
Los dueños de las nuevas y asombrosas técnicas de la IA, no quieren −faltaría más−, que un organismo o institución democrática supranacional sin nadie, con privilegio de veto (-hoy inexistente-), regule y controle sus actividades. Con las nuevas y asombrosas técnicas de la IA, todos los datos en muy pocos segundos podrían ponerse, claros y diáfanos, encima de la mesa común, pero ¡ay! También esconderlos en sus guaridas celestiales.
Sabemos que quieren decidir ellos solitos, que no nos harán preguntas concretas para nada. No nos dejarán decidir nada, salvo, meter un papelito en un bote.
Un poco lejos queda el sueño de Lenin:
2. Ocurrencias del poder
Lenin navega en territorios inexplorados
En "El estado y la revolución" (1917), una especie de trabajo teórico preparatorio para la Revolución de Octubre, Lenin resumió su visión del estado de los trabajadores, donde toda kujarka (no una cocinera, y menos un gran chef, sino la humilde pinche de cocina de una familia adinerada) tendrá que aprender a dirigir el Estado, en el que todos, incluso los administradores de más alto nivel, cobran el mismo salario que los trabajadores, donde a todos los administradores, que serán directamente elegidos por su circunscripción local, se les podrá convocar en cualquier momento, y donde no habrá ejército permanente.
Página 79. "Como un ladrón en pleno día", Slavoj Zizek. Editorial Anagrama.
Así pues, mientras tanto, la plebe, el vulgo, los y las precarias, los «votantes-botarates», (incluidos los y las resabidas) de la llamada: «democracia del tonto del bote», seguiremos ensofados en el sofá viendo la tele.
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